Archive for febrero 27th, 2009

febrero 27, 2009

Se renueva la judeofobia

por jabotito

El antisemitismo se niega a desaparecer

Por James Neilson

tesis

Londres, París, Madrid y en muchas otras ciudades europeas, son cada vez más los judíos que procuran no llamar la atención por miedo a ser víctimas de los ataques brutales de musulmanes militantes o pandillas de ultraizquierdistas que, por oportunismo y porque les encanta la violencia, se han aliado con movimientos tan extraordinariamente reaccionarios, y tan ferozmente xenófobos, como Hezbolá y Hamas. Pero el resurgimiento del antisemitismo genocida no se limita a Europa. También está cobrando fuerza en América. En las semanas últimas, desde Canadá hasta la Argentina se han celebrado manifestaciones ruidosas en que las protestas contra la invasión israelí de Gaza se vieron acompañadas por expresiones de odio hacia todos los judíos. En algunas, la turba coreó consignas espeluznantes: “Judíos a los hornos”, “Pronto habrá un holocausto auténtico”, “¡Hitler! ¡Hitler!”.

No extraño, pues, que se haya difundido en las comunidades judías de la diáspora la sensación de que, una vez más, está en marcha un proceso como el que culminó con la matanza sádica por parte de los nazis, con la colaboración entusiasta de muchas personas “normales”, de por lo menos seis millones de hombres, mujeres y niños por el mero hecho de ser judíos. En 1945, se popularizó el lema “Nunca más”; más de setenta años más tarde, se sabe que la historia puede repetirse. Como dijo hace poco el decano de los jueces de la Suprema Corte, Carlos Fayt, el antisemitismo “es un cáncer en el cerebro de la humanidad” al que “hay que arrancar definitivamente”. Tiene razón; puesto que ya ha entrado en la fase de metástasis es urgente operarlo.

Puede que en comparación con lo que está ocurriendo en países como el Reino Unido y Francia, el brote de antisemitismo que está produciéndose en la Argentina no sea tan grave, pero en vista de la incapacidad patente de las autoridades para garantizar un mínimo de seguridad es así y todo alarmante. Por cierto, no contribuyó a tranquilizar a nadie que la funcionaria formalmente a cargo de luchar contra la discriminación, María José Lubertino, se haya dado el gusto de insinuar que la furia antisemita se justificaba debido al accionar de Israel en Gaza, sin ni siquiera intentar cubrirse recordándonos que oponerse al sionismo no es forzosamente lo mismo que detestar a todos los judíos.
Tampoco ha ayudado la escasa reacción de buena parte del elenco estable político. Con la excepción notable del gobernador bonaerense Daniel Scioli, que sí se animó a subrayar su solidaridad con el pueblo judío, los dirigentes políticos nacionales han preferido mirar hacia otro lado, acaso por mantenerse alejados de un embrollo tan feo. En cuanto al gobierno kirchnerista, su actitud ha sido llamativamente ambigua. Mientras que el ministro de Justicia Aníbal Fernández minimizó el peligro y prometió una investigación, sigue fomentando el odio el piquetero oficialista Luis D’Elia, partidario notorio del régimen teocrático iraní que quiere borrar a Israel de la faz de la Tierra, y de Hugo Chávez. Demás está decir que el caudillo venezolano ha tenido mucho que ver con la recrudescencia reciente de antisemitismo en la región. Chávez mandó a sus seguidores un mensaje nada equívoco cuando, luego de romper relaciones diplomáticas con Israel, se negó a levantar un dedo para impedir que durante cuatro horas sujetos armados profanaran la sinagoga más importante de Caracas, embadurnándola con eslóganes hostiles al Estado judío. ¿Incidirá la conducta de Chávez en su “amistad” con Néstor Kirchner y su esposa, la presidenta Cristina? Es poco probable.
Aunque la irrupción del ejército de Israel en la Franja de Gaza brindó a los antisemitas un pretexto irresistible para redoblar su ofensiva contra los judíos, y para incorporar a sus filas a algunos que hasta entonces se habían sentido cohibidos por entender que en el mundo moderno el antisemitismo está fuera de moda, sólo se trataba de un pretexto. Se cuentan por docenas los conflictos armados actuales o recientes en que han muerto tantos civiles como en Gaza o más, muchos más, siempre en condiciones atroces, como los de Chechenia, Sri Lanka, el Sudán, el Congo y otros lugares en África. Pero ninguno ha motivado una reacción tan indignada en los países occidentales como los enfrentamientos entre los israelíes y quienes no ocultan su voluntad de masacrarlos a todos de la manera más cruel concebible. No se puede atribuir este fenómeno a la simpatía que siente toda persona decente por el destino trágico de los árabes palestinos; si, como ya ha ocurrido con cierta frecuencia, otros árabes se ensañan con ellos nadie sueña con salir a la calle para protestar. Tampoco ha desatado manifestaciones multitudinarias el genocidio en la región sudanesa de Darfur donde milicias respaldadas por un régimen islamista han asesinado a más de 300.000 negros que también son musulmanes.

Para que una acción militar merezca la condena universal, es necesario que los responsables sean israelíes. En tal caso, a nadie le importará si hacen todo cuanto puedan por reducir al mínimo la cantidad de bajas civiles, lo que no es nada fácil contra enemigos habituados a usarlos como escudos humanos y que, para más señas, aprovecharán la oportunidad para asesinar a disidentes acusándolos de ser colaboracionistas, agregando las muertes resultantes al total adjudicado a los israelíes. A juicio de una proporción al parecer creciente de occidentales, Israel será automáticamente culpable de los peores horrores de toda guerra o acción militar en que se vea involucrado. Conscientes de esta realidad, los líderes de Hamas, gente que se afirma enamorada de la muerte, no hizo ningún esfuerzo por proteger a los palestinos comunes. De ahí la “desproporción” entre sus bajas y las de los israelíes que han construido refugios antiaéreos en las ciudades que son periódicamente bombardeadas por los cohetes enemigos.

D urante el conflicto en Gaza, los que dicen simpatizar con los palestinos se dedicaron a trazar paralelos canallescos entre Israel y el Tercer Reich nazi a sabiendas de que herirían a todos los judíos, incluyendo a los contrarios al sionismo. Hablaron de “genocidio”, como si los israelíes se hubieran propuesto matar a todos los palestinos, y compararon Gaza con el gueto de Varsovia, pasando por alto, entre otras cosas, que la franja colinda con un país árabe, Egipto, que de haberlo querido pudo haber puesto a todos sus habitantes fuera del alcance de los soldados judíos. La voluntad evidente de muchos occidentales que en su mayoría se imaginan progresistas de equiparar Israel con la Alemania de Hitler no nos dice nada sobre lo que está sucediendo en Medio Oriente, pero es sintomática de los cambios mentales, por calificarlos de algún modo, que están dándose en ciertos círculos europeos muy influyentes. Además de querer liberarse de lo que todavía queda del sentimiento de culpa por haber permitido el Holocausto, asegurándose de que en última instancia los judíos, ellos, son igualmente malos, las élites europeas están dispuestas a ir a virtualmente cualquier extremo para congraciarse con un mundo musulmán turbulento y amenazador. Es tan fuerte la voluntad de convencerse de que la agresividad para nada disimulada de tantos dirigentes islámicos hacia Europa y, claro está, Estados Unidos, se debe por completo al conflicto árabe-israelí, que si la eventual destrucción de Israel sirviera para solucionarlo se trataría de un precio que muchos europeos no vacilarían un solo momento en pagar sin preocuparse en absoluto por las consecuencias. En efecto, la idea de que la creación de Israel fue un error histórico y que por lo tanto convendría corregirlo para alcanzar por fin la paz añorada está abriéndose camino en las capitales del bien llamado “viejo continente”.

Conforme a los sondeos de opinión, el país más antisemita de Europa es España, lo que a primera vista es un tanto paradójico porque si los islamistas lograran eliminar a Israel la recuperación de Andalucía encabezaría su lista de prioridades. Pero como nos enseñó la reacción de los españoles frente al atentado yihadista en Atocha del 11 de marzo del 2004 en que murieron dos centenares de personas, predomina en su país la idea de que la mejor forma de defenderse contra la ira de los guerreros santos consiste en hacer cuanto parezca necesario para apaciguarlos. También los israelíes han tratado de reconciliarse con los árabes, resignándose a convivir con un eventual Estado palestino, pero sus esfuerzos en tal sentido no les han servido para mucho.
Que éste haya sido el caso puede entenderse. Para el mundo musulmán, incluyendo a países tan alejados de Israel como Malasia, Pakistán e Irán, la mera existencia de una nación judía –es decir, una que es obra de una minoría largamente despreciada por su debilidad–, que es próspera, democrática y, lo que es más humillante todavía para pueblos orgullosos de sus tradiciones guerreras, militarmente poderosa, constituye un baldón insoportable. Por lo tanto, es muy escasa la posibilidad de que un día se llegue a un acuerdo de paz que ponga fin al conflicto. También lo es la de que pronto pierda fuerza la ola de antisemitismo que tanta angustia está causando en las comunidades judías de todos los países occidentales.

febrero 27, 2009

El ídish defiende su nombre

por bajurtov

Por Jaime Marín*, publicado en IWO

La adopción del vocablo yidis como nombre de la lengua de los judíos asquenazíes en el Diccionario Panhispánico de Dudas (DPD), provoca el rechazo de sus hablantes, que reivindican su denominación histórica: ídish. La decisión, ahora en revisión, contradice el principio de que “la norma surge del uso comúnmente aceptado”. Más allá del equívoco, tomándolo desde un ángulo positivo el tema destaca el papel del DPD como “laboratorio” o “banco de pruebas” para compatibilizar norma y uso del español.

El Instituto Judío de Investigaciones (IWO), con sede en Buenos Aires, solicitó a la Academia Argentina de Letras (AAL) el reemplazo de la denominación yidis del DPD, referida a la lengua popular y literaria de los judíos de Europa central y oriental (asquenazíes)— y sustituirla por ídish, su nombre habitual en el mundo hispanohablante.

El DPD optó por la adaptación gráfica de la voz inglesa yiddish, tomada, a su vez del adjetivo alemán jüdisch (‘judío’). Lo correcto hubiera sido adoptar la voz original sin interferencias de terceras lenguas, es decir, reproducir la pronunciación de la palabra original, no inglesa ni alemana, sino propiamente ídish. O sea, cómo designan dicha lengua sus hablantes y la sociedad en general.

El equívoco quizá derive de haberse decidido en un ámbito con nula presencia del ídish en su historia, como es España, donde hasta su expulsión, en 1492, los judíos hablaban judeoespañol o ladino.

Inicialmente, la RAE sostuvo que la terminación “sh” no responde a las normas fonológicas del castellano. Sin embargo, no había revelado similar prurito en casos como el náhuatl (lengua de la comunidad náhua de México) o el afrikáans (de la República Sudafricana), voces que ingresaron directamente al DRAE tal como las pronuncian sus hablantes.

El DPD define norma como “el conjunto de preferencias lingüísticas vigentes en una comunidad de hablantes, adoptadas por consenso implícito entre sus miembros y convertidas en modelos de buen uso. (…) La norma surge del uso comúnmente aceptado y se impone a él, no por decisión o capricho de ninguna autoridad lingüística, sino porque asegura la existencia de un código compartido que preserva la eficacia de la lengua como instrumento de comunicación”. (Diccionario Panhispánico de Dudas, “Norma Académica”, Ed. Santillana 2005, p. XIII-XV). Por lo cual, la voz yidis se aleja de la doctrina enunciada por el propio DPD para el tratamiento de un vocablo o giro.

Asimismo, el IWO considera impropia la cita —de autor español— que respalda la definición del lema en el DPD: “El yidis es el idioma que hablaron los judíos”. Señala que la formulación en tiempo pasado presupone su extinción. Por cierto, el Holocausto, al segar la vida de dos tercios de la población judía europea dio un golpe demoledor a su idioma, pero éste sigue siendo materia cultural viva en todo el mundo. En 1978, el escritor polaco-norteamericano Isaac Bashevis Singer (1904-1991) recibió el Premio Nobel de Literatura por su vasta obra escrita totalmente en ídish, y sólo autorizó las traducciones realizadas a partir de esa lengua, nunca del inglés.

Hay que subrayar que la cuestión atañe en especial a la AAL, pues en la Argentina reside la comunidad ídish más numerosa del universo del español (unas 220.000 personas, en su mayoría asquenazíes), y es donde, obviamente, existe el mayor caudal de registros sobre el nombre y empleo de su lengua. Incontables referencias literarias (de Jorge Luis Borges, entre ellas), de la prensa gráfica, etc. a través de los años, testimonian el uso generalizado del nombre ídish (también idish o idisch). En el ciberespacio, los datos son elocuentes: al redactarse esta nota el buscador Google ofrecía más de 44.000 páginas en español de “ídish”, y 12.600 Yahoo!. Por eso, el centro de investigación judío es concluyente: “sin excepción, en ningún ámbito del español jamás se empleó la voz yidis, y muy difícilmente se haga en el futuro”. El reclamo fue cursado a la RAE, y en un plazo relativamente breve el Instituto de Lexicografía de la corporación señera del español respondió con dos comunicaciones que alientan la posibilidad de una feliz resolución de la cuestión. Será una nueva oportunidad para alinear las palabras con los hechos, o sea, la doctrina con la realidad del idioma.

(*) El periodista Jaime Marín es director de la revista Idiomas y Comunicación. En 2008 recibió un Diploma Honorífico de la Academia Argentina de Letras.

febrero 27, 2009

El dictador Hugo Chávez mandó lanzar una bomba contra un centro judío

por bajurtov

Viernes 27 de Febrero de 2009
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Foto del atentado de ayer.

Un explosivo de baja potencia fue lanzado contra un centro comunitario judío en el norte de la capital sin generar mayores daños materiales ni humanos, informó el jueves un represente del centro
Un centro comunitario judío, ubicado en la urbanización capitalina de La Florida, fue atacado la madrugada del jueves por desconocidos quienes lanzaron un explosivo conocido como “niple”, en la entrada del lugar, declaró el presidente del centro, Abraham Garzón.

El directivo dijo al canal privado Globovisión que cerca de la una de la madrugada (3.30 hora argentina) fue lanzado el explosivo contra el centro judío que generó daños menores en la entrada.

El Ministerio Público dijo en un comunicado que inició la investigación del hecho y que funcionarios policiales se trasladaron al sitio para recolectar evidencias de interés criminalístico.Garzón indicó que nadie se atribuyó el ataque.

Este incidente ocurre casi un mes después del ataque que sufrió la mayor sinagoga de la capital que fue profanada por un grupo de policías y civiles que destrozó objetos sagrados y pintó los muros del lugar con expresiones antisemitas.

Los cuerpos de seguridad detuvieron a comienzos de este mes a ocho policías y tres civiles señalados de participar en el ataque al centro religioso.

Entre los detenidos estaba un ex escolta del rabino de la sinagoga atacada, quien se desempeñaba como policía metropolitano.