Archive for abril 20th, 2009

abril 20, 2009

”KK” Kirchner y el desaire de Obama.

por bajurtov
abril 20, 2009

Las cámaras de gas y la ”solucion final al problema judío”

por bajurtov

Instauradas y creadas por las mentes más depravadas para el asesinato en masa, la cámara de gas constituyó el mayor logro de la tecnología criminal. Antes de que se construyesen las primeras cámaras de gas el asesinato masivo consistía en introducir a prisioneros en camiones cuyas cajas estaban perfectamente hermetizadas y asfixiarlos con los gases del mismo motor del camión.

Las directrices de Hitler para el exterminio total de los más de 11 millones de judíos que vivían en Europa expresadas y definidas en los Protocolos de Wansee para la “solución final al problema judío” pasaban por buscar la manera más rápida, eficiente y limpia que permitiese “procesar” a miles y miles de seres humanos diariamente.

Las primeras pruebas se iniciaron con discapacitados físicos y psíquicos de los psiquiátricos de la misma Alemania; en los centros de Brandenburg, Hadamar, Hartheim, Grafeneck, Bernburg o Sonnenstein se instalaron unas pequeñas cámaras de gas en las que mediante anhídrido carbónico fueron asesinados todos los deficientes mentales, los definidos por Hitler como “vidas indignas de ser vividas”.

El éxito de estos asesinatos se trasladaron a Heinrich Himmler; rápidamente el sistema se derivó a los campos de concentración en los que en cámaras primarias construidas toscamente en barracas de madera albergaban a unas pocas decenas de prisioneros que eran asesinados con anhídrido carbónico. Pero la S.S. necesitaba más rapidez en este proceso por lo que las cámaras de gas se construyeron con mayor espacio para albergar a varios centenares de prisioneros y con la apariencia de duchas comunitarias, de esta manera la S.S. evitaba que los prisioneros, sabedores de su próxima muerte, iniciasen revueltas o motines para salvar sus vidas.

Fue un S.S. llamado Kurt Gerstein quien potenció los efectos del Zyklon-B; este gas, compuesto por cianuro de hidrógeno cristalino, un estabilizador y un odorante de advertencia, se fabricaba impregnando pequeñas bolas absorbentes, discos de fibra, o tierra de diatomeas con el producto y se almacenaba en envases totalmente sellados y herméticos; al contacto con el aire, producía cianuro de hidrógeno gaseoso (HCN). El Zyklon-B lo suministraban las compañías alemanas Degesch (mbH de Schadlingsbekampfung del fur de Deutsche Gesellschaft) y Testa (und Stabenow de Tesch, fur Schadlingsbekampfung m.b.H. de Internationale Gesellschaft), bajo licencia del dueño de la patente, la empresa IG Farben. Hoy en día todavía se produce en la República Checa bajo la marca registrada “Uragan D2” para exterminar insectos y roedores.

El Zyklon-B, que hasta ese momento se utilizaba para desinfectar las ropas de los prisioneros destinados a trabajar y eliminar los brotes de tifus se probó por primera vez entre Enero y Febrero de 1.940 para matar a 250 niños gitanos en el campo de concentración de Buchenwald (Alemania) pero fue en Septiembre de 1.941 en Auschwitz (Polonia) en donde se realizaron las pruebas definitivas dando los resultados esperados pues la muerte era limpia, masiva y requería poco tiempo para vaciar la cámara e introducir a un nuevo grupo de víctimas. Inmediatamente el procedimiento se aplicó en el campo de Majdanek (Polonia) y en aquellos destinados al exterminio.

El Zyklon-B era colocado desde el techo dentro de las tuberías, una vez que las víctimas quedaban encerradas. El Zyklon-B reaccionaba con la humedad ambiente interna proporcionada por las personas, y estas sufrían en primer lugar sofocación. Posteriormente perdían el control de los esfínteres por la pérdida de oxígeno en los tejidos (anoxia anóxica). Como resultado de ellos, las víctimas se orinaban y defecaban sin control, mientras que las mujeres en regla menstruaban desmesuradamente. Posteriormente venía la inconciencia, la muerte cerebral, el coma y la muerte, entre 20 o 25 minutos de introducidas las dosis del gas. La muerte no es instantánea como se puede deducir si no una sofocación creciente en las victimas.

El procedimiento era sencillo; las víctimas llegaban apiladas en vagones de ganado y bajo la excusa de que serían duchadas para desinfectarlas se les instaba a marcar con sus nombres las maletas, quitarse la ropa, dejarla colgada en la antesala de la cámara que tenía aspecto de duchas auténticas (tuberías, alcachofas, etc..) y acceder a ella. Una vez cerrada la pesada puerta metálica comenzaba la matanza; el gas era destilado por las tuberías y salía en la cámara asfixiando a sus engañadas víctimas que morían entre gritos de desesperación por sobrevivir. Pasados unos minutos para evaporar el gas se abría la puerta y unos sonderkommandos (prisioneros destinados a los crematorios) sacaban los cuerpos para explorar sus oquedades en busca de piezas dentales de oro, joyas y objetos de valor que se entregaban a los S.S. para aumentar la economía de la Alemania nazi. Tras ser desposeídos de sus objetos de valor eran introducidos en los hornos para quedar reducidos a cenizas.

Este proceso se repetía una y otra vez, una y otra vez, el exterminio no podía detenerse.

El total de prisioneros que murieron directamente por las cámaras de gas instaladas en campos de concentración y exterminio se estima en unos 3.475.000 personas
http://www.elholocausto.net/central.htm

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abril 20, 2009

Liberman accedió al pedido del Diputado Eldad y retiró al embajador de Israel en Suiza.

por bajurtov

Tensión en las relaciones entre Israel y Suiza

El embajador israelí en Ginebra regresa a Jerusalén

El ministro de Relaciones Exteriores, Avigdor Lieberman, dio instrucciones al embajador de Israel en Suiza, Ilan Elgar, para regresar a Jerusalén para la celebración de consultas luego de la reunión del presidente suizo, Hans-Rudolf Merz, con el presidente iraní, Mahmud Ahmadineyad.

El portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores, Iosi Levy, aclaró que el traslado se hizo en protesta por la postura Suiza hacia “un negador del Holocausto que habló más de una vez sobre la necesidad de borrar a Israel del mapa”. El primer ministro, Biniamín Netanyahu, fue consultado sobre la iniciativa y aprobó la decisión de Lieberman.

Merz y Ahmadineyad cenaron juntos en un hotel de Ginebra el domingo por la noche. El Gobierno suizo expresó, en un comunicado, que los dos dirigentes se reunieron para examinar cuestiones diplomáticas, incluyendo la sentencia a ocho años de cárcel para una periodista iraní-norteamericana condenada por espionaje en Irán.

La reunión se centró principalmente en “las cuestiones relativas a la colaboración en el ámbito de la energía y los sectores económicos”, añade la declaración.
http://www.aurora-israel.co.il/articulos/israel/Diplomacia/20981/

abril 20, 2009

Empresas beneficiadas de la esclavitud.

por bajurtov

hitler-y-la-esclavitud‘Hitler vivita la fábrica Blohm und Voss ante los obreros esclavizados

Bmw,Telefunken, Volkswagen, Agfa, Ford, Bayer y muchas más empresas alemanas que hoy consideramos punteras en tecnología y calidad de sus productos que usamos a diario tienen en sus historiales empresariales la etiqueta negra de haberse enriquecido durante varios años con el trabajo de mano de obra esclava proporcionada por la Alemania nazificada.

En 1.942 Adolf Hitler nombra como Ministro de Armamento al arquitecto del Tercer Reich Albert Speer; no duda ni por un momento en potenciar a aquellas empresas que producen materiales, armas, equipamiento y enseres para el ejército alemán y para ello recurre a los prisioneros polacos, rusos o judíos útiles que serán destinados a trabajar de forma incansable hasta la muerte en las factorías alemanas.

La esclavitud consistía en varios aspectos:

1. Esclavitud física: Los prisioneros de aspecto fuerte era destinados a empresas cuyos productos no revestían calidad de producción como la fábrica de aceros Krupp, canteras para trabajos forzados, minas para arrastrar carretas de carbón u otros minerales, etc..

2. Esclavitud especializada: Reos con conocimientos en electrónica, arquitectura o mecánica industrial eran obligados a trabajar en industrias bélicas para la fabricación de giróscopos, equipos militares de precisión, construcción de fortificaciones bélicas, etc..

3. Esclavitud para la investigación: Determinados laboratorios farmacéuticos escogían a prisioneros para la realización de experimentos médicos y farmacológicos y probar en seres humanos la efectividad de medicamentos que posteriormente y en el caso de que los reos saliesen vivos de los ensayos serían vendidos a la población alemana.

Por supuesto la esclavitud era una de las formas de exterminio predeterminadas por Reinhard Heydrich ya que el agotamiento y la extenuación de los prisioneros estaban dictados como uno de los métodos “legales” de acabar con las llamadas “razas inferiores”; la muerte diaria de prisioneros esclavos no suponía merma alguna en la producción ya que inmediatamente eran sustituidos por otros nuevos prisioneros recién llegados y dispuestos a ser asesinados mediante el trabajo forzado.

De hecho una de las formas de ingreso económico en las arcas de Reich era la normativa por la que se establecía tanto el precio de alquiler de los prisioneros a las industrias solicitantes como el gasto de manutención alimenticio y el vestuario destinada los mismos:

– Alquiler diario de un prisionero: Entre 6 y 8 marcos.

– Gastos a deducir:
1. Por alimentación (cada día): 0,60 marcos.
2. Amortización diaria del vestuario: 0,10 marcos.

– Beneficio real por cada prisionero alquilado como esclavo: 5,30 marcos diarios.

De estas cuentas se deduce que si la vida media de un prisionero esclavizado era de 9 meses antes de morir, cada uno de ellos le rentaba al Reich 1.431 marcos (9 meses X 30 días X 5,30 marcos diarios = 1.431 marcos). A estas ganancias hay que sumarles el aprovechamiento del prisionero por estos motivos:

– Vivo: El robo de sus objetos de valor como joyas, relojes, gafas, prótesis, ropa personal, etc.., el dinero en efectivo que llevasen en el momento de llegar al campo y el pelo cortado durante el tiempo de internamiento.

– Muerto: El propio uniforme de cada prisionero que era reutilizado para otro recién llegado evitando así el gasto de tela para hacer otro y, por lo tanto, su futura amortización.

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Hay que hacer notar que, según la directriz marcada por Reinhard Heydrich, los objetos personales requisados en los campos a prisioneros alemanes y no judíos les eran devueltos en el caso de salir con vida tras finalizar sus condenas aunque esta normativa se suprimió cuando se dictaminó la Solución Final al Problema Judío.

Cuando en Abril de 1.945 finaliza la Segunda Guerra Mundial y se constituye el Tribunal Internacional para los Crímenes de Guerra y Contra la Humanidad en Nuremberg (Alemania) se abren procesos independientes para juzgar a empresas y empresarios por la utilización de mano de obra esclava para el enriquecimiento ilícito.

El 12 de Noviembre de 1.947 el Tribunal internacional inicia el proceso contra Gustav Krupp Von Bholen acusado de emplear a más de 250.000 prisioneros en sus 81 factorías y asesinar mediante el trabajo extenuado a unos 70.000 de ellos; Gustav Krupp declaró durante el juicio que “Nosotros necesitábamos ser dirigidos por una mano fuerte y dura. Esta era la mano de Hitler. Nos sentíamos satisfechos de los años que pasamos bajo su caudillaje“. Este empresario fue condenado a 12 años de prisión aunque quedó anulada al tener un accidente de tráfico que lo dejó maltrecho. La fortuna familiar fue confiscada aunque años después se le devolvió íntegra.

También destaca como modelo de empleo de esclavos la empresa química y farmacéutica IG Farben (Basf, AGFA y Hoechst) a la que el 8 de Agosto de 1.947 el Tribunal de Nuremberg abre proceso por el empleo de 300.000 prisioneros esclavizados muriendo unos 30.000 de ellos. Esta fábrica de IG Farben llegó a tener un subcampo de prisioneros propio para abastecerse de esclavos; Sus factorías estaban situadas junto a Auschwitz (Polonia) y a la vez que fabricaba el gas Zyklon-B que serviría para asesinar a más de 6 millones de seres humanos utilizó a prisioneros para los ensayos de este gas en sus laboratorios. Excuso detallar que ninguno de esos prisioneros salió con vida de los experimentos químicos del gas. Como era de esperar no se produjeron sentencias directas hacia los responsables aunque si hacia el grupo de empresas siendo condenada a la disolución del mismo pero por el capital invertido en bienes inmuebles los daños fueron mínimos. El 9 de Noviembre de 2.003 el grupo IG Farben se declaró en quiebra y cerró definitivamente sus factorías.

Desde el 24 de Enero de 2.001 la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) situada en Ginebra (Suiza) se encarga de que el gobierno alemán abone tanto a ex-prisioneros sobrevivientes de la esclavitud aun vivos o a los familiares de los fallecidos una serie de indemnizaciones en compensación por la esclavitud nazi. Se estima que se presenten unas 200.000 solicitudes así como otras no detalladas que puedan reclamar indemnizaciones por los experimentos médicos en si.

En Septiembre de 2.005 los trabajadores de una base aérea del ejército de Estados Unidos descubrieron una fosa de la Segunda Guerra Mundial en donde estaban sepultados los cadáveres de 34 trabajadores judíos tratados como esclavos por los nazis. Los esqueletos fueron hallados cuando se llevaban a cabo obras en la pista aérea, cercana al aeropuerto de Stuttgart. El investigador de la policía, Norbert Walz, señaló que dos o tres de las personas aún estarían vivas cuando fueron sepultadas. Los prisioneros judíos de una división de los campos de concentración de Natzweiler y Struthof, ubicados a lo largo de la frontera con Francia, eran utilizados como trabajadores esclavos en la base aérea entre Noviembre de 1.944 y Febrero de 1.945, cuando todavía estaba en manos alemanas, indicó Haffner. Más de un centenar murió de hambre y de tifus durante ese período.

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Los recuerdos del prisionero español Joan Escuer Gomis
(Extracto del periódico El Mundo del 10 de Junio de 2.001)

Escuer sabía lo que iba a encontrarse en el campo de concentración de Dachau (a 15 kilómetros al norte de Munich) antes de llegar a su siniestra cancela presidida por el águila imperial alemana. Durante la Guerra Civil española, en la que él había combatido como militar fiel al Gobierno republicano, compartió tanque con un artillero alemán en el Monte de Garabitas. Y él mencionó aquel extraño nombre, Dachau, en el que Hitler comenzó ya en 1.933 a ensayar lo que serían los campos de castigo. Sus primeros ocupantes fueron los comunistas alemanes, a continuación los socialdemócratas, después los socialcristianos y luego, ya se sabe, judíos, soviéticos, polacos y republicanos españoles que se refugiaron en Francia.

En la mesa de registro de Dachau, un sombrío oficial de las S.S. le comunicó su nueva identidad: “Ya no te llamas Joan Escuer Gomis, ahora eres el número 74.181. Has entrado por la puerta y saldrás por la chimenea convertido en humo”. Escuer recordó entonces las barbaridades que le había contado el artillero alemán en España y supo que tendría que acopiar toda su capacidad de resistencia: “No se lo podía decir al S.S., porque él tenía la fuerza bruta, pero dije entre mí: te fastidiarás, yo saldré por la puerta”.

Antes de despojarle de su identidad, le habían rapado la cabeza, dejándole sólo las dos crestas características de los presos de Dachau; le habían quitado sus pertenencias, le habían dado el traje a rayas de los deportados que llevó durante toda su reclusión, y le habían sometido a la primera humillación: “Nos duchaban y después nos desinfectaban con agua de zotal rebajada. El escozor, sobre todo en algunas partes, te hacía pegar brincos, y los S.S. se reían, porque saltábamos como monos…, y ellos todavía se reían.”

Mediaba junio de 1.944, y Escuer tenía por delante 12 meses de maltrato cotidiano que comenzaban con un recuento y acababan con otro después de haber trabajado durante 12 horas sin moverse del torno, fabricando cilindros de motores de aviación para la BMW. La industria de la guerra necesitaba mano de obra y los detenidos en los campos se convirtieron en los peones perfectos: no cobraban, costaba poco mantenerlos y, en cuestión de meses, se conseguía la llamada aniquilación por el trabajo.

Cada día debía recorrer seis kilómetros a pie para llegar hasta la fábrica, donde los presos trabajaban junto con algunos civiles custodiados por los oficiales de las S.S. A veces una mirada de complicidad intercambiada con alguno de los trabajadores libres era la pista necesaria para solicitarle información. Una hoja de periódico pasada con el riesgo de ser aniquilado por ello era suficiente para ayudar a los detenidos a mantener la esperanza de que los aliados estaban cada vez más cerca de ganar la guerra.

Muchos presos de Dachau fueron también solicitados por la industria farmacéutica, especialmente por la IG Farben, para realizar experimentos médicos, pero Escuer, como los aptos para el trabajo, se libró de morir convertido en cobaya. “Lo peor era el hambre, el hambre”, recuerda Escuer, que en tres meses pasó de pesar 64 kilos a 35, “no me aguantaba derecho, soñaba con pan y mantequilla”. La dieta consistía en un brebaje matinal que llamaban café, pero que estaba hecho a base de “agua de roble o de castaño” y un mendrugo de 100 gramos de pan, que “comías de cuatro bocados”. Para almorzar, un caldo, “agua sucia, sin nada sólido”. La cena no existía.

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El régimen estaba calculado para sobrevivir de seis a nueve meses. Cuando los cuerpos ya no aguantaban más, se desplomaban inertes, durante una revista en el patio, o de camino al lugar de trabajo, ante los ojos de los que habían conseguido sobrevivir un día más. “Al principio te daba angustia presenciarlo, pero a medida que ibas viendo cómo moría la gente, llegabas a inmunizarte. Estaba aterrorizado pensando que no recuperaría jamás la sensibilidad humana”.

La rutina vejatoria alcanzó para Escuer las cotas del sadismo en las dos ocasiones en que fue torturado. Una vez le castigaron por defender a un anarquista de Zaragoza, al que otro preso le había robado la manta. El ladrón le acusó ante el jefe de los llamados kapos, delincuentes comunes a los que Hitler sacó de las cárceles para otorgarles el privilegio de mantener el orden en los campos de concentración, a cambio de comer bien, no trabajar y tener ropa limpia. Para ellos quedaba el trabajo sucio de las torturas, los castigos y los mamporros; para las S.S., las ejecuciones y los ahorcamientos.

El kapo les acusó del robo, de la manta y cuando ellos se defendieron diciendo que sólo se la habían devuelto a su propietario original, les condenó a 25 latigazos con el habitual cable eléctrico forrado de caucho que se usaba para estos menesteres. “Cuando te pegaban, con cada azote te salía una ampolla del tamaño de un pulgar, y luego no podías sentarte ni tumbarte”. Los alaridos que acompañaran el maltrato quedaban a la capacidad de aguante de cada uno: “Los primeros golpes los resistes bien, pero cada vez te va doliendo más. Para no chillar, me puse el gorro en la boca; con cada palo, me retorcía y lo mordía, pero no grité. Cuando terminó de pegarme, me até los pantalones y me quedé mirándole fijamente… no dejé de mirarle hasta que bajó los ojos. El kapo comprendió que si yo hubiera tenido la libertad de moverme…, bueno, no sé qué hubiera hecho”.

El mensaje que aquella mirada transmitió a su torturador debió de removerle las entrañas, porque a la hora de repartir la comida le llamó para darle reenganche, una segunda ración del caldo que les servían en una escudilla. “Fue la única vez que comí un plato con algo sólido”. ¿Estaba su torturador arrepentido? “Nunca más me pegó. Y cuando se dirigía a mí, me llamaba siempre España, en lugar de por mi número”. Joan Escuer se considera un hombre afortunado, su juventud le permitía trabajar y, por tanto, convertirse en uno de los 7.600.000 trabajadores forzados que resultaron útiles al régimen nazi. A millones de judíos, condenados al exterminio, ni siquiera se les dio esa oportunidad, como tampoco a los enfermos o a los ancianos, que eran ejecutados directamente.

La mayoría de los 10.000 españoles que ingresó en el campo de Mauthausen murieron tras sus alambradas eléctricas. Antoni Roig, 82 años, convivió con muchos de ellos y sobrevivió para contarlo, tal como juraron hacer en 1.945 los que salieron con vida del infierno. Que ahora le indemnicen como esclavo del nazismo le supone una restitución moral, pero “no da satisfacción cobrar dinero cuando tantos hombres han muerto”, sentencia.

Roig ingresó en Mauthausen el 27 de enero de 1.944 y fue liberado en mayo del 45. Cuatro años de penurias, agravadas en el primer año y medio, que pasó picando piedra y haciendo adoquines en la cantera del campo, con el mismo traje que los deportados de Dachau, y con el mismo triángulo azul como marca de identificación que se cosía a la ropa de los apátridas, categoría en la que se incluyó a los españoles debido al rechazo de Franco a considerarles hijos del país que habían defendido en el bando republicano.

“Hitler nos aprovechó porque sabía que nadie nos iba a reclamar”, relata Roig. “La cantera estaba abandonada cuando los nazis entraron en Austria, pero claro, con nosotros era rentable”. Mauthausen fue también un jugoso filón para la industria alemana. “Se hacían muchos trabajos en empresas para fabricar material de guerra”. Según Roig, “el contrato consistía en que cada industrial pagaba por preso la mitad del jornal ordinario, o sea que conseguía la mano de obra a mitad de precio; lo que pagaba iba a parar a los bolsillos de los miembros de las S.S., porque el preso no cobraba, claro”. Además de los trabajos en la industria, había numerosas tareas en las que emplear a los presos: desde “construir los propio campos hasta cortar leña, hacer carreteras…”. El único pensamiento en la mente de los presos era aguantar, sobrevivir: “Cuando te ibas a acostar, pensabas: me voy a dormir, pero no sé si me levantaré; y por la mañana: me levanto pero no sé si llegaré hasta la hora de dormir”.
http://www.elholocausto.net/central.htm