Antisemitismo musulmán: un peligro claro y presente

por bajurtov

Antisemitismo musulmán: un peligro claro y presente


En el siguiente extracto, Robert S. Wistrich, el Profesor Neuberger de Historia Judía y Moderna Europea en la Universidad Hebrea de Jerusalén, documenta la virulenta vena de antisemitismo que “echó raíces en el cuerpo político del Islam en grado sin precedentes”. Vestidos en un ropaje islámico los símbolos del antisemitismo europeo resurgieron con varias características del fascismo de los años 30 y 40:
Teorías de conspiración acerca de planes judíos para la dominación del mundo
Libelos de sangre y fantasías de envenenamiento por parte de los judíos
Diabólicas imágenes de judíos del tipo nazi
Retórica genocida e incitamiento a la violencia
El objetivo no es solamente la deslegitimación política de Israel, sino también la deshumanización de los judíos, así como del judaísmo.
El American Jewish Committee comisionó y está distribuyendo este informe para alertar a todos sobre los peligros que representa el antisemitismo musulmán. El informe completo con sus notas a pie de página e ilustraciones se encuentra disponible en las oficinas del American Jewish Committee, 165 E. 56 th Street, New York, NY 10022 o en el sitio de la Red del AJC: http://www.ajc.org
La apabullante afirmación que se escucha en algunos círculos es que ya que los árabes son “semitas”, por definición no pueden ser considerados antisemitas. Este ha sido siempre un argumento absurdo y lo es aun hoy por múltiples razones.
Primero, el concepto “semita” es lingüístico, no es una clasificación racial o nacional y sólo tiene un significado preciso en relación con la familia de lenguas semíticas, que incluye al hebreo, árabe y arameo.
Segundo, el término “antisemitismo”, acuñado por primera vez en Alemania, por Wilhem Marr en 1879, nunca tuvo la intención de referirse a árabes. Estuvo claramente dirigido exclusivamente a judíos, como un arma contra su emancipación. Su obvio colorido racial lo hizo sonar como un substituto científico por el más tradicional odio religioso hacia los judíos.
Tercero, Hitler y los nazis estuvieron contentos de invitar al gran muftí de Jerusalén, líder del Movimiento Nacional Árabe Palestino, Haj Amin al-Husseini a Berlín, en tiempos de guerra, como un invitado de honor y aliado, aun cuando se habían embarcado en el asesinato masivo de la judería europea. El hecho que al-Husseini, perteneciera a la rama árabe de la familia de lenguas “semíticas” no impidió a Heinrich Himmler, el despiadado jefe de los SS desear al gran muftí éxitos en su lucha “contra el judío extranjero”.
Uno no tiene que recordar la colaboración árabe, musulmana o palestina con la genocida judeofobia nazi, para reconocer que profundas actitudes hostiles hacia los judíos no cesan de ser antisemitas simplemente, porque han sido expresadas por árabes en el idioma árabe. Por ejemplo, Los Protocolos de los Sabios de Sión, es un producto típico del antisemitismo ruso y europeo de fines de siglo, que derivó de una tradición histórica y cultural, obviamente distinta de la de los árabes musulmanes. Pero, cuando se publica en repetidas ediciones a través del mundo árabe, cesa de ser un producto exclusivamente europeo y entra en la corriente principal del pensamiento árabe.
Su atractivo se acrecienta porque para muchos musulmanes y árabes la noción de los judíos encarnando una fuerza omnipotente y oculta se vuelve más palpable y concreta a través de Los Protocolos como un “manifiesto sionista para la conquista mundial”. Al mismo tiempo, el espectro de esa poderosa conspiración satánica ayuda a aliviar el trauma sicológico y la humillación de sucesivas derrotas árabes en manos de Israel y del Occidente.
Solamente hace unos pocos meses Los Protocolos fueron “dramatizados” en una serie multimillonaria de 30 capítulos, producida en Egipto por la Radio y Televisión Árabe, con un elenco de 400 personas. De acuerdo con un prominente semanario egipcio, los espectadores árabes pudieron finalmente ser expuestos a la estrategia central que “hasta el día de hoy domina la política de Israel, las aspiraciones políticas y el racismo”.

Intelectuales árabes y antisionistas occidentales, quienes a pesar de la evidencia en contrario, continúan negando la existencia de antisemitismo “semita” a menudo pretenden que hay una clara distinción entre judíos y sionistas en la literatura relevante. En realidad este fue raramente el caso en el pasado y si alguna vez existió tal diferenciación ha sido prácticamente reducida en su totalidad. Por mas de 50 años, el término “judíos” (Yahûd) ha sido mezclado o usado intercambiablemente con “sionistas” (Sahyûniyyûn) y con “israelíes” o “hijos de Israel” (Banû Isrâîl). La creciente escalada y la extensión de esta literatura antisemita y opinión en los diarios, periódicos, revistas, radio, televisión y en la vida diaria del Medio Oriente ha abrumado a la minoría árabe que sí trató de separar sus actitudes hacia los judíos de su rechazo al sionismo.

La corriente de mordaz imaginería verbal y visual se extiende desde Marruecos hasta los Estados del Golfo e Irán. Es fuerte en naciones supuestamente “moderadas” como Egipto, así como lo es en naciones árabes claramente hostiles como Irak, Libia y Siria. Los judíos son representados en viñetas como demonios y asesinos; como un pueblo detestable que debe ser temido y evitado. Son vistos como el origen de todos los males y corrupción, los autores de una oscura e implacable conspiración para infiltrarse y destruir la sociedad musulmana, para eventualmente dominar al mundo.
La distorsión visual del judío más común es la que lo representa como un hombre encorvado, oscuro, con barba, que viste ropa negra, con una larga nariz aguileña y una apariencia diabólica -el tipo de horroroso estereotipo familiar de la clásica propaganda nazi del periódico de mala muerte Der Stürmer. Se presenta al judaísmo como una religión siniestra e inmoral, que se basa en conspiraciones y rituales sangrientos. Los sionistas son equiparados o identificados con criminales racistas o nazis. El objetivo no es sólo deslegitimar moralmente a Israel como el Estado judío y una entidad nacional en el Medio Oriente, sino también deshumanizar al judaísmo y al pueblo judío. Ningún observador objetivo, remotamente familiarizado con esta cascada de odio que en la actualidad está alcanzando nuevos picos difamatorios puede dudar que esto es profundamente antisemita.
El inconsistente pretexto “antisionista” para este material sensacionalista se ha vuelto francamente un insulto a la inteligencia de cualquier individuo decente.
La premisa central que Israel debe desaparecer del mapa es un axioma religioso fundamentalista compartido ampliamente por la mayoría de árabes y palestinos nacionalistas, así como por gran parte de la gente de la calle árabe. El antisemitismo se volvió una parte integral de esta cultura de odio árabe-musulmana, un potente instrumento de incitación, terror y manipulación política.
La persistencia, integridad y la profundidad de este odio, no debe cegarnos respecto a que históricamente hablando, el antisemitismo es un fenómeno relativamente nuevo en la cultura árabe y entre la población musulmana en general. No existió como una significativa fuerza en el mundo islámico tradicional, aunque como veremos, algunas de las semillas de las actitudes antijudias contemporáneas pueden encontrarse en el Corán y otras fuentes islámicas tempranas.
Relaciones musulmanas-judías en la historia: no siempre fueron de “Oro”
Los judíos y musulmanes han coexistido continuamente desde la aparición del Islam, en el siglo VII de la era cristiana. Hubo períodos donde prevaleció cierta tolerancia hacia los judíos y pudieron avanzar intelectualmente, disfrutar de prosperidad económica y ocasionalmente hasta alcanzar algún tipo de influencia política bajo el gobierno islámico.
Sin embargo, con más frecuencia de lo que se quiere admitir, la existencia de los judíos desde Marruecos hasta Irán estuvo caracterizada por miseria, humillación y violencia popular. Estas aflicciones, particularmente en los siglos XI y XII, provocaron que el mayor de los filósofos judíos medievales, Maimónides, se refiriera amargamente a “la nación de Ismael que nos persigue severamente y que busca la manera de hacernos daño y degradarnos”. En realidad, “La Edad de Oro” de los judíos sefardíes, que coincidió con una de las cumbres de la civilización islámica medieval, provocó la envidia musulmana y hostilidad por la influencia y el éxito socioeconómico de los judíos.
El estatus legal de los judíos y cristianos bajo el Islam en la era premoderna fue esencialmente el de dhimmis (“pueblos protegidos”), cuyas religiones fueron reconocidas oficialmente por las autoridades. Al pagar un impuesto municipal por cabeza (jîzya), podían practicar libremente su fe, disfrutar de un cierto grado de seguridad personal, y tener sus propias organizaciones comunales. Pero la protección otorgada a “los pueblos del Libro” (ahl al-kitab) se combinó con subyugación. La “tolerancia” de la que se beneficiaron existió dentro de un marco social de discriminación y discapacidades que constantemente enfatizó la superioridad de los musulmanes sobre los judíos y los cristianos. Los judíos, por ejemplo, no podían portar armas, cabalgar, se les requería que vistieran una ropa distintiva (la insignia amarilla tiene sus orígenes en Bagdad, no en la Europa medieval) y se les prohibió construir nuevos lugares de culto.
En países más remotos, como es el caso de Marruecos, Irán y Yemen, donde los judíos sufrieron degradación, desprecio e inseguridad física, las restricciones dhimmi se cumplieron con rigor especial. Motines musulmanes y el asesinato de judíos fueron más frecuentes en aquellas tierras periféricas, aun a comienzos del siglo XX. El pillaje, robo y asesinato de judíos indefensos también se llevó a cabo en el Norte de África a intervalos regulares durante el siglo XIX.
Asimismo la calumnia de “libelo de sangre”, que se originó en el Imperio Otomano, entre cristianos greco-ortodoxos, condujo a pogromos en Esmirna (1872) y en Constantinopla dos años después. Instancias anteriores del libelo de sangre han sido documentadas en Beirut (1824), Antioquía (1826), Hama (1829) y sobre todo en el notorio Affaire de Damasco en 1840.
A pesar de la servidumbre y discriminación implícita en el estatus de los dhimmi de la era premoderna, los judíos bajo el Islam se encontraban en mejor posición que sus correligionarios en tierras cristianas. Los musulmanes medievales tenían más confianza en sí mismos y no sentían la misma compulsión que los cristianos por negar al judaísmo como una religión.
Sin embargo, la imagen coránica del judío -que en la actualidad ha sido tan exacerbada y radicalizada en textos islámicos contemporáneos- no fue inofensiva. En el Corán hay unos pasajes duros en los cuales Mahoma califica a los judíos como enemigos del Islam y los describe poseyendo un espíritu rebelde y malévolo. Debían ser humillados “porque descreyeron de los signos divinos y mataron a los profetas sin derecho” (Sura 2:61/58).
El Corán enfatiza en particular que los judíos rechazaron a Mahoma, aun cuando -de acuerdo con fuentes musulmanas- sabían que él era un profeta, supuestamente por pura celosía por los árabes y resentimiento porque no era un judío. Estas acciones se presentan actualmente como típicas de la naturaleza falsa, traicionera y maquinadora de los judíos, como se los describe en el texto coránico.
La noción, por ejemplo, que los judíos son “falsificadores arrogantes”, que continuamente crean nuevos complots para sembrar discordia, conflicto y división en la comunidad musulmana se muestra como patente y es perfectamente consistente con las enseñanzas del Corán.
Solamente la tenaz adherencia a los verdaderos valores islámicos, se repite constantemente, puede preservar a los musulmanes contra la amenaza representada por los judíos-sionistas y la infiltración imperialista occidental, peligro anticipado por los textos sagrados coránicos. Este es el mensaje central del pionero ensayo de Sayyid Qutb: “Nuestra lucha con los judíos”, escrito a mediados de los años 50 por el líder ideológico egipcio musulmán de su tiempo. Él inspiro subsecuentemente mucha de la doctrina fundamentalista contemporánea.
Para Qutb, los judíos y el sionismo personificaban un punto neurálgico en la crisis de la civilización del Islam, magnificada a su vez por los temores de los musulmanes y su debilidad frente a la modernidad secular, la permisividad sexual y el poder invasor de la cultura de masas norteamericana.
Teorías de conspiración: Los Protocolos y el Libelo de sangre con ropaje islámico
La judeofobia islámica de Qutb, así como la de sus seguidores fundamentalistas, se ha fundido fácilmente con motivos de antisemitismo racial o político más modernos del siglo XX, derivados de fuentes occidentales. El principal artículo de importación europea ha sido: Los Protocolos de los Sabios de Sión, que provee una completa teoría conspiratoria de la historia, en la que los satánicos judíos se esfuerzan sin descanso por dominar al mundo. Comunismo, masonería, sionismo y el Estado de Israel se consideran instrumentos de este diabólico plan judío. La atracción que ejerce sobre musulmanes crédulos ha crecido enormemente con cada sucesiva victoria israelí. La teoría antisemita de conspiración israelí es por ejemplo, un factor relevante en el Pacto del grupo palestino Hamas de 1988, cuyo artículo 32 declara:
La conspiración judía no tiene fin y después de Palestina van a ambicionar la expansión desde el Nilo hasta el Éufrates. Sólo cuando hayan terminado de digerir el área donde pusieron sus manos van a buscar una mayor expansión, etc. Su plan se ha presentado en Los Protocolos de los Sabios de Sión y su presente (conducta) es la mejor prueba de lo que allí se dice.
Los judíos son abiertamente acusados por Hamas, el Movimiento de Resistencia Islámica, de controlar la riqueza del mundo y los medios de comunicación; de instigar las Revoluciones Francesa y Rusa y dos guerras mundiales para promover cínicamente objetivos sionistas. Igualmente se los acusa de establecer organizaciones clandestinas (por ejemplo los clubes Rotary y Lions, masonería, etc.) con los propósitos de espionaje y subversión.
Se afirma que los judíos deliberadamente hicieron desaparecer el califato islámico con el propósito de establecer la Liga de las Naciones en 1920 para poder “gobernar el mundo por su intermedio”.
Hamas – la versión palestina de lo que fuera originariamente la Hermandad Musulmana de Egipto- no distingue virtualmente entre sionistas y judíos en sus folletos en extremo agresivos.
Característicamente, la literatura de Hamas evoca la conquista de Mahoma en 628 EC de Kaibar -un oasis en la Península Arábiga donde los “traicioneros” judíos fueron eliminados por el Profeta – como inspiración para la actual guerra que busca destruir a Israel.
Una ideología radical similar motiva al movimiento libanés Shi’a Hizbollah (“el partido de Dios”), que alcanzó prominencia luego de su resistencia a la invasión del Líbano en 1982. Su total negación a la existencia de Israel, así como su visión del judaísmo, como el más antiguo y amargo enemigo del Islam, le deben mucho a la predicación “antisionista” del ayatolá Khomeini y a la relación simbiótica del movimiento con la República Islámica de Irán. De acuerdo con esta fuente de acción doctrinaria, Hizbollah, se opone al nacionalismo, imperialismo y a la “arrogancia occidental” mientras enfatiza la liberación de Palestina y de Jerusalén como su mayor objetivo estratégico.
Los medios occidentales, como de costumbre, se han mostrado extremadamente reticentes a relacionar la presente guerra terrorista contra Israel y el Occidente con las raíces ideológicas del Islam o con las fuentes y significado de jihad. También se muestran reacios a conectar el terrorismo con las obsesiones antijudias que en la actualidad animan a millones de musulmanes.
Es increíble que poca atención se presta a la gran abundancia, energía y vicio del antisemitismo musulmán actual, desde el Cairo y Gaza hasta Damasco, Bagdad, Teherán y Lahore. Como mucho se percibe como una nota al pie de página de la creciente ola de antiamericanismo o como una forma de “oposición política” a las acciones de Israel. Ni siquiera las rampantes afirmaciones árabes que el Holocausto fue un invento de sionistas y judíos (que atrapa mayor atención en los medios europeos cuando es dicho por neonazis o personas de la extrema derecha) despierta una débil respuesta en el Occidente.
Tampoco se mostró mayor interés en los delirios antisemitas del actual Ministro de Defensa sirio Mustafa Tlas (¡en su puesto desde 1972!) quien por años ha perseguido con celosa determinación la acusación medieval que los judíos beben la sangre de los niños gentiles. En el prefacio de su “clásico” libro La matza de Sion, publicado por primera vez en 1983, Tlas escribió:
El judío puede matarte y tomar tu sangre para hacer su pan sionista. Acá se abre una página más desagradable que el crimen en sí mismo: las creencias religiosas de los judíos y las perversiones que contienen, que derivan de un odio oscuro hacia la humanidad y todas las religiones.
Esta retórica deshumanizante y delirante -que se hizo eco con numerosas variaciones en el mundo árabe y la cultura musulmana- está infectando despacio pero en forma efectiva otras partes del mundo. La mal llamada “conferencia contra el racismo” en Durban, Sudáfrica (concluyó sólo cuarenta y ocho horas antes del atentado terrorista en el World Trade Center en Nueva York) es un caso notorio que sirve de ejemplo.
Las organizaciones no gubernamentales (ONG) en Durban produjeron quizás el mayor documento descaradamente antisemita elaborado en un encuentro internacional desde 1945. Guiados por organizaciones árabes, palestinas y musulmanas, repetidamente acusaron a Israel de genocidio contra el pueblo palestino, limpieza étnica y de ser “un estado racista de apartheid”. La llamada “catástrofe” palestina perpetrada por Israel fue señalada por el foro de ONG en Durban como el “tercer holocausto”. Un parágrafo clave condenando el antisemitismo fue deliberadamente eliminado de las discusiones, pero en un acto orweliano de doble sentido “las prácticas sionistas contra el antisemitismo” fueron elevadas a una forma mayor de racismo contemporáneo.
Quizás lo más revelador en esta orgía de odio fue un panfleto en exposición en el Centro de Exhibiciones de Durban que presenta una foto de Adolfo Hitler con la leyenda: “si hubiera ganado la guerra no habría habido… sangre palestina perdida”.
“Fascismo islámico”: temibles paralelos bajo la luz del once de setiembre
La mención de Hitler nos transporta al círculo de los paralelos inequívocos entre el nazismo y lo que llamo “fascismo islámico”, parecidos que emergieron con mayor relieve luego del ataque terrorista a las Torres Gemelas, el 11 de setiembre de 2001.
Los terroristas islámicos responsables de los ataques de setiembre -como los nazis y los fascistas de 60 años atrás- hablan un idioma de odio insaciable, no sólo contra los Estados Unidos y el Occidente, sino también contra Israel y el pueblo judío.
Estos musulmanes radicales eligieron conscientemente un culto a la muerte transformando el motivo de sacrificio y martirio en algo urgente, elemental, seudoreligioso y hasta místico. Puede ser que su Biblia sea el Corán y no Mein Kampf, pero las estructuras mentales y la visión del mundo que respaldan sus acciones tienen sorprendentes analogías con el nacional-socialismo alemán.
Los fundamentalistas islámicos -como los nazis antes y después de la Shoa- despotrican contra los “poderes anónimos” de la globalización y el Occidente plutocrático (simbolizado por el World Trade Center y la ciudad de Nueva York). Como sus predecesores totalitarios, ellos declaran -falsamente- que son la voz de los frustrados, los menos privilegiados y las masas pobres que fueron traicionadas por las elites gobernantes árabes y musulmanas y explotadas despiadadamente por el capitalismo internacional.
Para los musulmanes radicales la Nueva York “judía” – así como el sionista Estado de Israel- es la encarnación del mal satánico, así como Wall Street encarnó los cuarteles generales de la maldad corporativa y de la judería cosmopolita para los nazis y otros verdaderos creyentes del fascismo de preguerra.
Teorías de conspiración antisemita se encuentran en el corazón de la visión del mundo actual de los musulmanes fundamentalistas y de los árabes nacionalistas conectando finanzas plutocráticas, la masonería internacional, el secularismo, sionismo y comunismo como fuerzas oscuras y ocultas guiadas por el pulpo gigante de la judería internacional, cuyo presunto objetivo es destruir al Islam y subvertir la identidad de los creyentes musulmanes.
Esta estructura de pensamiento mítica es de varias formas virtualmente idéntica al antisemitismo nazi, a pesar de haber sufrido un proceso de “islamización” y de citar versos del Corán para justificar monstruosos atentados terroristas. El islamismo fundamentalista tiene la misma aspiración totalitaria y seudomesiánica de hegemonía mundial que tuvieron el nazismo alemán o el comunismo soviético. También articula una latente y a veces explicita retórica genocida en su asalto a la civilización “judía-cruzada” que conjura ecos alarmantes del pasado.
Los terroristas de la jihad están comprometidos con la violencia, en total confrontación con los infieles en sus políticas de victoria o muerte y abrazan una visión con raíces en la polarización maniquea entre las fuerzas de la luz y de la oscuridad. Es característico de esta visión del mundo que los ataques terroristas del 11 de setiembre contra los Estados Unidos fueron festejados con tal éxtasis en varias partes del mundo musulmán, incluyendo la Autoridad Palestina. Por ejemplo, el muftí de Jerusalén, predicando su sermón del viernes en la mezquita Al-Aqsa llamó abiertamente a la destrucción de Israel, Gran Bretaña y los Estados Unidos:
¡Oh Alá, destruye Estados Unidos, ya que es gobernado por los judíos sionistas… Alá pintará de negro la Casa Blanca!
La actual ola de terroristas musulmanes suicidas, la fobia a Israel y el terrorismo parecen disfrutar de una resonancia masiva entre palestinos y un largo numero de árabes y musulmanes. El antisemitismo islámico también se extendió con velocidad electrificante entre inmigrantes musulmanes y árabes en las democracias occidentales. Estos inmigrantes llevan con sí el bagaje antisemita de sus países de origen y culturas, exacerbado por la intensa cobertura de los medios sobre la escalada del conflicto en Medio Oriente.
En setiembre y en octubre de 2000, como consecuencia de esto, hubo un alarmante incremento de atentados antisemitas cometidos por musulmanes y árabes en comunidades judías de la Diáspora, especialmente en Europa – incluyendo la quema de sinagogas, desecraciones, ataques físicos, cartas bomba y mordaz incitamiento verbal del tipo más intimidante.
En forma no menos rápida a través de la sociedad musulmana y árabe, se culpó por los ataques terroristas y de ántrax a los sionistas, al gobierno israelí y al Mossad. Se citó al embajador sirio en Teherán diciendo de buena autoridad que: “los israelíes se involucraron en estos incidentes y ningún empleado judío se encontraba presente ese día en el edificio del World Trade Center”. De acuerdo con el diario del gobierno sirio Al Thawra, el primer ministro israelí Ariel Sharon de ese modo buscó desviar la atención de su agresivo plan contra los palestinos.
Las teorías conspiratorias contra Israel y antisemitas que han ido creciendo en el mundo árabe y musulmán desde el 11 de setiembre no son nuevas. Sin embargo, revelan una mezcla altamente inflamable de anti-occidentalismo, fanatismo ideológico, odio e irracionalidad que se extiende debajo de una corriente significativa del pensamiento musulmán contemporáneo. La actitud hacia los judíos, en particular, con su lenguaje vehemente y el énfasis en “soluciones radicales” recuerda en forma inquietante a los años 30 y 40. Los estereotipos antisemitas, como hemos visto, son tan frecuentes en Jordania y Egipto que hicieron la paz con Israel como en Siria, la Autoridad Palestina, Arabia Saudita o los Estados del Golfo.
Israel como una “abstracción diabólica”
La actual tendencia árabe considera a Israel no solamente como otra cara del racismo europeo o nazismo, pero realmente como “un doble nazismo”. Para citar a otro celebre moralista político, el presidente Assad de Siria, Israel es “más racista que los nazis”. Fiamma Nirenstein ha resumido claramente la corriente situación:
Se ha transformado a Israel en una abstracción diabólica, no como un país sino como una fuerza maligna que representa todos los posibles atributos negativos: agresor, usurpador, pecador, ocupador, corruptor, infiel, asesino y bárbaro.
Esta imagen aterradora del Estado judío como la encarnación del mal naturalmente enfatiza la idea que todos los judíos de Israel deben ser aniquilados. En un suelo fertilizado por la demonología, el culto del martirio florece fácilmente y pierde sus ultimas inhibiciones morales.
La negación del Holocausto
Los antisemitas árabes y musulmanes en décadas recientes anexaron los símbolos y expresiones del antisemitismo europeo, aunque “islamizaron” su lenguaje. Un ejemplo significativo es el de la negación del Holocausto.
Uno encuentra una creciente buena disposición en el mundo árabe para creer que los judíos inventaron en forma consciente “la mentira de Auschwitz”, el “engaño” de su propia exterminación, como parte de un plan diabólico para dominar al mundo.
En este escenario súper-maquiavélico, el arquetipo satánico del judío conspiracional -autor y beneficiario del mayor “mito” del siglo XX consigue una espantosa y original apoteosis.
Uno de los atractivos de la negación del Holocausto para los árabes yace claramente en que mina radicalmente las bases morales del Estado de Israel. El primer atisbo de “revisionismo del Holocausto” en Medio Oriente surgió en realidad en los años 80. En 1983, Mahmoud Abbas (mejor conocido en la actualidad como Abu Mazen) que emergió subsecuentemente como el jefe de la OLP arquitecto de los Acuerdos de Paz en Oslo escribió un libro que negaba el Holocausto que se llamó: El otro lado: la relacion secreta entre nazismo y el movimiento sionista. En este libro el sugiere que el número de víctimas judías de la Shoa fue “menor que un millón”.
También en Irán, a comienzos de los años 80, existió una forma embrionaria de negación del Holocausto. Asimismo convivieron caricaturas del “judío talmúdico” del tipo Stürmer; la obsesiva promoción del mito de Los Protocolos y repetidos llamados a erradicar al cáncer sionista de la faz de la Tierra.
Contra estos antecedentes históricos, no es sorpresa que el actual líder de Irán, ayatolá Ali Khameini recientemente afirmara:
Existe evidencia que muestra que los sionistas tienen relaciones cercanas con los nazis alemanes y exageraron las estadísticas sobre los asesinatos de judíos. También hay evidencia que un gran número de gamberros y matones no judíos de Europa del Este fueron forzados a emigrar a Palestina como judíos… para inculcar en el corazón del mundo islámico un estado anti-islámico con el pretexto de apoyar a las víctimas del racismo.
El muftí de Jerusalén, jeque Ikrima Sabri – para no quedarse atrás- declaró al New York Times en marzo de 2000:
Creemos que el numero de seis millones es exagerado. Los judíos están usando este sujeto en diversas formas, también para chantajear a los alemanes financieramente… El Holocausto está protegiendo a Israel.
Los antisemitas árabes invariablemente ven la historia del Holocausto como un complot sionista “para llevar al mundo por el mal camino”. De acuerdo con el periódico egipcio Al-akhbar: “esto se hizo para motivar a los judíos a emigrar a Israel y para pedir dinero a los alemanes, así como para conseguir apoyo mundial para los judíos”.
En estos círculos se considera que el Estado judío existe y prospera principalmente en virtud de “la mentira del Holocausto”. Esta es “el pegamento que mantiene unido a los judíos”, de acuerdo con escritor y político libanés Dr. Isaam Naaman.
Otros como Mahmoud Al-Khatib, al escribir en el periódico jordano Al-Arab Al-Yom confía mas en “los revisionistas” del Holocausto occidentales, que afirman que “no hay evidencia” de la Shoa, excepto por “los conflictivos testimonios de unos pocos judíos ‘sobrevivientes'”. De acuerdo con Al-Khatib, como mucho Hitler asesinó a 300.000 judíos y los mató no porque fueran judíos, sino porque traicionaron a Alemania”.
El “revisionista” europeo con más frecuencia mencionado como fuente para negadores árabes del Holocausto fue el intelectual francés de izquierda (y convertido al Islam) Roger Garaudy. Es más, el juicio y convicción de Garaudy en Francia en 1998 por “negationisme” lo convirtieron en un héroe en gran parte del Medio Oriente.
La “Entidad Sionista”: Rechazo para Aceptar la Existencia de Israel
Una característica central del antisionismo y antisemitismo árabes ha sido y sigue siendo la rotunda negación a aceptar el derecho de Israel a su existencia y su legitimación moral. Esta premisa fundamental se agrava por una educación que se dirige sin descanso a odiar a Israel y a los judíos. En esta propaganda, Israel es el chivo expiatorio por la continua inhabilidad árabe para alcanzar unidad política, desarrollo económico u otras metas nacionales. La frustración que genera el fracaso por modernizar con éxito ha provocado un desplazamiento de la furia hacia los judíos y el Estado judío como “un agente de imperialismo occidental, globalización y una invasora cultura modernista en la región”.
Sin embargo hay gobernantes árabes como Saddam Hussein que han ido aun más lejos en su retórica y acciones. Hablan de la “entidad sionista” no solo como un alíen, un “implante” artificial, sino también como un “pulpo” con múltiples tentáculos, un “cáncer mortal” o un “virus de SIDA” que debe ser completamente exterminado.
Durante el año pasado estas declaraciones que llaman por la extinción de Israel han sido repetidas por los seculares pan-árabes nacionalistas, miembros del partido gobernante de Irak, Ba’ath, así como por los ayatolaes en Irán. Tanto para Saddam Hussein como para los fundamentalistas árabes “Palestina es árabe y debe ser liberada desde el río hasta el mar y todos los sionistas que emigraron a la tierra de Palestina deben partir”.
El antisemitismo árabe y musulmán siempre ha tenido un nítido costado político que deriva de la intensidad del conflicto árabe-israelí. Pero la dimensión territorial palestina no debe cegarnos al hecho que el antisemitismo tiene una dinámica propia.
Hay una distintiva estructura subyacente en la ideología antisemita árabe-musulmán. Esta va más allá de circunstancias políticas inmediatas, propaganda gubernamental, conflicto territorial con Israel y el uso instrumental de estereotipos y símbolos antijudíos importados del Occidente.

One Comment to “Antisemitismo musulmán: un peligro claro y presente”

  1. Muy bueno el artículo. Los musulmanes se niegan a aceptar la existencia del Estado de Israel de una manera tan rotunda, negándole cualquier extremo que pudiera justificarle que llegan hasta extremos tan demenciales y falaces como el de proclamarse como semitas y por lo tanto no poder ser antisemitas, Pero las personas cuya persecución daría lugar a la acuñación del término “antisemitismo” está claro quienes fueron ¿Que ataques antisemitas se han producido alguna vez contra otros que no fuesen los judíos?

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