Recordando La masacre de Noruega y la victimización del Islam

por Jaime

Cuando se produjeron los sangrientos atentados que estremecieron a Noruega, con un luctuoso saldo de 76 muertos (la cifra original suministrada era de casi 100), la primera conjetura sobre la responsabilidad de los mismos recaía, casi naturalmente, sobre los sospechosos de siempre, los terroristas islámicos. Si bien la metodología utilizada remitía a la bomba de Oklahoma City, también guardaba semejanza a la de los atentados contra las embajadas  estadounidenses en Tanzania y Nairobi. Los ataques múltiples simultáneos y el enfoque en objetivos simbólicos llevan el sello de Al Qaeda. El engaño de la suplantación de personal militar o policial forman parte de los procedimientos y operativos habituales de los jihadistas en Afganistán e Irak. Esa presunción pareció confirmarse rápidamente al atribuirse el grupo islamista ‘Ansar al-Jihad al-Alami’ la autoría de los aberrantes hechos, a los que justificaba por la presencia  de un pequeño contingente de las fuerzas armadas de Noruega en Afganistán como miembro de la alianza de la OTAN y los “insultos” al Islam por la publicación de viñetas en los diarios, alusivos al profeta Mahoma. Las amenazas de retaliación a Europa por parte del dictador libio Muamar el Gadafi, el pedido de extradición pendiente en Noruega del mullah Krekar, fundador del grupo terrorista Ansar al-Islam, asilado político en Oslo desde 1991, que advertía que comandos suicidas atacarían  la coalición de soldados, robustecían la hipótesis inicial.
Con el transcurrir de las horas, fue detenido y acusado por los horrendos crímenes, el oscuro ultraderechista noruego Anders Behring Breivik, de 32 años, integrante de la  logia masónica John Lodge,  quien calificó la masacre de “atroz pero necesaria”.  Poseedor de una ubicuidad asombrosa, que siembra enormes dudas, confesó que actuó solo y en consecuencia resultó el único arrestado por el doble ataque que comenzó el viernes por la tarde con el estallido de un coche bomba en Oslo y siguió, menos de dos horas, después con un cruento tiroteo en un campamento juvenil del gobernante Partido Laborista en la isla de Utoya.

Las autoridades noruegas, de reacción exasperadamente lenta, se abstuvieron de confirmar que el MI5 británico había advertido de sus contactos con los extremistas de derecha en Londres desde 2002.
Tres días después, cuando compareció ante la jueza Kim Heger, Breivik corrigió su declaración primigenia y dijo que tenía “otras dos células” organizadas que habían colaborado en los atentados y que el objetivo de la masacre era “castigar a la socialdemocracia” por traicionar al pueblo noruego al haber fomentado la “importación masiva de musulmanes”. En virtud del testimonio enmendado, la magistrada confirmó la prisión provisional para Anders Behring Breivik durante las próximas 8 semanas (el doble de lo habitual) y ordenó una investigación para determinar cuáles fueron los grupos terroristas que colaboraron en la matanza. Asimismo, ha extendido su detención por un periodo de ocho semanas en régimen de aislamiento, como pedía la fiscalía noruega, durante las cuales permanecerá sin acceso a noticias, cartas o visitantes, a excepción de un abogado. Los fiscales habrían solicitado la prolongación del régimen de detención, por cargos de terrorismo, hasta el inicio del juicio que podría comenzar dentro de un año. La pena máxima en Noruega es de 21 años, pero la ley permite una prolongación si existe el riesgo de reincidencia en el delito. “En teoría, podría estar en la cárcel el resto de su vida”, ha declarado el profesor de Derecho Penal de la Universidad de Oslo, Staale Eskeland.
Los demenciales ataques de Breivik, fundamentados mediante un manifiesto de 1500 páginas donde llamó a una “una cruzada contra el Islam en Noruega”, dieron lugar a una retahíla de acusaciones por parte de grupos “progresistas” contra los partidos de derecha europeos que se oponen al multiculturalismo y al avance del Islam en el Viejo Continente.
De ser considerados por sus actos de terror y supremacía islámica en Occidente, los principales victimarios, los musulmanes radicales pasaron súbitamente a ser víctimas inocentes del fundamentalismo cristiano y judío. Muchos medios de comunicación, convertidos en activistas de la extrema izquierda contribuyeron al disparate, etiquetando a Breivik como cristiano conservador, siendo que  él mismo dijo que no era un hombre religioso, ni haya nada en el cristianismo que aliente ese tipo de crímenes.
Luego que se produjeron los ataques terroristas, que se atribuyó el grupo islamista ‘Ansar al-Jihad al-Alami’, se ensayaron como justificación racional, causas subyacentes como la participación de Noruega en las campañas en Afganistán y Libia, que habían dado como resultado la pérdida de vidas musulmanas. La implicación era que Noruega se había hecho daño a sí misma por su trato a los musulmanes, y por aliarse con Estados Unidos.  Disipada esa línea de investigación al acreditarse la responsabilidad del psicópata imitador de Unabomber, Anders Behring Breivik, sobrevino una airada reacción del mundo árabe, indignado por las acusaciones del ataque a Noruega. La Organización de la Conferencia Islámica, que cuenta con 58 países entre sus miembros, emitió un comunicado condenando el hecho, calificándolo como un “ataque terrorista”. La publicación internacional en árabe, Al-Hayat,  editada en Londres, dijo que los ataques fueron perpetrados por un extremista cristiano que deploró el Islam y el pluralismo cultural de Europa.  Por supuesto, Israel fue objetivo también de la propaganda árabe.  El sitio web de Al Jazeera, publicó el comentario de un lector llamado Omar Alí  que decía que “ Los sionistas perpetraron el ataque para castigar a Noruega por el apoyo a Gaza. ” Otro comentarista dijo que era claro para él que una agencia de inteligencia, como el Mossad o la CIA,  estaba detrás del ataque. Un lector de Jordania, acusó a la EE.UU., y agregó que “como siempre, la inteligencia estadounidense está presionando a Noruega para declarar que los musulmanes llevaron a cabo el atentado.”
Verbigracia; en un acto que los psicoanalistas denominan transferencia, los musulmanes radicales, responsables de la mayoría de atentados terroristas que suceden en el mundo, con la justificación en el Corán y algunos hadices , pretenden endilgar a cristianos,  judíos e Israel, los crímenes que ellos cometen,  apelando a una burda victimización.

FUENTE:  RKpress

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