Jerusalen,año 1925

por as1944
[youtube:http://youtu.be/FPx5rM4yQ-8%5D

 

Les films originaux se trouvent à Boulogne-Billancourt au Musée Albert Kahn

One Comment to “Jerusalen,año 1925”

  1. LA HISTORICA JERUSALEN LA CAPITAL DE ISRAEL.

    Jerusalén es una de las ciudades más antiguas del mundo, habitada por los hebreos.

    Después de 400 años de esclavitud, los israelitas fueron conducidos a la libertad por Moisés, quien, de acuerdo a la narración bíblica, fue elegido por Dios para sacar a su pueblo de Egipto y retornarlo a la Tierra de Israel prometida a sus antepasados (cerca de los siglos XIII-XII AEC). Durante 40 años deambularon por el desierto de Sinaí, donde se forjaron como nación y recibieron la Toráh (Pentateuco), que incluyó los Diez Mandamientos y dio forma y contenido a su fe monoteísta. El éxodo de Egipto (cerca 1300 AEC) dejó una marca imborrable en la memoria nacional del pueblo judío y pasó a ser el símbolo de la libertad y la redención. Año a año los judíos celebran Pésaj (Pascua), Shavuot (Pentecostés) y Sucot (la Fiesta de los Tabernáculos), para conmemorar los eventos ocurridos en ese tiempo. Durante los siguientes dos siglos, los israelitas conquistaron gran parte de la Tierra y abandonaron sus costumbres nómadas, transformándose en campesinos y artesanos; se logró un cierto nivel de consolidación social y económica. Períodos de relativa paz fueron interrumpidos por tiempos de guerra en los que el pueblo fue dirigido por lideres conocidos como “jueces”, elegidos por sus capacidades políticas y militares, así como por su habilidad de liderazgo. La debilidad inherente de su organización tribal frente a la amenaza planteada por los filisteos (un pueblo marítimo de Asia Menor que se estableció en la costa mediterránea del país) generó la necesidad de un gobernante que pudiera unir a las tribus y convirtiera su posición en una institución permanente, cuya autoridad se sucediera por herencia. Pensadores religiosos y carismáticos individuos que eran considerados dotados de un don divino de revelación, predicaron en el período de la monarquía hasta un siglo después de la destrucción de Jerusalem (586 AEC). Ya sea como asesores de los reyes en asuntos relacionados con religión, ética y política, o como sus críticos, bajo la primacía de la relación entre el individuo y Dios, los profetas eran guiados por la firme convicción de la necesidad de justicia, y emitieron enérgicas censuras respecto a la moralidad de la vida nacional judía. Sus experiencias revelatorias fueron registradas en sus libros de inspirada prosa y poesía, muchos de los cuales fueron incorporados a la Biblia. El llamado universal y permanente de los profetas deriva de su apelación a una consideración fundamental de valores humanos. Palabras como del profeta:, Aprended a hacer el bien; buscad el juicio, restituid al agraviado, haced justicia al huérfano, amparad a la viuda, (Isaías 1:17) siguen nutriendo a la humanidad en su búsqueda por una justicia social. El reinado de Salomón se deterioró hacia el final por el descontento de parte de la población que debía pagar fuertes tributos por sus ambiciosos proyectos. Al mismo tiempo, el trato preferencial que recibía su propia tribu produjo la irritación de las demás, lo que provocó un creciente antagonismo entre la monarquía y los separatistas tribales. Después de la muerte de Salomón (930 AEC), una insurrección abierta condujo a la separación de las diez tribus del norte y a la división del país en un reino norte: Israel, y un reino sur: Judea, en el territorio de las tribus de Judá y Benjamín. 1ª Reyes 11: 26También Jeroboam hijo de Nabat, efrateo de Sereda, siervo de Salomón, cuya madre se llamaba Zerúa, la cual era viuda, alzó su mano contra el rey. 27La causa por la cual éste alzó su mano contra el rey fue esta: Salomón, edificando a Milo, cerró el portillo de la ciudad de David su padre. 28Y este varón Jeroboam era valiente y esforzado; y viendo Salomón al joven que era hombre activo, le encomendó todo el cargo de la casa de José. 29Aconteció, pues, en aquel tiempo, que saliendo Jeroboam de Jerusalén, le encontró en el camino el profeta Ahías silonita, y éste estaba cubierto con una capa nueva; y estaban ellos dos solos en el campo. 30Y tomando Ahías la capa nueva que tenía sobre sí, la rompió en doce pedazos, 31y dijo a Jeroboam: Toma para ti los diez pedazos; porque así dijo Jehová Dios de Israel: He aquí que yo rompo el reino de la mano de Salomón, y a ti te daré diez tribus; 32y él tendrá una tribu por amor a David mi siervo, y por amor a Jerusalén, ciudad que yo he elegido de todas las tribus de Israel; 33por cuanto me han dejado, y han adorado a Astoret diosa de los sidonios, a Quemos dios de Moab, y a Moloc dios de los hijos de Amón; y no han andado en mis caminos para hacer lo recto delante de mis ojos, y mis estatutos y mis decretos, como hizo David su padre. Según el relato biblico, la división del reino es por mandato divino, en pocas palabras, por no guardar los mandamientos. En Jerusalen, quedaron la tribu de Judá (poder político) la de benjamin (poder militar) y la de Leví (sin consideración de tribu, poder religioso); es decir, los Poderes Fácticos que oprimían al pueblo. El reino de Israel, con su capital Samaria, duró más de 200 años bajo 19 reyes, mientras que el reino de Judea, fue gobernado desde Jerusalem durante 400 años por un número igual de reyes de la casa de David. La expansión de los imperios asirio y babilonio conquistó primero a Israel y después a Judea. El reino de Israel fue vencido por los asirios (722 AEC) y su pueblo fue llevado al exilio y al olvido. Más de cien años después, Babilonia conquistó el reino de Judea, exilió a la mayoría de sus habitantes, destruyó Jerusalem y el Templo (586 AEC). En el año 73 E.C. cerca de 1.000 hombres, mujeres y niños que sobrevivieron la caída de Jerusalem ocuparon y fortificaron el complejo del palacio de Herodes en Masada, ubicado en la cumbre de un monte cerca del Mar Muerto, donde durante tres años resistieron los repetidos intentos romanos para desalojarlos. Cuando los romanos finalmente escalaron Masada e irrumpieron dentro de sus muros, descubrieron que los defensores y sus familias habían preferido darse muerte con sus propias manos que someterse a la esclavitud. La destrucción total de Jerusalem y del Templo fue catastrófica para el pueblo judío. De acuerdo al historiador judío de la época Flavio Josefo, cientos de miles de judíos perecieron en el asedio a Jerusalem y en distintas partes del país, y muchos miles fueron vendidos como esclavos. Un último breve período de soberanía judía siguió a la revuelta de Shimón Bar Kojbá (132), durante la cual se recobraron Judea y Jerusalem. Sin embargo, dado el enorme poderío de los romanos, el resultado fue inevitable. Al término de tres años, conforme a la costumbre romana, Jerusalem fue “arada con una yunta de bueyes”; Judea fue llamada Palaestina, y Jerusalem, Aelia Capitolina. Aunque el Templo fue destruido y Jerusalem quemada La descripción de la biblia es breve y nos deja un espacio para la imaginación. Cuatro versículos nos describen de forma telegráfica la historia del pueblo de Israel: “Y el rey y sus hombres fueron a Jerusalem contra los jebuseos, los habitantes de la tierra. Que hablaron a David diciendo: No entrarás aquí… Sin embargo David tomó la fortaleza de Sion la ciudad de David… Y David residió en la fortaleza y la llamó ciudad de David” (Samuel II, 5:6 en adelante). Jerusalem se torna capital de Israel. Cabe destacar que la fortaleza destacada en estos versículos es la fuente del nombre de “la fortaleza de David” o “la torre de David”, punto turístico popular en Jerusalem, pero la fortaleza de David de la Biblia se encuentra en la “Ciudad de David” a los pies del monte del Templo de nuestros días. Los jebuseos, que su destino no es conocido, desaparecen de Jerusalem. El primer rey, Saúl (cerca 1020 AEC), cubrió el período entre la pérdida de la organización tribal y el establecimiento de una monarquía plena por parte de su sucesor, David. El rey David (1004-965 AEC) convirtió a Israel en una importante potencia de la región, por medio de exitosas expediciones militares, inflingiendo la derrota final a los filisteos, así como a través de una red de amistosas alianzas con los reinos vecinos. Como resultado de esto, su autoridad fue reconocida desde las fronteras de Egipto y el Mar Rojo hasta las riberas del Eufrates. En lo interior, unió a las doce tribus de Israel en un solo reino, colocando a Jerusalem y la monarquía en el centro de la vida nacional del país. La tradición bíblica describe a David como poeta y músico, cuyos versos aparecen en el Libro de los Salmos. David fue sucedido por su hijo Salomón (965-930 AEC), quien reforzó aún más el reino. Por medio de tratados con los reyes vecinos y matrimonios con fines políticos, Salomón aseguró la tranquilidad dentro de las fronteras del reino y lo igualó a las grandes potencias de la época. Expandió el comercio exterior y promovió la prosperidad económica del país, desarrollando importantes empresas como las minas de cobre y la fundición de metales, a la vez que establecía nuevas ciudades y fortificaba otras, de importancia estratégica y económica. La coronación de las actividades constructoras de Salomón en Jerusalem fueron el palacio real y el Templo, que pasó a ser el centro de la vida nacional y religiosa del país. La Biblia atribuye a Salomón el Libro de los Proverbios y el Cantar de los Cantares. Jerusalem fue muy importante para el pueblo de Israel ya que fue respetada y sobre todo que fue el lugar donde el pueblo iba a alabar y a glorificar el nombre de Dios porque ahí se construyó el templo de Dios (2º de Crónicas 6:1-6) Fue el centro religioso de la nación y ahí reinó David siendo bendecido por Dios, logrando ser un gobierno estable y muy próspero en todos los aspectos. Sin embargo esa ciudad de Dios (Salmo 87:3) con el tiempo sucumbió a causa del pecado del pueblo y vino un gran sufrimiento siendo la ciudad de Jerusalem destruida por los Caldeos (2º de Crónicas 36:17-19) Pero ahora les costaría el doble de trabajo levantar la ciudad. Nehemías 2:17 nos narra los tiempos difíciles que les esperaban, pero el Eterno estaba allí para ayudarles y dirigirlos. Jerusalem era una ciudad jebusea cuando el pueblo de Israel la conquistó. Al leer el libro de Josué aprendemos que el rey de Jerusalem estaba a cargo del pacto de los cinco reyes, que querían castigar a los guibeonitas por haberse rendido ante los israelitas. Ioshua Bin Nun y su ejército triunfaron a los reyes del pacto y a sus soldados y fueron derrotados en el flanco del valle de Aialon (Ajalon), en el lugar que aconteció el milagro de “Sol, detente en Gabaón, y tu luna, en el valle de Aialon” (Josué10:12). El origen preciso del nombre hebreo Jerusalén significaría literalmente «casa de la paz». Esto puede deberse a que generalmente es conocido como la tierra de Dios. En el siglo XI a. C. el rey judío David conquistó la ciudad de Jebus, bastión del pueblo jebuseo, uno de los que habitaban Canaán. El bastión estaba fortificado con sólidos muros que lo rodeaban. El rey David se instaló allí y la renombró Ir David (La ciudad de David). Este lugar está ubicado actualmente al sudoeste de la actual Ciudad Vieja y es llamado la Colina Ophel. El hijo de David, salomon, extendió la construcción de los muros y además edificó el templo que llevó su nombre. La ciudad pasó a llamarse Ir Salomon (la Ciudad de Salomón) llamada en la Biblia, Jerusalén. A la muerte de Salomón hacia 962 a.C acaeció un cisma en el pueblo judío y se formaron dos estados: Israel, con capital en Samaria y Judá, cuya capital era Jerusalén. EL rey David convertió a Jerusalem en la capital de su reino, así como en el centro religioso del pueblo judío, en el año 1003 AEC. Unos 40 años más tarde, su hijo Salomón construyó el Templo (el centro nacional y religioso del pueblo de Israel) y transformó la cludad en la próspera capital de un imperio que se extendía desde el Eufrates hasta Egipto La ciudad resistió a través de los años los ataques de sus poderosos vecinos, pasando también por diversas etapas de vasallaje hasta el año 587 a. C. durante el reinado del último rey de Judá, Sedecías, cuando fue conquistada y arrasada por el rey Nabucodonosor II. El reino de Judá pasó a ser una provincia del Imperio Babilónico (o Imperio Caldeo) y la mayoría de la clase regente judía sería enviada al destierro en Babilonia. En el año 537 a. C. el rey persa Ciro II el Grande conquistó el Imperio Babilónico y permitió el regreso de las comunidades judías deportadas, a la provincia de Judá; éstas regresaron a Jerusalén y reconstruyeron la ciudad y el Templo de Salomón. En 332 a. C. Alejandro Magno conquistó el Imperio persa y la ciudad no sufrió destrucciones. A la muerte de Alejandro, Judá (o Judea) y Jerusalén pasaron a formar parte del Imperio seléucida, el que a su vez sería anexado al Imperio romano el 64 a. C. por el general romano Cneo Pompeyo Magno, después de derrotar a dicho Imperio. Jerusalén sufrió el asedio y la conquista romana, con su anexión al Imperio. El año 21 a.C el rey Herodes el Grande restauró la ciudad y el Templo, existiendo aún en pie una parte llamada el Muro de las Lamentaciones, de gran importancia en la religión judía. El destino de Jerusalén siguió ligado a sucesivas conquistas y conflictos, formando parte del Imperio Romano de Oriente o Imperio bizantino, dentro del cual fue una de las cuatro sedes de importancia religiosa doctrinal del cristianismo, junto con Constantinopla, Antioquía y Alejandría.La rebelión judía contra Roma estalló en el año 66 EC, al transformarse el dominio romano, después de la muerte de Herodes, en sumamente opresivo. Por unos pocos años, Jerusalem estuvo libre de dominio extranjero, hasta que, en el año 70 EC, legiones romanas mandadas por Tito conquistaron la ciudad y destruyeron el Templo. La independencia judía fue brevemente reinstaurada durante la rebelión de Bar Cojba (132 – 135), pero nuevamente vencieron los romanos. Se prohibió a los judíos la entrada a la ciudad, que fue redenominada Aelia Capitolina, y reconstruida de acuerdo a los patrones de una ciudad romana. Jerusalem comenzó a florecer nuevamente en la segunda mitad del siglo XIX. El creciente número de judíos que retornaba a su tierra, la decadencia del poder otomano y el revitalizado interés europeo en la Tierra Santa llevaron a un renovado desarrollo de Jerusalem. El ejercito britanico mandado por el general Allenby conquistó Jerusalem en 1917. Entre 1922 y 1948 Jerusalem fue la sede administrativa de las autoridades británicas en la Tierra de Israel (Palestina), que le fue confiada a Gran Bretaña por la Liga de las Naciones como consecuencia del desmantelamiento del imperio otomano después de la Primera Guerra Mundial. La ciudad se desarrolló rápidamente, creciendo hacia el oeste, en lo que pasó a ser conocido como “la Ciudad Nueva”. Después del término del Mandato Británico el 14 de mayo de 1948, y de acuerdo a la resolución de las Naciones Unidas del 29 de noviembre de 1947, Israel proclamó su independencia, con Jerusalem como su capital. Opuestos a su establecimiento, los paises árabes iniciaron un ataque total al nuevo estado, provocando así la Guerra de Independencia de 1948-49. Las líneas de armisticio, trazadas al término de la guerra, dividieron a Jerusalem en dos, ocupando Jordania la Ciudad Vieja y algunas áreas al norte y al sur, y manteniendo Israel los sectores Occidental y sur de la ciudad. Israel proclamó a Jerusalén capital de Estado en 1950, e instaló allí la sede de la residencia presidencial, el Parlamento israelí (Kneset), la Corte Suprema y otras instituciones administrativas. Como la ciudad había sido dividida Luego de años convulsionados Jerusalem consiguió un descanso bajo el gobierno de Iojanan Orkenus y Alexander Ianai cuyo lema principal era la impulsiva construcción. Jerusalem se expandió para el occidente y en su superficie fue integrada “la ciudad alta” un apodo especial a la colina occidental en la cual se encuentra hoy en día el barrio judío y el armenio. La colina occidental estaba rodeada de murallas fuertes y nuevas, “la primera muralla” que rodeaba “la ciudad de David” y la “ciudad alta”. Pero el mundo se encontraba en cambios. Roma se hizo cargo de los portones del oriente. La guerra entre hermanos que estalló entre los herederos de Alejandro Magno sirvió como una grata oportunidad para Pompius, general romano en el oriente, gobernar en el año 63 A.E.C sobre la tierra de Israel. Fraudes e intrigas de aquellos que anhelaban gobernar llevaron a dar el cargo a Herodes, un judío de origen edomita, como rey judío bajo el imperio romano. Al finalizar en período del mandato británico los judíos y los árabes lucharon por gobernar en Jerusalem. En la época de la guerra de la independencia los árabes sitiaron al ciudad, había escasez de alimentos, agua, medicamentos y municiones. En el año 1949, al firmarse un acuerdo de cese de fuego, Jerusalem fue dividida. La ciudad vieja, incluyendo al barrio judío, quedó fuera de los límites de la ciudad hebrea. En 10 de diciembre de 1949 el gobierno de Israel decidió convertir a Jerusalem en la capital oficial del estado de Israel. David Ben Gurion declaró “Jerusalem es una parte inseparable del estado de Israel y es su eterna capital”. En la Jerusalem occidental, capital de Israel se establecieron las instituciones del estado: la morada del presidente, la kneset, las oficinas de gobierno, establecimientos culturales y gubernamentales, el museo de Israel, Iad Vashem – museo del holocausto, el monte de Hertzel – cementerio de próceres israelíes y cementerio militar de los combatientes en las guerras de Israel. En junio de 1967 estalló la guerra de los Seis Días. Las fuerzas de Tzaal penetraron al barrio judío por el portón de los León y se apoderaron de ella. La pared divisoria entre las dos partes de la ciudad que existió por diecinueve años fue derribada y Jerusalem con sus problemas y dificultades se convirtió en una sola ciudad. La montana del Templo y el Kotel Hamaarabi quedaban nuevamente bajo gobierno judío. Jerusalem fue reunificada en junio de 1967, como resultado de una guerra en la que los jordanos intentaron apoderarse de la parte occidental de la ciudad. El barrio judío en la Ciudad Vieja, que fuera destruido bajo la dominación jordana, ha sido restaurado y ciudadanos israelíes pueden nuevamente visitar sus lugares santos, cosa que les fuera negada entre 1948 y 1967. El modelo de la Jerusalem moderna, que se encuentra en el edificio principal de la Municipalidad de Jerusalem es tan realista que cuando se lo mira, inmediatamente se ubica una calle determinada e incluso un edificio específico. Como miniaturas, los autobuses, los automóviles y los árboles presentan una imagen liliputiense de la palpitante ciudad, dándole un aura de realidad. En este modelo a escala 1:500, incluso la altura de los árboles es proporcional a los verdaderos que crecen en Jerusalem. Luego del primer entusiasmo de los israelíes y del primer impacto y la introspección realizada por los árabes – llegaron los días cotidianos a la ciudad. Jerusalem era una sola ciudad, los dirigentes del estado realizaron lo imposible para reunificarla, pero no todo tuvo éxito. Casi todos los judíos apoyaron la unificación de Jerusalem y descartaron toda posibilidad de volver a la situación anterior. Los árabes residentes en Jerusalem y los jordanos, que gobernaban en Jerusalem oriental hasta principios de junio de 1967, y así también todos los estados árabes, no aceptaban el gobierno israelí en Jerusalem. Ellos declaraban que Jerusalem oriental debía volver a la brevedad posible a sus manos. Hussein el rey de Jordán declaró que su decisión de no ceder su reinado en Jerusalem es terminante. La unificación de Jerusalem trajo consigo un gran impulso de desarrollo. Nuevos barrios se comenzaron a crear sobre las colinas que rodean la ciudad en el sur, este y norte. La construcción judía en cantidades respondía a las necesidad de una población judía en crecimiento, más no se descartaba la posibilidad de volver a dividir a Jerusalem. Para la expansión fueron necesarios extensos terrenos de árabes y judíos. También el desarrollo de la construcción árabe en Jerusalem y su periferia tuvieron grandes consecuencias políticas – para los árabes como para judíos. Los focos de construcción árabe fueron en el norte entre Ramala y Shuaafat, Ba Raam, Kalandie y Bir Nabala, en el este de la ciudad El Azaria, Abu Dis y Isauia, en el sur la zona de Bet Zajur. La capital del pueblo de Israel que fue en la época de David y Salomón, hace 3000 años , volvió a ser capital con el comienzo de la creación del estado. En Jerusalem se encuentran hoy en día la mayoría de organizaciones estatales: la morada del presidente de Israel, las organizaciones gubernamentales en Givat Ram y ahí la Kneset, las oficinas de gobierno y de banco de Israel, cerca a ellos el Palacio de Justicia, una construcción cuya peculiaridad arquitectónica denota el honor y la nobleza del poder judicial. A raíz de la unificación de la ciudad se construyó en la parte este una cantidad de edificaciones pertenecientes al gobierno, entre ellos el cuartel general de la policía, tribunal de alzada, cerca del monte Scopus se construyó un barrio y en el oficinas del estado. También se traslado la organización obrera a Jerusalem. Otros lugares de gran importancia nacional están dispersados en Jerusalem. En el monte de Hertzel el lugar donde está enterrado el visionario del estado judío y la parcela de los próceres de estado, cerca del cementerio militar central, se realizan los actos centrales del día de recuerdo a los caídos en las batallas de Tzaal y el acto del día de la independencia. No lejos de ahí se encuentra “Iad Vashem” ubicado en el monte de recuerdo, lugar de recuerdo a los mártires del holocausto. Los visitantes de estado, ciudadanos del país, y turistas se encuentran con las más terribles de las desgracias que le acontecieron al pueblo judío. Cada año se realizan actos de recordación centrales en el día del holocausto y del heroísmo. Hemos visto su historia, una historia trágica por la cual ha pasado como fue la destrucción de la ciudad en el año 70 d.C. y su diáspora por todo el mundo por causa de su pecado. También fueron los protagonistas del holocausto más grande y terrible que la humanidad haya tenido como fue la muerte de casi seis millones de judíos durante la Segunda Guerra Mundial (años 1939-1945) El profeta Ezequiel sufrió al igual que Jeremías (Jer 37:15-16) en carne propia las consecuencias de ser el enviado de Dios para anunciarle al pueblo sus abominaciones y las malas nuevas y tristezas que se les avecinaban, por tanta rebelión y desobediencia al Padre Santo; quien en su amor infinito los había colmado de tantas bendiciones. Incluso—y aunque pareciera injusto si no miramos a la eternidad y Plan del Creador—perdió a su bella mujer, quien era “el deseo de sus ojos” (Ez 24:24-27); como si Dios mostrándole a Israel, que era propiamente dicho la niña de sus ojos, el que iba a ser desnudada, violada y destruida por las tropas de Nabucodonosor. Añadiendo más sufrimiento al profeta, y al ver que ignoraban su mensaje, Dios hace que quedara mudo del todo, como señal hasta que su profecía se hiciera realidad. Una vez cumplido lo profetizado su habla le fue devuelta (Ez 33:21-22). Jerusalem ha sido un sinónimo de conflictos, sitios, guerras y batallas. Hoy día es la capital del Estado de Israel cuya existencia misma se ha visto amenazada por conflictos con las naciones vecinas. vez tras vez las naciones vecinas árabes han querido desaparecer al pueblo de Israel y no lo han logrado.

    ABEL REYES TELLEZ.

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