Más precisiones sobre PERROS E ISLAM.

por as1944

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           La dirección

Fue narrado de Abu Hurayrah (que Allah esté complacido con él) que el Profeta (la paz y las bendiciones desciendan sobre él) dijo: “Al que tenga un perro, salvo que sea para el pastoreo, la caza o la crianza de animales, se le quitará un qiraat de su recompensa por día”. Narrado por Muslim, 1575. 

Se narró que ‘Abd-Allaah ibn ‘Umar (que Allah esté complacido con él) dijo: El Mensajero de Allah (la paz y las bendiciones desciendan sobre él) expresó: “Al que tenga un perro, salvo que sea para el pastoreo del ganado, o un perro entrenado para la caza, se le quitarán dos qiraat de su recompensa por día”. Narrado por al-Bujari, 5163; Muslim, 1574. 

Source Islam QA

 

El hombre con el perro de Ciegos del Reino Unido expulsado del bus porque los musulmanes se sintieron ofendidos

 

Sangre, pasión y negocio en las peleas

Diario Vasco – 22 Abr 2012


Fawad Peikar

Kapisa (Afganistán), 22 abr (EFE).- El viernes, día sagrado del islam, es también el día de las peleas de perros en las colinas de Mir Bacha Koot, en el norte afgano, donde se congregan cientos de aficionados indiferentes a los intentos oficiales por prohibirlas.
Todas las semanas, en esta zona de la provincia de Kapisa, se enfrentan, a menudo hasta la muerte y de manera sangrienta, entre diez y veinte perros, mientras el público se dedica a apostar por la victoria de su can favorito.
“Empecé a entrenar perros de lucha cuando tenía diez años”, cuenta a Efe el criador Wahidulá Rahimi, de 30 años, que posee cinco y que explica que “las apuestas pueden llegar a ser de 10.000 dólares”.
“Para mí esta es una manera de lograr ingresos, pero al mismo tiempo la verdad es que disfruto con el juego”, añade.
Rahimi lleva sus perros cada semana a las colinas de Mir Bacha Kot, a la que suelen desplazarse personas de bajo estatus social, pero también empresarios o policías venidos desde distintos puntos del país solo para presenciar las peleas.
Una vez allí, el combate tiene lugar en un área circular.
Rahimi aguarda en ella con uno de sus canes, mientras un árbitro canta su desafío: “este perro -grita- está listo para luchar, quien quiera enfrentarlo con el suyo que venga a esta plataforma”.
Pocos minutos después, el criador ya tiene un rival, Haji Barat, quien aparece con su perro presto para dejar que los animales luchen, mientras los curiosos se empujan para presenciar el espectáculo.
El árbitro se asegura de que ambos canes están situados uno frente al otro y coloca una tela verde entre los dos, que levanta de repente para que comience la pelea sobre el terreno polvoriento.
“Vamos, tigre, muerde, no dejes que se escape”, grita Rahimi, mientras su rival tira de la cola a su perro para, cuenta después a Efe, estimularlo y que ataque más rápido.
A su alrededor, la multitud, entre la que hay muchos apostadores, jalea con ahínco a su can preferido, mientras el árbitro no duda en insultar a aquellos que, en su intento por ver más de cerca el espectáculo, entran en la zona del combate.
Paradójicamente hastiada por las guerras interminables que ha sufrido el país a lo largo de su historia, la cultura afgana se precia de su carácter indómito y de su admiración por el arte y la naturaleza de la lucha.
Esto explica en parte que las peleas de animales -gallos, perros, o, más raramente, camellos o toros- gocen de tanta salud en la vida afgana, por mucho que fueran prohibidas por su carácter antiislámico durante el régimen integrista de los talibanes (1996-2001).
El perro de Rahimi tarda diez minutos en dar cuenta de su oponente y ni siquiera lo deja irse, hasta que el árbitro logra introducir un palo entre sus dientes para que el can derrotado quede finalmente, aunque herido, libre.
Y alrededor del propietario vencedor se arremolinan enseguida sus amigos y partidarios para felicitarlo.
“Cada perro cuesta entre 2.000 y 10.000 dólares, así que no es de extrañar que los propietarios sean en su mayoría líderes milicianos, gente rica que se puede permitir la manutención de los combatientes”, afirma a Efe Rahimi.
Los cuidadores someten a sus perros a un plan de entrenamiento, que consiste en carreras y escalada de montaña, y les alimentan con comida especialmente energética en un país donde una gran parte de la población sufre malnutrición…

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