SHOÁ

por Arturo

Unos buenos amigos me enviaban ayer unas fotos sobre la Shoá. Son, estas, fechas en las que vuelve el dolor y la amargura por todo lo sucedido hace setenta años. Aún cuando ese doloroso pasaje de la Historia siempre lo tenemos presente.

A su pregunta acerca de si yo sentía horror ante la imagen de este pobre hombre que sin duda en muy breve iba a ser trasladado a un campo de exterminio, me hizo esbozar la respuesta que seguida a la foto incluyo. Hoy me han respondido, diciéndome que esas palabras son de las mejores mías que han leído, y que no es justo que no las de a conocer.

Luego, meditando sobre sus palabras, he llegado a la conclusión de que la imagen existente de miedo y de oscuridad de ese tremendo episodio de la Historia que fue la Shoá es la peor de las ofrendas que podemos hacer a todas esas víctimas. Sus almas no merecen que las asociemos a sentimientos de repulsión. Sus almas merecen el más sincero de nuestros sentimientos, esos que sin duda son puestos en nuestras almas por la Mano del Eterno. Dolor, amargura, piedad, lágrimas, Amor, y bendecirles y rogar por ellos en cada instante de nuestras vidas… esos creo que sí que son los sentimientos que ante esas imágenes de personas y niños asesinados por la barbarie y la locura más dramáticas, debemos sentir.

Mi respuesta fue; “…Yo no veo exactamente horror, queridos amigos. Veo el dolor, y lo siento. Veo la tristeza, y la siento. Veo la amargura, y la siento, Veo la barbarie, y la maldigo. Veo la locura, y me da miedo. Pero horror… debe ser por la diferencia entre idiomas… el horror no cabe entre estas benditas personas a las que se robó la vida.

Sentir horror ante un cuerpo carbonizado de un niño le resta dignidad al mismo. Dolor… dolor todo el del mundo. Dejar de mirar ese cuerpo que ayer andaba jugando con sus amiguitos, por causa del desagrado a la vista, nunca. Si debemos sufrir al pensar lo que pudo sentir ese niño, eso es un regalo de D-os porque en eso tiene que hacernos sensibles. Para así hacernos mejores.

Jamás sentiré horror ante las imágenes de la Shoá. Jamás. Siempre miraré todos esos cuerpos cruelmente asesinados como lo que realmente son, testimonio de que hubo un alma judía en ellos.

Horror sentiré si algún día vienen a por mí. Ese horror seguro que me dará fuerzas para que mi cuerpo físico saque lo que en condiciones normales no saca.

Tal vez sea por mi manera de ser. No creo que me pueda sentir horrorizado ante nada, porque predominará en mi la firmeza para encararme a quien sea responsable de esa situación.

Cuando yo hablo de que una imagen es terrible, no empleo la palabra adecuada. Porque con esa expresión me refiero realmente a que es inmensamente dolorosa, inmensamente cruel.

Terror puedo sentir cuando en una película de terror se producen situaciones a tal efecto. Cuando de repente se apaga la luz dejándolo todo a oscuras porque el ángel caido va a actuar sobre la persona en cuestión.

Terror y horror son dos cosas demasiado mundanas que prefiero no utilizar al referirme a la dolorisísima Shoá,

En esta foto… no veo horror. Sólo imposibilidad, amargura, pero ante todo, mucha dignidad y fe en el Eterno. Lo que me deja sorprendido es la cara risueña del loco que hay detrás.

Quien ame a la Humanidad, quien ame a un sólo niño, nunca podrá dejar de llorar por todo lo sucedido.

Nunca más debe suceder algo igual. Ni a menor escala. Nunca.

Shavua tov, amigos.”

Benditos niños de la Shoá, tragedia dolorosísima para sus padres y para toda la Humanidad…

Por todos ellos, por su bendita memoria, es nuestra obligación y deber luchar para que esto nunca más vuelva a suceder. Y lo primero que necesitamos es que Israel continúe resistiendo frente a la Maldad y la brutalidad de aquellos que en nombre de una deidad tergiversada intentan destruirle.

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