Obama vence a Romney en el tercer y último debate televisivo

por bajurtov

Romney aparece moderado ante un Obama duro en política exterior

A los estadounidenses apenas les preocupa la política exterior. Sólo un 4% piensa que es el asunto más importante en las elecciones de noviembre y los candidatos apenas lo mencionan en sus actos de campaña. Pero Barack Obama y Mitt Romney debatieron en Boca Ratón durante 90 minutos sobre el programa nuclear iraní, el gasto militar o la Primavera Árabe. Aunque hicieron lo posible por desviar el rumbo hacia los asuntos que de verdad definirán el resultado electoral: el desempleo, la economía y el endeudamiento del Estado.

El presidente hizo todo lo posible por presentarse como un líder fuerte y desmentir a quienes le acusan de llevar a Estados Unidos a abdicar de su liderazgo global. El aspirante republicano se esforzó por convencer al electorado de que no es un “halcón” con el gatillo fácil y que no tiene ganas de emprender una intervención como las de Irak y Afganistán. Obama se presentó como un segundo George W. Bush y Romney abjuró del legado de quien sigue siendo un presidente muy impopular.

El sondeo inmediato de la CNN indicó un triunfo a los puntos de Obama (48%) sobre Romney (40%). Pero un porcentaje muy similar de espectadores otorgó al presidente y al aspirante la preparación necesaria para ejercer como comandante en jefe. Un signo de que el candidato republicano aprobó el examen en asunto que apenas interesa en esta campaña electoral.

“No queremos otro Irak. No queremos otro Afganistán. Ése no es el camino correcto para nosotros”, dijo el aspirante republicano, que se mostró de acuerdo con el presidente en el uso de aviones no tripulados en la lucha contra Al Qaeda y en la fecha elegida (2014) para concluir la misión en Afganistán.

En busca de las contradicciones

Al contrario que en el primer debate, Obama no asistió impasible a la metamorfosis de Romney. Le recordó sus palabras más belicosas y le acusó varias veces de faltar a la verdad. “Usted dice que no le interesa duplicar lo que ocurrió en Irak. Pero usted dijo que deberíamos tener más tropas en Irak y que no deberíamos tener un calendario de retirada en Afganistán. Ahora dice que quizás o que depende. Lo que quiere decir no sólo que usted no estaba en lo cierto sino que estaba enviando mensajes confusos a nuestras tropas y a nuestros aliados”.

Obama se presentó en su primera frase como “comandante en jefe” y enseguida mencionó la muerte de Osama bin Laden, que todos aquí reconocen como su mayor logro en política exterior. El presidente estuvo más suelto y citó varias anécdotas relevantes que recordaron a los ciudadanos que estos años le han preparado para gestionar cualquier imprevisto en el exterior.

Romney se anduvo con tiento a la hora de apuntar contra el presidente. En parte porque no quería quedar como una criatura de los neoconservadores y en parte porque cualquier exceso habría insinuado que no estaba preparado para gestionar la política exterior: uno de los pocos asuntos donde los poderes del presidente son ilimitados y donde cualquier decisión importante depende del criterio del inquilino de la Casa Blanca.

Europa, ausente

Se suponía que el atentado de Bengasi y la posibilidad de abrir negociaciones serían los asuntos decisivos del debate pero no fue así. Básicamente porque Romney prefirió actuar con cautela y no lanzar un ataque frontal contra el presidente. Creyó que era mejor credibilidad que ganar el debate. Quizá por eso los sondeos señalan que lo perdió.

No hubo palabras sobre la crisis del euro, el narco mexicano o Corea del Norte y sí muchas sobre Oriente Próximo, que sigue siendo la región de referencia en cualquier campaña electoral. Romney acusó a Obama de no gestionar bien los sucesos de la Primavera Árabe y volvió a presentarlo como un líder propenso a pedir disculpas por los errores de su predecesor. Obama respondió recordando su viaje a Israel como candidato y comparándolo con el de su adversario: “Yo no me llevé a donantes ni asistí a eventos para recaudar fondos. Me fui al Museo del Holocausto para recordar la naturaleza del mal y por qué nuestro lazo con Israel es irrompible”.

Eran palabras que Obama dirigía a los votantes judíos de Florida. Pero también a quienes le acusan de titubear en su respaldo a un posible ataque israelí a las instalaciones nucleares del régimen de Teherán. “Un Irán nuclear es una amenaza a nuestra seguridad nacional y una amenaza contra la seguridad nacional de Israel. No podemos permitirnos tener una carrera nuclear en la región más volátil del mundo”, dijo Obama, que ha mantenido una relación difícil con el premier israelí Benjamin Netanyahu durante sus años en la Casa Blanca.

Fuente El Mundo

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