BASHAR AL-ASSAD Y SU INTERPRETACIÓN DEL APOCALIPSIS…

por writeintheglobaljungle.com

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ALFONSO M. BECKER

ALFONSO M. BECKER

¿EL FIN DE AL-ASSAD?

 

MIAMIDIARIO.COM

En esta última semana, el comandante en jefe de las fuerzas sirias, Bashar Al-Assad, se ha reunido con su Estado Mayor en sitios secretos, bajo tierra, desconocidos por la inteligencia occidental. Allí, el dictador, le ha explicado a los suyos, a los incondicionales, que tienen cuatro salidas: 1.-correr como cobardes y ser degollados por la turba, 2.-esconderse como ratas y ser encontrados por caza-recompensas para luego ser ahorcados, 3.- rendirse sin ninguna garantía ni posibilidad de salvar la vida y 4.-morir luchando y haciendo el máximo daño a los enemigos…

El arte de la guerra hoy, no tiene la misma lectura que cuando Sun Tzu lo escribió allá por el siglo IV antes de la era común ni tampoco cuando los europeos lo leímos en el siglo XVIII pues se escribió para gestionar conflictos o ganar una batalla y toda la poesía que puede encontrarse en un texto de gran profundidad taoísta requiere de un gran conocimiento del confucionismo, del budismo japonés y de la religión china para interpretar un universo oriental que todavía Occidente no ha sido capaz de descifrar en sus múltiples variedades y en su versión expandida por lo que hoy conocemos como oriente próximo.

Para que norteamericanos y europeos se vayan preparando para un hipotético enfrentamiento militar con el llamado Oriente, baste decir que la comunicación con un una cultura que ha elegido un camino con distinta dirección y sentido es prácticamente imposible pues una lengua común nunca podrá encerrar el camino, la vía, el método o la doctrina que lleva a una gran parte de los seres humanos a interpretar el mundo como “le dicta” su cultura, una indescifrable sopa de letras salpimentada con el catecismo religioso que siempre ha encontrado la “receta” para satanizar al contrario y así exterminarlo con el aplauso de la turba.

Como todos los seres humanos o inhumanos de este mundo, Bashar Al-Assad, el último de una dinastía de implacables dictadores asesinos de Siria, ha decidido, de forma ruin, esconder en un relato con tinte heroico, una suerte de gesta que deje para la Historia ese conjunto de hechos memorables, en una última batalla, que le servirían para “lavar” un historial familiar de opresión y genocidio que pesan mucho más que un intento poético de epílogo que carece de fundamento real o racional. El presidente de Siria, promotor y ejecutor de actos terroristas en Israel, Argentina, Libano y en otras muchas partes del mundo, en complicidad con el aparato de la inteligencia iraní, ha dejado esta última semana de ser “civil” para convertirse en un aguerrido combatiente, intentando mostrar al mundo que, enfrentarse a Occidente en un combate de apariencia épica, le dejará un lugar en la Historia como soldado.

Sin embargo, nada de eso lleva Bashar Al-Assad en su equipaje, ni en su espíritu para la disposición y planteamiento de una batalla que tiene perdida de antemano y una representación final en el que solo cabe la destrucción de su ejército y la muerte de sus comandantes y soldados. La única estrategia de Bashar Al-Assad es el derecho a elegir una muerte en el amplio abanico de posibilidades que la escatología nos ofrece como conjunto de creencias y doctrinas referentes a la vida en este mundo y a la de ultratumba.

Por eso, honor y gloria en el corazón de un militar, tampoco tienen la misma lectura que para los políticos o los civiles. Los militares en la democracia están al servicio de un gobierno que representa a su pueblo y, a pesar de un enfrentamiento bélico, el militar de un ejército regular, a través de todos los siglos, siempre ha sabido distinguir la grandeza de su enemigo, la valentía y el arrojo en la batalla… y eso solo puede medirse con la integridad moral y con el historial personal de un ser humano capaz de construir riqueza y vida para el bienestar de sus ciudadanos en una lógica que ahora es de “concierto” mundial. Bashar Al-Assad, al igual que otros ejecutores del genocidio contra su propio pueblo, no tiene cabida en un mundo que en pleno siglo XXI se ve sacudido por una salvaje “guerra santa” para exterminar a los infieles de Occidente. Un conflicto oscuro y medieval orquestado por el mesiánico aparato de propaganda de un gobierno de ayatolas que ha llegado a la absurda conclusión de que puede gobernar el mundo con la espada Allah…

Bashar Al-Assad, se ha colocado en el sitio equivocado de la Historia y, como hace el gobierno de Irán, ha cruzado la línea roja para situarse en el basurero de la Historia. No ha querido comprender que vive en un mundo distinto al de su padre, un mundo que, después de Auschwitz, ya no cree en aquellos que quieren exterminar a los judíos y borrarlos del mapa de la Historia. Ese odio criminal no es suficiente excusa para ocultar el verdadero deseo de un genocida porque después de los judíos tendrá que exterminar a todo el que se le ponga por delante…

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