Daniel Pipes y la teoría del “Arco de Tensión Permanente”…

por goal

COMPARTO CON USTEDES ESTE ARTICULO DE DANIEL PIPES, LEAN, REFLEXIONEN SOBRE ELLO Y COMPARTAN CON NOSOTROS SU OPINIÓN.Daniel pipes

Apoyar a Assad

Los analistas convienen en que “la erosión de la capacidad del régimen sirio se está acelerando”, sigue retrocediendo poco a poco y hace cada vez más probable una victoria islamista o un triunfo rebelde. En respuesta, voy a cambiar mi recomendación política de neutralidaden favor de algo que, como filántropo y enemigo durante décadas de la dinastía Assad, me hace parar antes de seguir escribiendo:

los gobiernos occidentales deben apoyar a la perversa dictadura de Bashar al-Assad.

He aquí mi razón para hacer a regañadientes esta recomendación: las fuerzas perversas suponen para nosotros un riesgo menor cuando se enfrentan entre sí. Esto (1) las mantiene ocupadas a nivel local y (2) impide que alguna salga victoriosa (y plantee de esta forma un riesgo todavía mayor). Las potencias occidentales deben de guiar a los enemigos al enfrentamiento interminable ayudando a cualquiera de las partes que esté perdiendo, para prolongar sus hostilidades.

Esta política tiene precedentes Durante la mayor parte de la Segunda Guerra Mundial, la Alemania Nazi tuvo abierta la ofensiva contra la Rusia soviética, y tener a las tropas alemanas enfrascadas en el Frente Oriental era crítico para la victoria Aliada. Franklin D. Roosevelt ayudó por tanto a Joseph Stalin aprovisionando a sus efectivos y coordinando con él la empresa bélica. En perspectiva, esta política moralmente repugnante pero estratégicamente necesaria triunfó. Y Stalin fue un monstruo mucho peor que Assad.

La guerra Irán-Irak de 1980-88 dio lugar a una situación parecida. Los gobiernos occidentales empezaron a apoyar a Irak de mediados de 1982 en adelante, cuando las fuerzas del ayatolá Jomeini pasaron a la ofensiva contra las de Saddam Hussein. Sí, el régimen iraquí había iniciado las hostilidades y era más brutal, pero el iraní estaba a la ofensiva e ideológicamente revestía mayor peligro. Lo mejor fue que las hostilidades tuvieron ocupados a los dos bandos e impidieron que alguno de ellos saliera victorioso sobre el otro. En las palabras apócrifas de Henry Kissinger, “Es una pena que no puedan perder los dos”.

En esta tesitura, por entonces defendí el apoyo estadounidense al bando perdedor, con independencia del que fuera, como decía en este análisis de mayo de 1987: “En 1980, cuando Irak amenazaba a Irán, nuestros intereses estaban en parte al menos con Irán. Pero Irak lleva a la defensiva desde el verano de 1982, y Washington se sitúa ahora firmemente de su parte… Con vistas al futuro, si Irak vuelve a pasar a la ofensiva, un cambio improbable pero no imposible, los Estados Unidos deberían volver a cambiar de bando y considerar la idea de prestar apoyo a Irán”.

Aplicar esta misma lógica a Siria hoy encuentra unos paralelismos notables. Assad interpreta el papel de Saddam Hussein – el brutal dictador baazista que inició el conflicto. Las fuerzas rebeldes recuerdan a Irán – la víctima inicial que con el tiempo se consolida y plantea un peligro islamista cada vez mayor. El enfrentamiento continuado pone en peligro al vecindario. Ambas partes participan de crímenes de guerray suponen un peligro a los intereses occidentales.

Sí, la supervivencia de Assad beneficia a Teherán, el régimen más peligroso de la región. Pero recuerde que una victoria rebelde beneficia enormemente a un gobierno turco cada vez más disfuncional, al tiempo que da poder a los yihadistas y reemplaza al gobierno Assad con unos islamistas pletóricos y volátiles. El enfrentamiento constante reviste un menor peligro a los intereses occidentales que su llegada al poder. Hay peores perspectivas que el que islamistas sunitas y chiítas agiten las aguas, que el que yihadistas de Hamás maten a los yihadistas de Hezbolá, y al revés. Es mejor que ninguno de los dos bandos gane.

La administración Obama está probando una política sutil y abiertamente ambiciosa, consistente en ayudar simultáneamente a los rebeldes buenos con armamento letal clandestino y 114 millones de dólares en ayudas, al tiempo que se prepara para llevar a cabo ataques selectivos con vehículos no tripulados contra los rebeldes malos. Buena idea, pero manipular a las fuerzas rebeldes por control remoto tiene escasas probabilidades de éxito. Inevitablemente, la ayuda acaba con los islamistas y los ataques aéreos cuestan vidas de aliados. Es mejor aceptar las propias limitaciones y aspirar a lo factible: ir apoyando al bando que se bata en retirada.

Al mismo tiempo, los occidentales tienen que cumplir los valores morales que predican y ayudar a poner fin al conflicto contra civiles, los millones de inocentes que sufren de forma gratuita los horrores de la guerra civil. Los gobiernos occidentales deben encontrar mecanismos para obligar a las partes enfrentadas a cumplir las normas de la guerra, en concreto las que diferencian a los combatientes de los no combatientes. Esto podría entrañar presionar a los que abastecen a los rebeldes (Turquía, Arabia Saudí, Qatar) y a los partidarios del gobierno sirio (Rusia, China), condicionando la ayuda a que respeten las leyes de la guerra; podría llegar a implicar el uso de la fuerza por parte de los occidentales contra los que violen las leyes en cualquiera de los bandos. Eso satisfaría la doctrina del deber de proteger.

La feliz jornada en que Assad y Teherán combatan a los rebeldes y a Ankara hasta el agotamiento mutuo, los occidentales podrán proceder a apoyar a los elementos no islamistas y no baazistas de Siria, ayudándoles entonces a ofrecer una alternativa moderada a las deplorables opciones actuales y llegar a un futuro mejor.

 

USTEDES DIRÁN QUE LES PARECE ESTO QUE DICE DANIEL.

Huella zorrete verde-Pequeña

3 comentarios to “Daniel Pipes y la teoría del “Arco de Tensión Permanente”…”

  1. Veo que EE UU aprendió de sus errores en Libia

    Ambas opciones (los rebeldes o Assad) son malas. Además a nadie le conviene una anarquía post-Assad en Siria, un país desfragmentado en pleno caos, donde el arsenal químico y otras armas avanzadas caigan en manos de cualquier jihadista. Pero la caída del régimen sirio supondría un golpe demoledor al eje Irán/Hezbollah. Creo que se debe aprovechar al máximo el tiempo que le queda al carnicero de Damasco para hacer que antes se maten entre ellos de la forma más brutal y absoluta posible. Que luchen hasta el agotamiento, hasta el último hombre. Sunitas contra chiítas contra alawitas contra kurdos, oposición contra dictadura, laicos contra islamistas, rebeldes contra tropas iraníes y libanesas, etc. Nadie está apurado porque esa guerra civil termine, siempre y cuando los ayatolás no crucen el umbral nuclear del no-retorno. De todas formas siempre que uno mete la mano en un panal de abejas termina picado. Yo creo que se deben encontrar formas de promover la extensión de la guerra sin tener que involucrarse, o limitar el apoyo bélico y logístico exclusivamente a los grupos que sin ninguna duda sean conciliadores con Occidente. Pero sugerir apoyar a Assad, el último aliado que tiene Irán en el mundo árabe y casi en el mundo, me parece un poco exagerado.

    Israel, por su parte, solamente intervendrá cuando sus intereses de seguridad se vean directamente afectados, como cuando disparan contra sus fuerzas (deliberada o accidentalmente) en el Golán o resulta necesario reventar un convoy de armas destinado al Hezbollah. Pero nunca para ayudar a uno u otro bando.

    A la larga, es conveniente que caiga Assad. Pero primero que se maten un poquito más. Mientras tanto, Israel está dejando todo listo y preparado en su frontera norte para el día en que Siria se convierta en otro Irak, pero mucho peor, ya que ni siquiera habrá una fuerza extranjera para poner un poco de orden. El Golán debe ser una muralla de hierro igual que el Sinaí, para evitar actividad terrorista islamista, infiltración, contrabando, inmigración ilegal y cohetes.

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  2. A queda de Assad vai trazer mais instabilidade, bom que quebrará o eixo Irã/Hezbollah/Síria, pior que trará islamitas radicais a fronteira norte de Israel.

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