Perfidos sionistas

por Tersites

Salvar el corazón de un niño

“Qué tienen en común una niña siria de cuatro años-cuya identidad no puede ser revelada, por su seguridad-, el pequeño Yusuf, de 5 meses, nacido en Kurdistán (Irak) , Muhamad al-Aghbar de cuatro meses de la ciudad palestina de Nablus, Monique de Tanzania, de 13 años, y otro pequeño Muhamad de un mes de edad llegado de Ramallah, un niño chino , otro de Rumania y un israelí de familia religiosa judía?…”

Todos ellos, y muchos más están internados en el Hospital Wolfson de la ciudad israelí de Holon, antes o después de sus respectivas operaciones cardíacas, con las cuales sus madres, independientemente de su origen, religión, nacionalidad y color, esperan que les cambie la vida.

A varios de ellos los vimos días atrás en la sala de Cuidados Intensivos del hospital, que bajo la dirección del Dr. Sion (Tzion) Houri , no hace menos que dar vida.

El Dr. Sion Houri, Director de la Unidad de Cuidados Intensivos de Niños en el Hospital Wolfson de Holon, junto a la cama del pequeño Muhamad , de 25 días, acompañado de Hadil, la mamá , llegada de la ciudad palestina de Ramallah, y Hana Awarin, la abuela, de Belén.

Los niños no israelíes-que hoy son  cerca de 20- son atendidos y operados en el marco de la impresionante obra de “Save a Child´s heart”-Salvar el corazón de un niño- una asociación humanitaria que comenzó a funcionar a fines de 1995, con el declarado objetivo de salvar la vida de niños que por deficiencias cardíacas corrían peligro de morir.

El gran promotor de la iniciativa fue el hoy ya fallecido Dr. Ami Cohen un cirujano cardíaco que emigró de Estados Unidos a Israel en 1992 y comenzó a trabajar en el Hospital Wolfson. “Poco después lo contactó un colega, cardiólogo infantil de Etiopía, el único en el país, que podía hacer diagnósticos pero no podía operar”, nos cuenta Tamar Shapira, encargada de Relaciones Públicas de “Salvar el corazón de un niño”. “ Le dijo a Ami que necesitaba con urgencia su ayuda con dos operaciones claves para salvar la vida de dos niños. Ami le dijo que los mande. No había ninguna infraestructura. Durmieron en la casa de Ami, amigos lo ayudaron. Los operó y así les salvó la vida”.

Luego le mandaron otros dos y dos más y el Dr. Cohen decidió que dedicaría su vida a eso, creó “Save a child´s heart” y comenzó a traer niños de países en desarrollo que necesitaban ser operados. El trabajo de la asociación tiene tres dimensiones claves: las operaciones mismas a los niños que llegan al Wolfson, la capacitación de médicos en sus propios países para que puedan atender a los niños sin movilizarse, y la capacitación de médicos del exterior en el propio hospital. En estos mismos momentos, por ejemplo, cinco médicos palestinos están haciendo un curso especial en el hospital. Y dentro de pocos meses, los médicos israelíes van nuevamente a Africa en el marco de la capacitación de médicos locales.

Desde entonces ya han sido 3.000 los niños operados, llegando de 44 países diferentes, la mitad de ellos palestinos, junto a unos 200 de Irak, numerosos de varios países africanos, de Asia y hasta alguno de Ecuador, Barbados y Panamá.

Siria se convirtió estos días en el 45º país , al llegar desde Jordania la niña por la que nada se había podido hacer en su tierra natal y que fue derivada a Israel por una organización norteamericana humanitaria que funciona en Jordania.

“La niña necesita dos operaciones”, explica el Dr. Houri.”Ya pasó el Glenn pulmonar y su oxígeno está casi totalmente normal, por lo cual podremos hacerle pronto la segunda”.

Preguntamos por la identidad de la niña y su madre y el Dr. Houri explica que no se puede revelar ningún dato al respecto. “La madre está en una situación muy delicada ya que por un lado quiere ayudar a su hija y por otro lado, la imagen con la que estimamos habrá venido respecto a Israel con todo lo que se dice allí de nuestro país, seguramente no era sencilla, así que ella seguro que necesitaba mucha valentía para llegar hasta acá”. Estando ya en el hospital, donde ve además numerosos padres como ella de niños árabes internados, con los que se puede comunicar directamente, puede ir captando la situación con mucho mayor tranquilidad.

“Cuando yo era soldado en el ejército, nos pintaban a los sirios como especialmente crueles, nada agradables”, recuerda el Dr. Houri. “Y aquí está la madre con su hija, totalmente normales…y esperamos que a través de ellas se pueda mejorar algo.Lo que está pasando en Siria es terrible, un horror de proporciones inconmensurables. Y en el medio hay seres humanos…Quizás este proyecto ayude a humanizar las percepciones que uno tiene del otro…y lo central, sea como sea, es salvar a los niños”.

Mientras conversamos, el Dr. Houri está pendiente de todo a su alrededor. Una joven pareja religiosa judía lo saluda desde la cama de su pequeño y él confirma que su operación será al día siguiente.La madre le cuenta que el niño aumentó 45 gramos y él recuerda que el día anterior había bajado 15.”Va a estar todo bien”, resume con tono tranquilo y firme.

Al lado está la cama de Muhamad, de 25 días, que ya está mejorando considerablemente gracias a la operación que le han hecho. Su madre, Hadil, de 27 años que no aparenta, sonríe cuando nos acercamos y preguntamos por el pequeño. La más elocuente es la abuela, Hana, una mujer grande y llena de energía, con amplia sonrisa y voz fuerte y cálida, que a sus 54 años ya tiene 6 nietos y espera que “todos estén bien, también Muhamad, con buena vida”.

Hana se maneja bastante bien en hebreo y explica que trabajó en Israel y que ella y su esposo tienen muchos conocidos judíos. “Un amigo judío le dio a mi esposo un cheque abierto para lo que necesitemos cuando vengamos al hospital. Que Alá lo cuide”, dice esta mujer palestina de Belén, repitiendo varias veces un efusivo “shukran” (gracias en árabe), “al hospital, a los médicos, a todos, por lo que están haciendo”.

“A nosotros no nos importan las sillas en las que están sentados Abbas, Netanyahu y Mashal”, dice Hana, mencionando al Presidente palestino, al Premier israelí y al jefe de Hamas. “Nosotros queremos vivir en paz y ojalá eso llegue”.

Hadil se acerca a su hijo y sonríe. Su madre, abuela del pequeño, la mira a ella y cuenta que “hace casi un mes que estaba llorando todo el tiempo..ahora sabe que Muhamad salió de peligro y vuelve a reir”.

“Quiero que tenga buena vida y que de grande, sea doctor”, dice Hadil. “Así salva a otros, como lo han salvado a él”.

“Estas cosas no tienen precio”, cuenta el Dr. Sion Houri. “No recibimos dinero por este proyecto , nadie nos paga más por atender a estos niños además del trabajo de siempre en el hospital y si el proyecto no funcionara, tendríamos el doble de tiempo libre, para nuestra práctica particular y para la vida en general. Pero lo que esto nos da , no se paga con nada. El niño mismo, antes de la operación, casi no camina, le cuesta respirar, hay muchas cosas que no puede hacer. Después de la operación, puede correr, jugar, hacer travesuras. Cuando fuimos a Etiopía, vimos que los niños a los que habíamos operado estaban jugando al fútbol. Y eso nos compró del todo.Y desde allí, no paramos ni un momento”.

Una de las beneficiadas es Monique, de Tanzania, de expresión sumamente dulce y voz suave, que a sus 13 años hace ya dos que no puede ir a la escuela debido a un problema cardíaco adquirido a raíz de la falta de tratamiento adecuado por algo común como un microbio en la garganta. Llegó acompañada-como suele pasar con niños mayores de 4 años-no por sus padres sino por enfermeras que hacen las veces de madre y están atentas a todo.

Monique sonríe mucho.Sus palabras en swahili, su idioma natal, nos son traducidas por Roslyn y Rukía, las enfermeras de su país que la trajeron y que cuentan cuan diferente será su vida desde ahora. “Lo primero que quiere es volver a estudiar—ya ha perdido mucho”, explican.

Mientras ella habla, en su misma habitación –fuera de Cuidados Intensivos- está Rupak, de 22 años, llegada de Kurdistán en Irak con su hijo Yusuf, de cinco meses. Tras la dura travesía de Irak a Jordania y de allí a Israel con un clima de intenso calor, el pequeño llegó muerto. Cero oxígeno en la sangre.”Tuvimos que hacerle respiración de inmediato, revivirlo , logramos operarlo el mismo día y hoy está bien”, cuenta el médico.”Se nos escapó de las manos apenas llegó, pero logramos recuperarlo”. En el Wolfson hay en estos momentos otros dos niños llegados de Kurdistán que también son tratados y pasan operaciones del corazón.

Tras revisar que el oxígeno está bien conectado y que todo funciona debidamente, la jefa de enfermeras de la sección, Nava Gershon-que ocupa su cargo hace ya una década- se libera unos minutos para hablar con nosotros. “Siento que cumplo con una misión porque cuando vemos que luego de una operación, los niños pueden correr y vuelven a sus países sanos, la felicidad es indescriptible. Además, como en muchos casos llegan sin los padres, nosotros damos todo el apoyo en todo sentido tanto desde el punto de vista emocional”.

Además de la parte estrictamente médica, el desafío-notorio en el caso de los niños de Kurdistán- incluía aspectos claves como el problema del idioma.El Dr. Houri, que nació en Túnez y llegó a Israel a los 15 años de edad, se las puede arreglar bastante bien en árabe, pero las jóvenes madres de Kurdistán en Irak, hablan sólo kurdo.Para colmo, algunas de ellas son de una zona aledaña a la frontera con Irán donde lo que impera es un dialecto determinado del idioma. “Gracias a que somos un país de inmigrantes, años atrás ubicamos en la ciudad de Petaj Tikva a una mujer , israelí judía, que había emigrado a Israel de esa misma zona en Kurdistán y nos ayudó con la traducción”.

Otra pieza de este mosaico humanitario la cumple la organización voluntaria cristiana “Shevet Ahim”, en la que trabajan unas jóvenes norteamericanas que viven en una casa que sirve de hostería para las familias que llegan del exterior y pasan los días junto con ellas , ayudando en todo lo necesario. Ruth, una de las voluntarias, de ojos claros y expresión delicada, logró aprender algo de kurdo y traducirnos en el cortado diálogo con Rupak. No sabe cómo preguntar en kurdo qué sueña ella para su hijo. Sin embargo sí entiende que la joven madre llegó con un poco de miedo a Israel pero hoy se siente cómoda y ve que “todos se cansan para ayudarme”, en lo que es al parecer la traducción literal de una expresión idiomática en kurdo, algo así como “se salen de sí por ayudar”.

Junto a la cama de Yusuf está la de Muhamad de Nablus, de cuatro meses. Su madre , Haya al-Aghbar, de 32 años, Ingeniera Civil, lee con devoción del Corán a su lado, segura de que “Dios siempre ayuda”. “Yo no vine con miedo a Israel, aunque era la primera vez para mí”, nos cuenta. “Y ahora que estoy aquí, veo que las cosas son diferentes de lo que nos muestran por televisión y radio…me encuentro con gente amigable que hace todo por ayudarme y eso es lo principal”.

Al Dr. Houri no le sorprende esta apreciación. “La parte política no tiene nada que ver con todo esto”, recalca. “Entre nosotros hay todo tipo de opiniones y en las últimas elecciones, cada uno de nosotros votó otra cosa. Es irrelevante”. Pide aclarar “porque es justo que se sepa”, que de hecho, el gobierno de Israel ayuda con este proyecto de “Salvar el corazón de un niño”, ya que todo se realiza en el Wolfson, que es uno de los hospitales gubernamentales de Israel y además el Ministerio de Cooperación Regional también aporta. Otros marcos, como la Unión Europea y diversas entidades, ponen el hombro para poder llevar adelante todo este gigantesco emprendimiento.

El Dr. Abd el Karim Adas, de 28 años,no tiene dudas de que aquí, la meta, es salvar a los niños.Y sabía de antemano que para ello, valía la pena venir a Israel.

Llegó de Tulkarem, al norte de Cisjordania, para capacitarse en el Wolfson en cirugía cardíaca de niños y paralelamente al trabajo y aprendizaje en el hospital por la mañana, estudió hebreo seis meses, lo cual le permite comunicarse con los pacientes. “Con todos, israelíes, árabes, africanos, todos son atendidos aquí por igual.Y yo ya lo sabía, porque conocí a muchos palestinos que recibieron tratamiento en Israel, y también tengo parientes que fueron atendidos acá”,explica este joven médico palestino.” Sabía que no tenía motivos para venir con aprensión. Y lo compruebo día a día. Por eso ahora estoy tratando de ayudar a un amigo médico, para que también él pueda venir a capacitarse en Israel. Siempre digo a todos que hay mucho para aprender de Israel”.

El conficto existe, es un hecho, y la labor humanitaria en los hospitales no significa que afuera todo sea color de rosa. Pero el Dr. Abd el Karim está convencido de que “las cosas pueden cambiar”.

Le preguntamos cómo siente que le influye en su vida personal y profesional el trabajar con los niños, a lo cual responde con seguridad. “Le cuento que cuando me anoté en la Facultad de Medicina en la universidad de Nablus, la primera etapa era una entrevista con el Decano, que preguntaba cómo actuaría si uno está en la calle, ve un accidente de tráfico con heridos israelíes.El que decía que no los atendería, no era aceptado. El que dudaba pensando unos segundos, tampoco, y el Decano decía que en esos segundos, el herido podía morir. Todos hicimos el juramento hipocrático, y debemos atender al paciente, sea lo que sea, venga de donde venga, sin distinción. Eso es precisamente lo que hacen en Israel”.

Le preguntamos al Dr.Houri si lleva consigo algún recuerdo, alguna vivencia especial que ejemplifique todo lo que esto significa. Houri se detiene un segundo, piensa…y aclara que son incontables .”Pero puedo elegir uno que me significó mucho, cuando una vez, un abuelo de Jordania, me agradeció por todo , nos agradeció, al hospital, y me dijo ´bendito sea por haber tratado usted a mi nieto, como si fuera suyo´–¿qué más puedo pedir en la vida?”.

Este médico israelí sostiene que se siente afortunado por haber seguido todos los caminos que quería . “Ahora, con este proyecto “Salvar el Corazón de un niño”, siento que estoy en la flor que se coloca sobre la torta profesional. Es un proyecto impresionante que da una satisfacción increíble. Nos llegó una vez un niño que pensaron que era retardado porque no hablaba nada..cuando fue operado, comenzó a florecer y a hablar. Otros que no se mueven, comienzan a correr. Es como tocar el cielo con las manos”.

En medio de la atención médica brindada a los niños , y aunque se aclare que la política nada tiene que ver con el esfuerzo por salvar vidas, es inevitable que la problemática de la región surja en la conversación.

El Dr.Houri , cuenta sobre un domingo de mañana, cuando apenas llega al hospital, le avisan que hay un niño de Irak. “Estábamos en eso, cuando oímos un estallido..era un misil que cayó sobre un automóvil estacionado cerca.Y yo dije que aunque vuelven los misiles, nosotros seguimos trabajando”. O cuando recibió una llamada urgente de un médico de Gaza que le contó sobre un niño de dos años que llegó por un problema renal, pero que él, al revisarlo, vio que tiene una trombosis obstruyéndole la arteria pulmonar, algo muy poco común en niños.”Pensé que debía estar viendo mal, pero no podíamos arriesgarnos y nos organizamos para recibirlo con urgencia. En dos horas estaba acá..y yo pensé que fue rapidísimo, aunque a un misil le lleva menos tiempo”. El médico palestino había diagnosticado bien.El niño fue salvado en el Wolfson.

Nava Gershon, la jefa de Enfermeras, aclara que “cada niño es un mundo entero” .”Tratamos a todos los niños sin ninguna distinción, no nos importa de dónde llegan ni adónde vamos a verlo en su país o a capacitar equipos. Tratamos a todos por igual.Claro que uno piensa que en esta región podría estar todo mucho mejor, que ojalá pudiéramos atender en condiciones generales de paz..pero mientras eso no sucede, de todos modos, el tratamiento es lo mejor que podemos dar”.

“Hace unos años, estuve en Montreal en un congreso de cirujanos cardíacos. Participaba un médico egipcio que brindó una conferencia sobre un problema con el que lidian allí, de la alta mortalidad de niños que pesan menos de 10 kilos, contando que no sabe qué hacer para mejorar la situación”, recuerda el Dr.Houri. “ Dado que conozco la sensibilidad del tema, esperé que termine su conferencia y me le acerqué luego en un costado, me presenté y le dije que habíamos tratado a un grupo en China que tenía el mismo problema, que viajamos allí y lo solucionamos y que nos alegrará poder ayudarlos también a ellos. El médico me preguntó: “¿Usted me odia?”. Le pregunté por supuesto a qué se refiere y me dijo: “Si yo empiezo a trabajar con usted , perderé mi trabajo o mi vida”. Y eso que con Egipto hay acuerdo de paz…”.

A pesar de todo y aunque la motivación sea humanitaria y no política, el Dr.Houri espera que el tratamiento a los niños también muestre a los vecinos de Israel, que la situación puede ser diferente y que hay mucho para ganar de vivir en paz.

“No soy ingenuo, no creo que eso convierta a los lobos en corderos, por citar de la Biblia…pero en la vida, yo quiero sentir que yo hago mi parte. La gente que viene acá con sus hijos o nietos, entiende. Captan la situación. Comprenden que lo que pasa aquí no es como lo que les dicen por televisión o en la mezquita”. Respira hondo y agrega, con una sonrisa: “Si con este proyecto no convencimos a los árabes de que Israel no es que lo presentan pues al menos…tenemos que haberlos confundido”.

Fuente: http://www.cciu.org.uy/news_detail.php?title=Salvar-el-coraz%C3%B3n-de-un-ni%C3%B1o&id=9204

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