Diez razones contra el boicot a Israel

por jabotito
Por Alan M. Dershowitz

Como firme defensor de la solución de dos Estados y crítico ante la política de asentamientos israelí, me siento especialmente consternado ante los intentos de imponer boicots, desinversiones y sanciones (BDS) a Israel y nada más que a Israel, pues el movimiento BDS hace que resulte más difícil alcanzar una solución pacífica al conflicto de Oriente Medio, algo que exige un compromiso por todas las partes.

El movimiento BDS es enormemente inmoral, amenaza el proceso de paz y desincentiva a los palestinos para que accedan a una solución razonable. He aquí diez razones de peso por las que este movimiento es inmoral y resulta incompatible con los actuales intentos de alcanzar un acuerdo definitivo:

1. BDS atribuye de forma inmoral a los israelíes toda la culpa por la continuada ocupación y por la política de asentamientos. Se niega a reconocer la realidad histórica de que, al menos en tres ocasiones, Israel ofreció a acabar con la ocupación, y esas tres veces los dirigentes palestinos, apoyados por su pueblo, se negaron a aceptar las propuestas. En 1967 desempeñé un pequeño papel en la elaboración del borrador de la Resolución 242 del Consejo de Seguridad de la ONU, la cual establecía la fórmula para acabar con la ocupación a cambio del reconocimiento del derecho de Israel a existir en paz. Israel aceptó dicha resolución, mientras que los palestinos, junto a todas las naciones árabes, se reunieron en Jartum y pronunciaron los famosos tres noes: no a la paz, no a la negociación, no al reconocimiento. No hubo intentos de boicot, sanción o desinversión contra esos árabes que decían que no. En 2000-2001 el primer ministro israelí, Ehud Barak, ofreció, junto al presidente norteamericano, Bill Clinton, la creación de un Estado palestino y el fin de la ocupación. Yasser Arafat rechazó dicha proposición, rechazo que muchos líderes árabes consideraron un crimen contra el pueblo palestino. En 2007 el primer ministro israelí, Ehud Olmert, ofreció a los palestinos un acuerdo aun más ventajoso, al que no respondieron. No hubo amenazas de BDS contra quienes rechazaron las propuestas de paz israelíes. Ahora se están llevando a cabo unas negociaciones en las que ambas partes realizan ofertas e imponen condiciones. En estas circunstancias, resulta inmoral culpar únicamente a Israel y dirigir un movimiento de boicot, desinversión y sanciones únicamente contra el Estado nacional del pueblo judío, el cual ofreció en tres ocasiones acabar con la ocupación a cambio de paz.

2. BDS, sobre todo en Europa y en algunos campus universitarios norteamericanos, anima a los palestinos a rechazar soluciones de compromiso al conflicto. Hay quien, desde dentro de la dirección palestina, me dijo que cuanto más se resistan hacer las paces, más poderoso se volverá BDS contra Israel. ¿Por qué no esperar a que el movimiento refuerce su posición en las negociaciones, para que así no tengan que llegar a un compromiso renunciando al derecho de retorno, accediendo a un Estado desmilitarizado y haciendo otras concesiones, necesarias para la paz, pero difíciles de aceptar por parte de algunos palestinos? BDS está dificultando una solución pacífica.

3. BDS es inmoral porque sus dirigentes nunca estarán satisfechos con la clase de solución de dos Estados que resulta aceptable para Israel. Muchos de sus líderes no creen en el concepto de Israel como Estado nacional del pueblo judío. El principal dirigente de BDS, Omar Barguti, declaró reiteradamente su oposición al derecho de Israel a existir como Estado nacional del pueblo judío, incluso en las fronteras de 1967. Por lo tanto, la dirección del movimiento se opone no sólo a la política de ocupación y asentamientos de Israel, sino a su misma existencia.

4. BDS es inmoral porque viola el principio fundamental de los derechos humanos; es decir, «primero los que están peor». Israel es uno de los países más libres y democráticos del mundo. Desde luego, es la nación más libre y democrática de Oriente Medio. Sus ciudadanos árabes gozan de más derechos de los que los árabes tienen en cualquier otro lugar del mundo. Forman parte del Parlamento, del Poder Judicial, del servicio exterior, del mundo académico y del de los negocios. Son libres de criticar a Israel y de apoyar a sus enemigos. Las universidades israelíes son viveros de retórica, de posturas e incluso de enseñanzas antiisraelíes. Israel tiene un magnífico expediente en lo relativo a derechos de la mujer, derechos de los homosexuales, derechos medioambientales y otros derechos que apenas existen en muchas partes del mundo. Además, su historial en lo referente a evitar víctimas civiles mientras combate contra enemigos que ocultan a sus soldados entre los civiles no tiene comparación con ningún otro en el mundo actual. La situación en Cisjordania, evidentemente, es otra, debido a la ocupación, pero hasta los árabes de Ramallah, Belén y Tulkarem tienen más derechos humanos y políticos que la gran mayoría de los árabes del mundo en la actualidad. Además, cualquier judío, musulmán o cristiano que no esté conforme con acciones israelíes puede manifestar su disconformidad ante los tribunales y ante los medios de comunicación, tanto en el país como en el extranjero. Esta libertad no existe en ningún Estado árabe, y tampoco en muchos países no árabes. Pero Israel es el único país amenazado actualmente con boicots, desinversiones y sanciones. Cuando una sanción se dirige sólo contra un Estado que goza de uno de los mejores expedientes en materia de derechos humanos, y esa nación resulta ser el Estado del pueblo judío, debe considerarse la sospecha de intolerancia.

5. BDS es inmoral porque perjudica a quien no debe: perjudica a los trabajadores palestinos que perderán sus empleos si se imponen sanciones económicas a las empresas para las que trabajan. Perjudica a artistas y académicos, muchos de los cuales son las principales voces a favor de la paz y del fin de la ocupación. Perjudica a quienes padecen enfermedades en todo el mundo, que podrían beneficiarse de la medicina israelí y de la colaboración entre científicos israelíes y de otros países. Perjudicar a la industria tecnológica de vanguardia mundial, porque Israel contribuye, de manera desproporcionada, al desarrollo de esa tecnología que mejora la calidad de vida.

6. BDS es inmoral porque anima a Irán – el principal promotor del terrorismo internacional – a lanzar a sus peones, como Hezbolá y Hamás, contra Israel, con la esperanza de que, si éste respondiera a los ataques con misiles, aumente la presión a favor del boicot, la desinversión y las sanciones, como ocurrió cuando Israel respondió a los miles de cohetes lanzados desde Gaza entre 2008 y 2009.

7. BDS es inmoral porque aleja la atención mundial sobre injusticias mayores, como el genocidio. Al centrarse de forma desproporcionada en Israel, la comunidad pro derechos humanos concede una atención desproporcionadamente menor a otras ocupaciones, como las que realizan China, Rusia y Turquía, y a otros desastres humanitarios, como el de Siria.

8. BDS es inmoral porque promueve ideas falsas respecto al Estado nacional del pueblo judío, exagera sus defectos y, así, promueve una nueva modalidad del prejuicio más viejo del mundo: el antisemitismo. Por lotanto, no resulta sorprendente que BDS aparezca en páginas de internet neonazis, negacionistas del Holocausto y en otras webs abiertamente antisemitas, ni que sea promovido por algunos de los odiadores más destacados del mundo, como David Duke.

9. BDS es inmoral porque refleja y promueve el doble rasero para juzgar y responder a las violaciones de los derechos humanos. Al exigirle más a Israel, el Estado nacional del pueblo judío, espera menos de otros Estados, pueblos, culturas y religiones, y así materializa una forma de racismo colonial y de prejuicio inverso que perjudica a las víctimas de las violaciones de derechos humanos cometidas por otros.

10. BDS nunca logrará sus objetivos. Ni el Gobierno ni el pueblo de Israel se rendirán ante los medios de extorsión implícitos en el BDS. No adoptarán – ni deberían adoptar – decisiones importantes relativas a la seguridad nacional y a la de sus ciudadanos basándose en amenazas inmorales. Además, si Israel comprometiera su seguridad ante tales amenazas, el resultado serían más guerras, más muertes y más sufrimiento.

Toda la gente de bien que busca la paz en Oriente Medio debería unirse contra el inmoral movimiento BDS. Usen sus voces para exigir que tanto el Gobierno israelí como la Autoridad Palestina acepten un compromiso de paz que asegure la seguridad de Israel y la viabilidad de un Estado palestino pacífico y democrático.

La forma de avanzar no es mediante indecentes amenazas de chantaje, que perjudican más que benefician, sino con negociaciones, compromiso y buena voluntad.

Fuente: Gatestone Institute

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