Amira Hass,la extremista propalestina del diario ”Haaretz”,probó un poco de su propia medicina

por bajurtov

El antisemitismo no es negociable en el conflicto palestino-israelí

amira_hass
La periodista anti-israelí Amira Hass

Recientemente, han sucedido dos hechos sintomáticos del conflicto palestino-israelí. Uno de ellos, es el discurso de Mahmud Abbás refiriéndose al Operativo Margen Protector contra los misiles de Hamás como un “genocidio”. El otro, fue la prohibición de la presencia de la periodista israelí Amira Hass en la universidad palestina de Birzeit. Vamos a contar cómo sucedió esto último. Amira Hass, histórica corresponsal israelí del periódico liberal de izquierda Haaretz en los territorios palestinos, se caracteriza por ser una reportera que siempre denunció acontecimientos y conflictos allí en los que Israel se vio involucrado. También, por exponer puntos de vista antisionistas, rayanos en el extremismo muchas veces.

Su libertad de movimiento en los territorios, posible gracias a su simpatía ideológica por la “causa” palestina, ha sido puesta ahora en suspenso y ella lo ha denunciado esta semana en una columna de Haaretz. Ella intentó participar en una conferencia en la universidad Birzeit y su acceso le fue denegado por ser israelí-judía.
No sería extraño para quienes conocemos el histórico lazo con el antisemitismo de la causa palestina, aunque desconocemos si este hecho (la expulsión de Hass de ámbitos públicos palestinos) sienta un precedente, y si ella no lo ha experimentado antes.
De todos modos, fue un golpe psicológico muy fuerte para quien creía, en el caso de Hass, estar contenida sentimentalmente por su histórica identificación con la causa nacional de los palestinos enemigos de Israel.

Ello se evidencia en la escritura de su columna, en la que manifiesta su disgusto. Primero, lamentó el hecho de que al momento de registrarse como asistente en la conferencia de la fundación Rosa Luxemburg, puso que trabaja para “Haaretz”, lo que la identificó como periodista israelí y fue motivo suficiente para que los funcionarios universitarios le explicasen que “no es personal, pero hay una ley que prohíbe la presencia de ciudadanos israelíes en el campus”. Para su asombro, esa ley hace excepción para los ciudadanos israelíes que son árabes, que pueden enseñar y aprender en la Universidad de Birzeit, y escribió indignada: “tengo otros lugares para invertir mis energías subversivas”.

Segundo, Hass planteó, intentando conservar sus convicciones de siempre, que entiende la “necesidad emocional de los palestinos de crear un espacio seguro que esté fuera del alcance de los ciudadanos del Estado que les niega sus derechos y ha estado robando de sus tierras. Como mujer de izquierda, sin embargo, pongo en duda la lógica anti-colonialista de boicotear a los activistas de izquierda judíos israelíes, que no buscan certificados kosher mientras se oponen a la ocupación”.
Aún comprendiendo y aceptando como reales las injusticias que genera el conflicto entre Israel y los palestinos, una mirada histórica nos revela que en el nacionalismo palestino siempre ha prevalecido como fondo un criterio excluyente para con el diálogo con Israel –penalizado frecuentemente como “normalización”-, cuando no antisemitas y deseosos de “Judenrein”. Si Hass no quiso verlo o comentarlo en sus años como corresponsal, ello puede ser sólo comprensible desde una mirada ideológica extremista, que edulcora y oculta los aspectos más terribles de la realidad.

El discurso antisemita como arma diplomática
En la misma semana, el presidente de la Autoridad Palestina Mahmud Abbás, considerado (hoy a la fuerza) el único socio para las negociaciones de paz entre Israel y los palestinos, ha declarado en el foro de la Asamblea de las Naciones Unidas que Israel perpetró un “genocidio” en Gaza durante la última Operación Margen Protector. Esta declaración también alienó a la izquierda israelí, del mismo modo que en el caso de

la expulsión de Hass en la universidad palestina. Al margen de que es una mentira propagandística, quizás con la meta de cohesionar y conseguir apoyo político en la población palestina, nos preocupa su rasgo eminentemente antisemita.
Los propagandistas palestinos en las redes sociales y en sus iniciativas de boicot contra Israel en distintos países del mundo abusan de referencias antisemitas, como igualar el sionismo con el nazismo, o equiparar cada campaña militar o guerra israelí con el genocidio nazi. Ni hablar la hiper abundancia de material de teorías conspirativas en las cuales cualquier cosa negativa que sucede en el mundo está digitada por el “sionismo”, y en esto sí repiten al nazismo: en la demonización de los judíos y en el llamado a su destrucción, previo a una negación de su existencia.
En distintos conflictos nacionales, sobre todo si se trata de conflictos entre Estados, se activan mecanismos de odio hacia la otra población que justifican invasiones, conquistas parciales de territorios, pero, raramente constituyen discursos y acciones genocidas.

El llamado a la destrucción de un grupo independientemente de lo que sus miembros decidan hacer, descartando incluso la posibilidad de salvar la propia vida a cambio de ser dominado –como en el caso de la “indistinción” denunciada por Hass-, es claramente genocida.
Es discutible si los palestinos puedan o vayan a llevar a cabo un genocidio contra Israel –es poco factible por las relaciones de fuerza. Pero las que pagan los platos rotos por el irresponsable recurso del nacionalismo palestino al antisemitismo son las comunidades judías de la diáspora, que ya no pueden vivir más en marcos seguros que protejan y les permitan vivir normalmente sin miedo a la violencia física por los ataques antisemitas. Y un creciente aumento del antisemitismo en la opinión pública occidental a raíz de la mala imagen de Israel sí puede afectar a largo plazo su existencia física como Estado.

Hay quienes culpan a Israel de esta situación, en un intento aún más desesperado por negar la realidad, pero la historia nos enseñó siempre que el odio siempre precede a la razón (no hay razón que justifique el odio, sólo simulacros de razonamiento que lo alimentan). Dicho de otro modo, el odio antijudío no es resultado de la “ocupación” israelí, sino a la inversa. La invisibilización de este hecho (reforzada por la ilusión óptica de un Israel fuerte militarmente), de que los que enarbolan la causa palestina no son simples víctimas pasivas, sino también activos guerreros que odian, sólo da aire y alimenta sus demandas políticas.
Es por eso que el Hamás ha ganado la batalla mediática en su último conflicto militar contra Israel. Abbás, que ha renunciado a la vía terrorista y optado pragmáticamente (y hasta cierto punto) por la construcción de instituciones estatales palestinas, utiliza convenientemente la misma estrategia por vías diplomáticas.
Este es el lado trágico del conflicto, que no se resuelve ni por “derecha” ni por “izquierda”, sino intentando activar lo que puede ser un tratamiento diplomático de un conflicto nacional, pero desvinculado del odio antisemita. Israel legitima su débil lugar en la arena internacional únicamente como la parte que debe “dar”, mientras que los palestinos están mucho más legitimados para “obtener”.
En la lógica de las negociaciones se gana y se pierde, pero cuando ingresa el odio que quiere obtener “todo” (la destrucción del otro), no hay nada que negociar. Mientras más de una vez se estancan las negociaciones, el problema para los pueblos palestinos e israelí es cómo seguir entablando puentes de coexistencia que desactiven el odio antijudío por un lado, y el miedo judío a vivir sin garantías de seguridad.

http://www.aurora-israel.co.il/articulos/israel/Opinion/60538/

3 comentarios to “Amira Hass,la extremista propalestina del diario ”Haaretz”,probó un poco de su propia medicina”

  1. Reblogueó esto en Generacion Judiay comentado:
    “Palestinos”: “Aunque nos apoyen, los odiamos”. La Pro-palestina y antisionista periodista israelí Amira Hass fue expulsada del campus de la Universidad de Bir Zeit, cerca de Ramala, sólo porque ella es Judía Israelí.

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  2. Pues se lo tiene bien merecido, me alegro. ¿Qué esperaba? Que vaya a quejarse al sicoanalista, mejor si es judío.

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