Egipto y Arabia Saudí echan el resto en el Yemen

por Edwin2295

El general Sisi, presidente de Egipto.

Por Michael J. Totten

Tarde o temprano tenía que ocurrir: Arabia Saudí está bombardeando el Yemen y Egipto prepara una invasión terrestre.

¿Por qué tenía que ocurrir? Porque el movimiento chií huzi, apoyado por Irán, está pisando fuerte por todo el país. Y si hay dos países en el mundo árabe suní que vayan a implicarse en esta lucha son Egipto y Arabia Saudí, por una parte porque son vecinos del Yemen y, por otra, porque así es como se mueven. Egipto libró una larga lucha en el Yemen desde 1962 hasta 1967, y los saudíes invadieron Baréin en 2011 para sofocar una rebelión chií contra la dinastía suní de los Jalifa.

Irán ha sido una potencia regional desde los tiempos del Imperio Persa, y el régimen revolucionario que derrocó al sah en 1979 quiere restablecer a Irán como superpotenciaregional. Sin embargo, no es tan sencillo. La gran mayoría de la población de Oriente Medio es suní y árabe, mientras que Irán es chií y está dominado por persas. Estas diferencias étnicas y religiosas significan poco para nosotros en Occidente, pero en Oriente Medio significan todo.

La mayor parte del mundo árabe está fracturado a lo largo de fronteras étnicas, confesionales y tribales, pero Irán, pese a que alberga persas, kurdos, azeríes, baluchis y árabes, es desde hace tiempo un Estado nación cohesionado. Se asienta sobre una meseta relativamente templada y puede fácilmente proyectar su poder sobre las tórridas tierras bajas árabes. Su método preferido estos días es el de divide y conquista antes que la confrontación directa, y ha estado perfeccionando el arte de la guerra  sectaria desde que sus Cuerpos de la Guardia Revolucionaria fundaran Hezbolá en el Líbano, en 1982.

Los huzis del Yemen son su último proyecto, pero el vecindario no va a consentirlo. Preferirían que Al Qaeda se hiciera con el país, no porque les entusiasme Al Qaeda –que no les entusiasma–, sino porque en esta parte del mundo la filiación sectaria es más importante que la ideología.

No se trata sólo de la guerra de los huzis contra los suníes egipcios y saudíes. Todos los Gobiernos árabes de la región, salvo los de Siria e Irak, temen y abominan de la emergencia del poder iraní.

El ex megalómano presidente Gamal Abdel Naser consintió que murieran más de 20.000 soldados egipcios en su apuesta absurda por derrocar la monarquía del Yemen a mediados de los sesenta. “En este terreno”, escribió Patrick Seale en The New Republic en 1963, “el moroso campesino del Valle del Nilo ha demostrado ser un pobre rival para el descalzo, esquivo hombre tribal del lugar, armado sólo con su rifle y su jambiya, la gran daga curva y afilada que todo hombre yemení lleva en el cinto”. Pero semejante desastre no cuenta como derrota en los anales egipcios más que la desastrosa guerra contra Israel de 1973, que Egipto considera una victoria.

De todas formas, al actual gobernante de Egipto, el general Abdel Fatah al Sisi, no le preocuparía. Básicamente, es una versión actualizada de Naser, aunque sin la popularidad regional que tenía éste. No hay multitudes árabes clamando por ser anexionadas por Egipto como las hubo en la década de 1950, pero Sisi está exultante y ansioso por volver a hacer de Egipto el gallo del mundo árabe, independientemente de lo que piensen los demás. Hacerse el Naser y patear a los chiíes del Yemen no era inevitable cuando el año pasado arrebató el poder a los Hermanos Musulmanes, pero sí cuando el Golfo pidió ayuda a gritos contra las correrías de Irán en la península.

Por su parte, los saudíes son los más acérrimos enemigos de Irán en el mundo árabe, y comparten frontera con el Yemen. Los saudíes de esa zona están vinculados al Yemen de la misma forma que Vancouver, en la Columbia Británica, está más unida a Seattle y a Portland que a Quebec. Sencillamente, Riad no va a tolerar el aventurerismo iraní en una zona que se solapa con su propio territorio. Si Irán tiene éxito en el Yemen, y podría tenerlo, nada impediría a Teherán respaldar un levantamiento chií contra la corona saudí y los fanáticos wahabíes suníes.

Así que aquí estamos con otra guerra civil en Oriente Medio con las potencias regionales implicadas en ella. Estados Unidos puede mantenerse al margen. Estados Unidos se va a mantener al margen. Estados Unidos está menos involucrado en el Yemen ahora mismo, a pesar de la internacionalización del conflicto, que cuando el país era “estable”, antes de que la Primavera Árabe arramblara con todo.

Debido a la cobertura mediática que hace Occidente de la región, quizá usted piense que los israelíes son los únicos preocupados por la política exterior expansionista de Irán y su programa de armas nucleares, pero eso es sólo porque los Gobiernos árabes hacen menos ruido público al respecto. Sin embargo, mire lo que están haciendo. Mientras los israelíes se quejan en la televisión y en el Congreso, los árabes están yendo a la guerra.

Fuente: elmedio

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