El Día da Ciencia reconoce la labor de Ángeles Alvariño

por Triana

.La oceanógrafa ferrolana identificó más de 20 nuevos organismos marinos y consiguió trazar la distribución de las especies de todos los océanos74angeles-alvarino

Perdonar por poner esta entrada sino es de interés. Esta persona es un familiar mío muy allegado

La Academia Galega de Ciencias (RAGC) rinde homenaje a la investigadora ferrolana Ángeles Alvariño (1916-2005), a quien le dedica esta edición del Día da Ciencia en Galicia. Aunque para casi todos esta mujer es una gran desconocida, los méritos de Ángeles Alvariño trascienden nuestras fronteras. La escasa publicidad de su persona, su mínimo afán de protagonismo y su condición de mujer fueron un freno al conocimiento de su trabajo. No así fuera, pues para países punteros en la investigación marina, como Gran Bretaña o Estados Unidos, Alvariño es de las más importantes en disciplinas como el zooplancton. Nada menos que 22 nuevas especies descubiertas por ella. Hoy, un buque oceanográfico luce el apellido Alvariño.

Nació en Serantes, cuando esta parroquia era concello propio limítrofe con Ferrol. Estudió en esta ciudad, en Santiago y en Madrid, para luego licenciarse en Ciencias Naturales y recalar en Vigo. Alberto González Garcés, investigador del Oceanográfico vigués, la conoció personalmente y coincidió con ella en la Universidad de La Jolla, en California. «Ángeles era muy inquieta, una persona muy culta y también afectiva», dice Garcés. Su inquietud la llevó a solicitar una beca en Plymouth, Gran Bretaña. Hasta ese momento Alvariño se dedicaba a la docencia, pero ese viaje la cambió. Su afán investigador ya no se detuvo. Fue la primera mujer en Gran Bretaña que participó como científica en una exploración naval.

Su nombre comenzó a sonar en el mundo de las ciencias marinas. Regresó a Vigo, donde inició la tarea de investigar el plancton conjuntamente con los pescadores gallegos. Ideó hasta redes especiales para retener estos minúsculos seres acuáticos para su posterior análisis. Posteriormente se desplazó a Estados Unidos para trabajar a mediados de la década de 1950 en uno de los más prestigiosos centros del saber marítimo como es el Centro Oceanográfico de Massachusetts. Sus expediciones por la Antártida agrandaron su currículo. Su paso por Estados Unidos no terminó en Boston, sino que participó activamente hasta su retiro en La Jolla.

Alberto González Garcés asegura que Alvariño es una figura de primera magnitud que no dejó de investigar incluso cuando ya estaba jubilada. Sus estudios sobre el zooplancton abrieron las puertas a la divulgación científica en España. «Fue una pionera en esto, y muy amena en sus escritos, apoyándolos con dibujos de su puño y letra, y casi todos firmados», destaca Garcés. Pero sobre todo su renombre internacional viene dado por dos facetas, apunta su colega. La primera fue identificar más de una veintena de especies, «un reto al alcance de muy pocos». La segunda fue conseguir trazar la distribución de las especies marinas de todos los océanos y las vías o carreteras que utilizan ayudándose de las corrientes. Este hallazgo supuso un importante avance para asociar diferentes organismos a mares concretos y saber si hay abundancia de unos, lo que puede significar carencia de otros. Una investigación que tuvo sus aplicaciones en el sector pesquero, especialmente tras sus estudios sobre la sardina y la anchoa.

La importancia de Alvariño es inmensa. Tanto que el mundo científico ha bautizado dos especies marinas con su apellido, caso del quetognato Aidanosagitta alvarinoae y de la hidromedusa Lizzia alvarinoae. La huella de Ángeles Vilariño no ha querido pasar desapercibida para la RAGC y, aquí en su tierra, la Academia prepara numerosos actos en torno a su figura. Para empezar el Día da Ciencia -el 1 de junio- será el de Ángeles.

Dice González Garcés que, aunque afectiva, tenía mucha autoestima y carácter. Tanto que publicó un libro sobre la expedición de Alejandro Malaespina (1789-1794) que demostró que la teoría británica de que fuera Challenger el primero en realizar un periplo científico era solo humo patriótico.

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