20 años del Asesinato de Itzjak Rabín – ¿Qué diría Rabín? –

por goal

20 años del Asesinato de Itzjak Rabín – ¿Qué diría Rabín? –

Itzjak Rabin-Arafat

20 años del Asesinato de Itzjak Rabín

Él estaba concentrado en el objetivo y exigió establecer las fronteras de Israel para asegurar la mayoría judía y el régimen democrático. Él sabía que Israel no era sólo el número de sus tanques, sino la calidad de su gente. A 20 años del asesinato de Rabin – ¿Cuál es su legado?

Por Yosi Beilin

En estos días, cuando todos recordamos el asesinato de Itzjak Rabin, haremos un intento, natural y obvio, de poner a Rabin en una categoría de derecha o izquierda, paloma o halcón, un hombre de paz o un héroe de guerra. Haremos un intento de entender cuál era realmente su visión, y por supuesto, qué diría sobre los acontecimientos que tuvieron lugar después de su muerte. Los miembros del campamento de la paz creen que si estuviera vivo, habría llegado a un acuerdo permanente de paz con Arafat. Los derechistas creen que si hubiera vivido, se habría renunciado y desentendido de los Acuerdos de Oslo, y también él estaría ahora tratando de “manejar el conflicto” en lugar de resolverlo.

Al igual que con otros muertos, también nosotros nos basamos en él para probar la justicia de nuestros argumentos, incluso si tenemos que hacer esto articulando una argumentación talmúdica usando las comillas de sus discursos o el significado de sus frases relevantes.

Pero me parece que, dado que yo pasé junto a él cientos de horas en reuniones de ministros y en comités del gabinete, en charlas del partido, y en conversaciones de poca gente durante las negociaciones secretas en Oslo y también en privado, se podría decir que la respuesta sobre el legado de este hombre extraordinario no es un un gran secreto. Su primer mandato como primer gobierno, en donde nunca antes había sido miembro de la Knesset o viceministro y sirvió como ministro durante sólo unos meses, fue un fracaso en todos los sentidos. No esperaba ser premier, no tuvo tiempo para prepararse, no era consciente de las diversas limitaciones del cargo y no fue capaz de manejar una coalición viable. Puede ser que el “Maaraj” estaba condenada a perder el poder después de la guerra de Yom Kippur, y es posible que ningún primer ministro podría salvarla de hacerlo, pero la revolución y el vuelco político de 1977 queda registrado en su nombre, ya que sin duda fue parte de esa derrota.

Llegar a Gush Etzión con una visa

Para su segundo mandato llegó con la experiencia de ser primer ministro y ministro de defensa durante muchos años. Casi 20 años después de comenzar su primer mandato, no era un hombre joven, logró conocer la política interna, los pasillos de la Knesset y sus comisiones, colaborando con otros ministerios, sabiendo lo que puede cambiar y lo que es difícil de hacerlo. En el segundo mandato llegó sabiendo lo que quería y sabiendo como hacerlo. En este contexto, uno puede entender su discurso enojado: “Yo timonaré” que expresó ante la audiciencia la noche de la victoria electoral de 1992. Él tenía un plan de trabajo para cuatro años y medio, y tenía miedo que otros tratarán de detenerlo con sus propias agendas.

Su visión política era clara: Israel necesitaba fronteras para asegurar la continuación del Estado judío y democrático. Él se mostró reacio a hablar con la OLP, no buscaba aspectos positivos en Arafat y no era un entusiasta sobre la idea de un Estado palestino. Rabin quería limites, en lugar de considerar específicamente la cuestión de quién sería su socio diplomático en el otro lado.

Cuando completó en 1973 su gestión como embajador de Israel en los EE.UU., fue entrevistado sobre su visión política, diciendo que no tenía ningún problema en llegar a Gush Etzión con una visa. Hubo montones de comentarios sobre esta frase, pero lo que Rabin quería decir es que se debía dividir la tierra, y cuando el país se divida, él querría que Gush Etzion se encuentre bajo soberanía israelí. Nunca estuvo dispuesto a decir quién sería ese ente que comprobaría su visado en la frontera.

Cuando le informé, el 12 de abril 1987, sobre las conversaciones que sostuvimos un día antes en Londres, que llevó al documento no-firmado entre el rey Hussein y el entonces ministro de Exteriores, Shimon Peres, él se mostró casi entusiasmado. Casi, porque yo nunca lo vi muy emocionado con el tema. Me preguntó si Hussein estaba realmente detrás de este documento, y cuando volví a confirmarle que si, él dijo – es la mejor cosa que podría suceder. Después el primer ministro de entonces Itzjak Shamir, frustró ese acuerdo, y después que Hussein anunció públicamente que renunciaba a Cisjordania para los palestinos (1988), y después de darse cuenta que entre los palestinos que viven bajo la ocupación israelí no habría interlocutores para negociar, aceptó la posibilidad de celebrar negociaciones con su odiada OLP ya que la opción unilateral no era una opción para él, y él quería un “remitente”.

Como de costumbre, él expresó esta conclusión sin rodeos, con una frase simplista que OLP actuaría sin “el Tribunal Superior y sin Betzelem” (no sería vigilado como él) y de hecho, la última cosa que le interesaba era el grado de democracia que habría en la Autoridad Palestina que se crearía o sobre la entidad que se crearía en un arreglo permanente.

Rabin alcanzó un gran logro político cuando el Partido de los Trabajadores (sin Mapam, su ex socio en el “Maaraj”), alcanzó 44 bancas, pero después de un año con Shas en la coalición él se encontró a la cabeza de un gobierno minoritario, apoyado por los partidos árabes. El hecho que, sin embargo, se las arregló para conseguir una más que respetable mayoría para los Acuerdos de Oslo (61 versus 50) e incluso una mayor mayoría para los Acuerdos de Paz con Jordania (105 frente a 3), que fue el resultado directo de los Acuerdos de Oslo, nos revela mucho acerca de hasta qué punto recorrió un enorme camino desde los días de su primer mandato en el cargo.

Rabin, quien fue asesinado en el medio de su gran quehacer, no dejó detrás suyo “escritos” que presenten un tratado sistemático detallando su visión socio-económica, en temas de religión y estado, ni tampoco en temas de política y seguridad. El legado es una suma de las acciones realizadas como Primer Ministro: En primer lugar, llegar a la posición cuando uno sabe exactamente lo que quieres hacer, y suponer que la actual cadencia podría ser su último mandato. En segundo lugar, determinar las fronteras permanentes de Israel, a fin de asegurar una mayoría judía sin perjuicio de su democracia.

En tercer lugar, concretar la percepción de que la seguridad de Israel no es sólo el número de sus tanques y aviones, sino en la calidad de su mano de obra, y por lo tanto, la enorme importancia de invertir en educación. Nunca aumentó el presupuesto educativo israelí como durante el segundo mandato de Itzjak Rabin.

Rabin dijo un montón de cosas de más (como sus comentarios sobre el gobierno de Singapur y la inutilidad de las organizaciones gremiales), al igual que sus deseos que Gaza se hunda en el mar. Él también cometió errores graves (la expulsión de 415 activistas de Hamás a Líbano sin que el Líbano los reciba, debiendo devolverlos a casa después de un año presentándose como miserables en la frontera entre Israel y Líbano), y él nunca le gustó los que lo definían como un debilucho, pero no hay dudas que sus acciones han cambiado la faz de Israel y sus acciones son… su verdadero legado.

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