El antropólogo del IS

por goal

El antropólogo del IS

Scott Atram experto en el ISIS

El experto en el Estado Islámico Scott Atram, junto a un guerrillero kurdo en el frente.EL MUNDO

Scott Atran, uno de los mayores expertos en psicología del terrorismo y asesor de la Casa Blanca, compara a Bagdadi con Hitler porque “ambos proponen la gloria y la aventura a cambio del autosacrificio”. Advierte de que si el IS triunfa será una “revolución” histórica.

LUIS QUEVEDO

En el siglo IV antes de nuestra era, Sun Tzu dijo en su Arte de la guerra que “Si conoces [al enemigo] y a ti mismo, ni en 100 batallas correrás peligro; si no conoces [ni a uno ni a otro], correrás peligro en cada batalla”. Quienes planearon y llevaron a cabo los atentados de París vivían entre nosotros, eran ciudadanos europeos que conocían nuestra cultura y nuestra forma de pensar con detalle. En Occidente, sin embargo, ¿qué conocemos sobre los yihadistas?

Scott Atran lo tiene claro: “No veo mucho entendimiento sobre el Estado Islámico”. “El IS es el movimiento contracultural más importante desde la Segunda Guerra Mundial. Una revolución en la tradición clásica de la Revolución francesa”. En la evolución cultural de nuestra especie “todo lo que es nuevo es extremo, no hay cambio sin ríos de sangre”, prosigue el analista. “Si el Estado Islámico no triunfa, será siempre terrorista. Si triunfa, será un nuevo movimiento geopolítico de proporción histórica”.

Atran es uno de los mayores expertos en la psicología del terrorismo. Se formó en la Universidad de Columbia para adentrarse después en el estudio del fundamentalismo y la violencia de grupo. Atran ha llevado a cabo un constante trabajo de campo en “Irak y otras zonas de Oriente Próximo, en los suburbios de París y Barcelona, Rabat y Tetuán”. Colabora con el CNRS francés y las universidades de Oxford, Michigan y Nueva York y asesora a la Casa Blanca, el ejército estadounidense y la ONU.

El estudio del fenómeno yihadista ha permitido al antropólogo separar el grano de la paja. “Todos los grupos que emplean una violencia extrema pueden ser llamados terroristas, pero eso no significa nada. Autoinmolarse para provocar a una fuerza de ocupación no es algo nuevo”, explica Atran. “La primera revolución fue dirigida por los zelotes, los fanáticos de Dios, que atacaban a los romanos y griegos en lugares públicos sabiendo que iban a morir. Los romanos los llamaron terroristas, como nosotros lo hacemos con el Estado Islámico o como se hizo con los nacionalsocialistas o los bolcheviques”

La Historia nos ha dado la distancia necesaria para comprender, o al menos convenir, qué objetivos y métodos emplearon otras revoluciones. En el caso del Estado Islámico, a pesar de la presbicia que la contemporaneidad genera, Atran dice tener claras algunas cosas: “Los movimientos de salvación de la humanidad empezaron con las religiones abrahámicas -islám, judaísmo, cristianismo- y se secularizaron con la Revolución Francesa”. El IS también pretende ‘salvar’ a la Humanidad y para ello “hay que matar a los que están en contra de su salvación”.

Atran prosigue: “En la publicación online del Estado Islámico apareció un artículo muy interesante que se titula La zona gris. Ésta contiene a casi toda la humanidad. Los extremos son los creyentes y los no creyentes. Ellos quieren borrar esa zona gris, tratan de forzar a los no musulmanes a detestar, a perseguir a los musulmanes, para empujar [a todos los musulmanes] a juntarse con ellos. Sobre todo a los jóvenes, que están más dispuestos a cambiar el mundo”.

El cóctel de salvación y entrega a algo más grande que uno mismo es el que intoxica a los jóvenes más susceptibles. “La noción del enfrentamiento de civilizaciones es artificial. Al contrario, es un colapso de civilizaciones, de culturas territoriales donde las líneas de comunicación entre viejos y jóvenes se han roto”. Muchos adolescentes, hijos de la globalización, carecen de una identidad sólida y fundamentada en la tradición y la buscan “de manera horizontal a través de las redes sociales, con otros jóvenes en todo el mundo. Algunos se concentran en nichos muy restringidos y forman nuevas culturas. Una de éstas es la de la yihad”, concluye Atran.

Scott Atram, con un 'peshmerga' en el frente de Irak. EM

Scott Atram, con un ‘peshmerga’ en el frente de Irak. EM

En 1939, George Orwell ilustró aspectos del problema que existe con el Estado Islámico y su capacidad para “atraer a jóvenes de 90 países”, comenta Atran. Se trata de una reseña del Mein Kampf. En ella, dice Atran, Orwell da con la clave del asunto: “Nuestros países quieren que su gente disfrute una buena vida y ausencia de riesgo, pero nuestros intelectuales jamás van a luchar para preservar nuestros derechos. Hitler propone la aventura, la gloria, la muerte, la destrucción del mundo viejo y la construcción de algo nuevo que requiere un autosacrificio y 80 millones de personas caen a sus pies. ¿Por qué? Porque la gente, sobre todo joven, no quiere solamente la vida fácil, la seguridad, la moderación. Quieren un sacrificio, algo trascendental, significativo que tenga sentido en un universo caótico. Lo que está proponiendo Hitler y Bagdadi es pasión. Se debe quemar todo para salvar al mundo”.

Estos jóvenes encuentran la trascendencia en el grupo, en algo más grande e importante que ellos mismos. Pero no todos se unen al Estado Islámico. Las investigaciones de Atran, en las que ha entrevistado a luchadores del califato y al resto de actores del conflicto -kurdos, iraquíes y occidentales-, señalan un factor por encima de todos: “Los valores sagrados” que, según el investigador, no están en venta. “Los individuos que tienen esos valores y se fusionan con un grupo pueden hacer sacrificios muy costosos para defenderlos”, dice Atran. “Hemos analizado la integración del individuo en el grupo en Libia, con los soldados que están en el frente, listos para morir, y siempre colocan el yo dentro del grupo donde se sienten invencibles”, agrega el investigador.

Contra esto, “la contranarrativa del Departamento de Estado estadounidense es negativa: aleccionan a los jóvenes con mensajes repetitivos para el consumo de masas, mientras el Estado Islámico emplea cientos de horas online con cada persona que considera lista para escucharlos y usan frustraciones personales, aspiraciones, su descontento y lo ponen en el marco de su propia historia mundial, el de la persecución de los musulmanes y la necesidad de cambiar este mundo”, concluye Atran.

¿Qué hacer? “No lo sabemos”, admite Atran, pero “hay que dejar que las ideas surjan de los mismos jóvenes”. “Estado Islámico pone atención en el cine, los vídeos de YouTube y las audiencias para ver qué funciona con los jóvenes. Así fabrican su propaganda. Una buena idea es ver cómo el Estado Islámico nos está siguiendo a nosotros, ver qué funciona e invertir tiempo en la gente”.

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