Israel aprovecha el espacio para investigar el cáncer y la obesidad

por franny

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Como parte de la Semana del Espacio que se lleva a cabo en el Museo Eretz Israel, una exposición informa que investigadores utilizan imágenes satelitales para estudiar la asociación entre la luz artificial nocturna y su incidencia en enfermedades como la obesidad, el cáncer de mama y el cáncer de próstata en todo el mundo.

No hay duda de que los efectos de la luz artificial en los seres humanos, en las demás criaturas vivientes, en la vegetación y el planeta Tierra en general son considerables. Pero aún no está claro de qué manera. Una nueva investigación israelí ha encontrado que hay una conexión positiva significativa entre la fuerza de la iluminación artificial emitida desde diversos lugares en el planeta en la noche, tal como se mide con la ayuda de satélites, y la frecuencia de cáncer de mama.

El ministro de Ciencia, Tecnología y Espacio Ofir Akunis, en el marco de la Semana Espacial Israelí, adjudicó la beca de investigación Ilan Ramón de la Universidad de Haifa a la doctoranda Natalia Rybnikova.

Rybnikova, investigadora en los campos de las matemáticas y la economía, emigró a Israel de Ucrania hace unos dos años y su hebreo es todavía un poco débil pero su ambiciosa investigación habla por sí misma.

Su premisa es la afirmación de que la iluminación artificial en la noche contiene información que podría caracterizar y predecir muchos fenómenos cuando es controlada por los satélites.

Según la investigación, la iluminación urbana artificial en diversas partes del planeta puede proporcionar una gran cantidad de información sobre una amplia variedad de áreas – la actividad económica, la producción y la planificación urbana en su incidencia sobre el modo de vida local en la búsqueda de factores explicativos para uno de los grandes trastornos de los últimos años – la obesidad.

En muchos sentidos, la iluminación artificial ha hecho a la humanidad más productiva y eficiente, facilitando la independencia del reloj de los ciclos naturales de la luz y la oscuridad del día y la noche.

Esta inversión de los ciclos naturales tiene efectos sobre la melatonina, “la hormona de la oscuridad”, que en los trabajadores por turnos tiene efectos visibles, entre ellos la obesidad.

“La hormona de la oscuridad”

En el estudio, que se llevó a cabo bajo la supervisión del Prof. Boris Portnov en la Universidad de Haifa, los datos sobre la iluminación artificial recogidos por un satélite meteorológico estadounidense fueron cotejados con datos de la Organización Mundial de la Salud sobre la frecuencia de la obesidad en más de 80 países. Los investigadores israelíes hallaron que una mayor exposición a la luz artificial en la noche se correlaciona significativamente con la obesidad, mientras que una iluminación de alta resistencia incide en alrededor del 70 por ciento de los casos coincidentes con altas tasas de obesidad.

“Esto representa la primera vez que alguien ha demostrado una asociación entre la obesidad y la contaminación lumínica en una escala tan grande”, dice Portnov. Según los investigadores, la obesidad podría estar mediada por los cambios fisiológicos o de comportamiento en las personas que viven en las zonas urbanas que están ampliamente iluminadas, y, posiblemente, la iluminación es un factor importante que contribuye a la obesidad en todo el mundo.

La exposición prolongada a la iluminación artificial durante la noche también está conectada a varios tipos de cáncer.

Un artículo publicado recientemente en International Chronobiology encontró una conexión significativa entre las zonas del mundo caracterizadas por altos niveles de luz artificial por la noche y la frecuencia de cáncer de mama en la población.

Los resultados refuerzan, en una escala mucho más grande, los resultados de estudios previos que encontraron una conexión entre la exposición prolongada a la luz artificial y el cáncer de mama en el nivel del organismo individual.

La Dra. Hagit Schwimmer, directora del área de las ciencias médicas en el Ministerio de Ciencia, se especializa en el estudio de la fisiología y el sueño. Ella explica que “hay un gran número de estudios que indican una conexión entre la obesidad y los cambios que se producen como consecuencia de la exposición a la luz artificial.”

Según ella, a través del tiempo, fotografías satelitales también han demostrado cambios en los tipos de luz artificial: a través de los años, la luz blanca (como la emitida por bombillas LED, por ejemplo) se ha vuelto más dominante y este es el tipo más perjudicial para la producción de melatonina y por lo tanto la más dañina”.

“Los estudios realizados en barrios específicos en el norte y el sur de Tel Aviv, sin conexión con cualquier tipo de situación socioeconómica”, explica Schwimmer, “han demostrado cuanta más iluminación más artificial hay en un barrio, mayor es la frecuencia de cáncer de mama y el cáncer de próstata”.

Rybnikova dice que una subvención de 500.000 shekels (126.000 dólares) le ayudará a mantener su investigación en los próximos dos años. Ella espera analizar las señales de luz procedentes de las fotografías de satélite y convertirlas en valiosa información local e internacional.

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