Estómagos vacios

por foxylady

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Fuente: EL MUNDO ( foto ilustrativa de la publicación original )

Irak lleva 71 días bajo asedio

Sopa de hierbas para no morir de hambre en Faluya

Unas 60.000 personas resisten en la ciudad iraquí, en manos del IS, alimentándose de plantas y calentándose con los muebles de sus casas. “Es un desastre humanitario”, relata a EL MUNDO un funcionario iraquí, El IS castiga a ejecuciones públicas a quienes tratan de romper el cerco. Víctimas de 71 días de asedio, los habitantes de Faluya se mueren de hambre. Sin alimentos ni medicinas, sus castigados estómagos se han acostumbrado a las migajas del pan preparado con las semillas de los dátiles que recogen de la calle y a las sopas a base del forraje de los campos cercanos. Para suplir la absoluta falta de combustible, no han tenido más remedio que desvalijar sus casas en busca de madera con la que calentarse y prender a diario los fogones. “Faluya es testigo de los peores días de su historia”, maldice Mohamed al Eisaui, un vecino de la villa, en conversación telefónica con EL MUNDO. Faluya, a unos 40 kilómetros al oeste de Bagdad cayó en manos del autodenominado Estado Islámico ( IS, por sus siglas en inglés ) en enero de 2014, seis meses antes de que los yihadistas asaltaran Mosul. Desde entonces, la urbe-bastión insurgente tras la invasión estadounidense de Irak en 2003-ha permanecido bajo el yugo de la organización que dirige Abu Bakr al Bagdadi. La reconquista de la cercana Ramadi-arrebatada al IS a finales de diciembre-allanó el camino hacia Faluya, sitiada desde hace dos meses por las fuerzas armadas iraquíes, las milicias chiíes y los combatientes de las tribus locales que han declarado la guerra a los extremistas. En medio del fuego cruzado, unas 60.000 almas resisten en su callejero bajo el plomo de la aviación iraquí y de la coalición internacional que lidera Estados Unidos. “La situación es cada vez más precaria. No quedan comida ni medicamentos. Hay niños que se están muriendo de hambre”, advierte a este diario Maged, un habitante de Faluya que ha escapado al cerco.

Armarios en llamas para dar calor

En los últimos meses, la carestía se ha cobrado al menos 140 vidas-la mayoría, menores de edad-, según un listado proporcionado a Human Rights Watch ( HRW ) por un funcionario iraquí. Como sucede en Mosul, entablar contacto con Faluya resulta una misión casi imposible. Las huestes del califato han bloqueado las comunicaciones telefónicas y el acceso a internet. Desde febrero, apenas han trascendido testimonios de las penurias que padecen sus habitantes. “Mis hijos y yo nos hemos acostumbrado a comer plantas que crecen en los alrededores y algunas verduras que logro comprar en el mercado. Pero la falta de combustible resulta casi tan mala como la ausencia de comida”, reconoce Um Ahmad, vecina de Faluya, a la web local Niqash. “El fuego para cocinar-agrega-ha consumido nuestro mobiliario. No queda ni un solo listón de madera en la casa. Los armarios y las camas, las puertas e incluso los marcos de las fotografías y los libros…Todo ha ardido”. La situación es tan dramática que el precio de los últimos alimentos se ha disparado. Según el relato de un residente, un saco de 50 kilos de harina se vende a 650 euros y el de azúcar a 440 euros, muy lejos de los 13 y 35 euros por lo que se despachan las mismas cantidades en los zocos bagdadíes. El precio del trigo, por su parte, se ha multiplicado por seis desde diciembre. “Es un desastre humanitario. La gente come hierbas y basura para sobrevivir. El IS mantiene algunas reservas en sus almacenes pero se niega a repartirlas entre la población”, señala a este diario Hashem al Hashimi, asesor de seguridad del Gobierno iraquí. Según sus cálculos, la organización yihadista mantiene la plaza con el despliegue de 1.250 efectivos. “De ellos, 80 son militantes iraquíes y el resto extranjeros”, detalla el experto. Convertida en rehén del IS, la población se enfrenta además a la negativa de las autoridades iraquíes a distribuir alimentos por aire, temerosas de que la ayuda refuerce las líneas enemigas. Hace unos días la ONU alertó de que los habitantes de Faluya precisan de “auxilio urgente”. Según el Programa Mundial de Alimentos. en las contadas tiendas que permanecen abiertas se han agotado el trigo, el azúcar, el arroz, el aceite y las lentejas. En las últimas semanas, varias páginas de Facebook han divulgado el mensaje de las víctimas del asedio bajo el revelador lema “A Faluya la están matando de hambre”. El testimonio más devastador fue publicado a finales de marzo. Son las fotos de una madre que , perdida toda esperanza, decidió morir ahogada junto a sus dos retoños en las aguas del Éufrates.

Cuando huir se paga con la muerte

los adláteres del califato han impuesto un brutal cerco sobre Faluya, cuya población protagonizó el pasado febrero una fallida rebelión contra el IS. Los hambrientos que emprenden la huida se arriesgan a perecer bajo la daga de los barbudos  La semana pasada los yihadistas enviaron a la hoguera a 15 civiles por tratar de abandonar la ciudad. A fines del mes pasado otras 35 personas fueron ejecutadas en una céntrica plaza urbe por idéntico delito. A pesar del riesgo, las ansias de poner tierra de por medio alimentan un floreciente negocio. “Salir de Faluya cuesta unos 3.000 dólares. Hay varias bandas operan en la villa y ofrecen salidas seguras”, confirma Al Eisaui.

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