No somos sirios ni iraquíes

por foxylady

14607403080755

Fuente: EL MUNDO

Las madres sursudanesas, asaltadas, golpeadas y humilladas, ponen rostro a una limpieza étnica de proporciones desconocidas.

Visitamos una base de Cascos Azules donde 52.000 personas buscan cobijo de las balas junto a la destruida Malakal. ALBERTO ROJAS>Malakal (Sudán del Sur)

Sunday siempre se viste de domingo. No sólo porque sea una mujer orgullosa, sino porque huyó de las balas con ese vestido, el de ir a la iglesia, el único que le queda.”No puedo comprar ropa porque el mercado está en el pueblo. Nuestro dinero no vale nada. Y si vamos allí abusaran de nosotras”.-¿Entonces no podéis salir de esta base de Naciones Unidas?-Sólo salimos a por la leña para cocinar. Dentro de la base no hay. Ellos nos están esperando afuera.-¿Es peligroso para vosotras?-Por supuesto.Nos golpean, nos humillan, nos detienen durante días para divertirse con nosotras. A algunas las han matado. Ninguna mujer te lo va a contar, pero ahí afuera nos han abusado a todas. Cuando Sunday, madre de dos niños, pronuncia la palabra “ellos” se refiere a los soldados del gobierno sursudanés. Cuando dice “ahí afuera” se refiere al perímetro de la base militar que la ONU tiene a unos kilómetros de Malakal, el corazón sangrante de Sudán del Sur. A este lugar, lleno de contenedores metálicos llamado hoy Centro de Protección de Civiles, llegaron hace dos años 52.000 personas procedentes de la ciudad, corriendo por la carretera con su miedo como única posesión. Se refugiaron aquí y aquí siguen, hacinados, sobreviviendo en pésimas condiciones y esperando que se apague ese odio primitivo entre las principales etnias del país. El 77% de ellos han perdido algún familiar en alguna de las batallas por reconquistar la ciudad. A varios contenedores de allí malvive Julia, de etnia Shilluk, y sus cuatro hijos. Habla del terror que le produce salir de la base y de la dificultad enorme de dar de comer a sus cuatro hijos. “No es sitio para ser madre, pero es el único en el que podemos estar”. Su hijo Lidal, el más pequeño, nació en la base hace dos años y en la base morirá si no se recupera de la desnutrición severa que padece, otra de las armas con las que unos y otros se matan en Sudán del Sur. El problema para todas las madres que viven en este Centro de Protección de Civiles es que ni siquiera dentro de la base están a salvo. El 17 de febrero, entre 100 y 50 soldados uniformados del Gobierno, todos de etnia Dinka, entraron al recinto militar, a plena luz del día, y abrieron fuego contra los civiles, mujeres, niños y ancianos en su mayoría de etnias minoritarias Nuer y Shilluk. Prendieron fuego al campo y saquearon las escuelas de Unicef y la clínica de International Medical Corps. No dejaron ni los marcos de las puertas. Los cascos azules intervinieron tres horas después. Durante el ataque hirieron de bala a más de 50 personas y mataron a 20, cuatro de ellas bebés. En el único dispensario que quedó en pie nacían y al mismo tiempo otros cuatro niños morían. Los desplazados de Malakal saben que no recibirán ni el 1% de la atención que han tenido los sirios o los iraquíes.  En Sudán del Sur”hay miles de niños adolescentes reclutados por los ejércitos. Otros se separaron de sus padres en los combates y vagan solos en busca de su familia. En Malakal hay muchos que viven entre ruinas”, dice el responsable de Unicef en la ciudad. Graze Anzoa tardó dos años en encontrar a sus hijos, a los que perdió de vista en un tiroteo y creía muertos. Cuando se encontró con Rebecca y Abi, de cinco y seis años, no pudo parar de llorar en varios días. Hace cinco años, en pleno proceso de independencia de su vecino del norte, un militar mostró a este periodista el interior de tres contenedores metálicos con miles de armas junto al aeropuerto de la capital. “Esto lo vamos a fundir para hacer un monumento que simbolice la paz”, dijo. Hoy, esos contenedores siguen ahí, pero en vez de armas dentro viven varias familias que piden limosnas a los viajeros que llegan a la terminal. Ni las armas están allí ni la estatua de la paz se construyó jamás. ( Resumen de la publicación original, algunos términos los he cambiado porque son testimonios crudos. Ellos no cuentan para el mundo son invisibles y tal como dice el relato no son ni sirios ni iraquíes.NT:foxylady)

A %d blogueros les gusta esto: