Dos años de terror en el califato de Mosul

por kidon

No es tan fácil querer dominar el mundo como algunos piensan,ellos empiezan a darse cuenta,pero es demasiado tarde, ahora no pueden salir de su propia trampa,nadie os quiere,ni lloraran vuestro destino (que  es la muerte),no esperéis una mano amiga que os socorra,porque no la encontrareis, el día que partáis de este mundo sera un día  de gozo y alegría.

14654997760932.jpg“La ciudad cierra a las 6 de la tarde. Quien sale a la calle a partir de esa ahora es un suicida”, relata a EL MUNDO un vecino de la ciudad. La última atrocidad del IS sucedió esta semana. Una mujer y 123 hombres fueron lapidados en público por regentar y acudir a un prostíbulo

Su estado de ánimo ha transitado todas las estaciones. Desde hace algún tiempo, sin embargo, vive instalado en la fatiga y el dolor. Han trascurrido 731 días desde que unos cientos de militantes del autodenominado Estado Islámico tomaran Mosul, la segunda ciudad de Irak, ante la desbandada nerviosa de varias decenas de miles de policías y soldados iraquíes.

El historiador que durante los últimos dos años ha inventariado las fechorías que han mutilado la urbe está exhausto. “La esperanza es una palabra demasiado grande. Nuestro mundo ha cambiado para siempre”, maldice desde el anonimato en conversación con este diario. “La ciudad se ha convertido en una gigantesca prisión. La gente es libre para moverse dentro de sus límites. La villa cierra a las 6 de la tarde. Quien sale a la calle después de esa hora es un suicida. El IS (Estado Islámico, por sus siglas en inglés) inventa a diario nuevas maneras de despojarnos de dinero, techo y vida”, relata el activista, que administra la página de Facebook Mosul Eye (el ojo de Mosul).

Un sentimiento de desamparo que se ha propagado entre quienes habitan a la fuerza la capital del califato en suelo iraquí. 24 meses después de su irrupción, los yihadistas han remodelado la ciudad a su capricho: los hombres de la villa lucen la preceptiva barba y las mujeres han desaparecido del callejero. El terror de ejecuciones, decapitaciones y amputaciones se ha vuelto tan rutinario como la falta de electricidad o el hambre.

El lunes, los dirigentes locales recibieron la primera jornada del mes sagrado de Ramadán lanzando piedras contra Zaman, una vecina condenada por regentar un prostíbulo. Como de costumbre, antes de la lapidación, un agente de la “hisba” -la policía religiosa del califato- leyó a los presentes la sentencia de muerte dictada por un tribunal de la sharia (ley islámica). Cuando sus palabras cesaron, una lluvia de guijarros ahogó a la presunta alcahueta. No padeció el martirio sola. “La mujer testificó contra todos sus clientes. Fueron lapidados 123 hombres”, narra el historiador. Unos días antes, diecinueve adolescentes yazidíes fueron confinadas en jaulas y quemadas vivas en las calles de la villa. El delito que las envió a la hoguera fue su negativa a servir como esclavas sexuales, el sino que han padecido cientos de correligionarias.

“Habitantes como escudos humanos”

“El Daesh [acrónimo del Estado Islámico en árabe] no ha dejado de cometer atrocidades contra el pueblo de Mosul. Está usando a sus habitantes como escudos humanos mientras sigue extendido el terror por la ciudad”, relata desde el enclave un miembro de “Kataib Mosul” (Las brigadas de Mosul, en árabe), los batallones que desde hace meses llevan a cabo operaciones contra militantes y caudillos de la organización que dirige Abu Bakr al Bagdadi.

El éxito de los yihadistas depende tanto de la guerra intelectual y mediática como de su fuerza militar“, agrega quien rehúsa proporcionar su nombre por miedo a represalias. Las acciones de esta célula clandestina, integrada por ex policías y soldados iraquíes, son la única demostración de resistencia en los confines de Mosul y su provincia, Nínive. Un amago de sublevación que firmó su última acometida el miércoles. “A las 3:30 de la madrugada hombres de las brigadas persiguieron y asesinaron a un miembro del Daesh, Gamal Mohamed Amr, más conocido como Abu Hind, en el distrito de Faisaleya. Era originario de Tikrit y trabajaba en la administración del zakat (limosna que deben pagar los musulmanes que viven por encima del nivel de subsistencia)”.

Los batallones que secuestran y liquidan a funcionarios del IS no representan, sin embargo, la principal amenaza de los “muyahidines” (guerreros santos, en árabe).La creciente carestía se ha convertido en su verdadero enemigo. “La economía se halla en un estado catastrófico. Hay personas que se han suicidado a causa del hambre. No es fácil conseguir comida”, comenta Ismat Rajab, ex jefe del Partido Democrático del Kurdistán en Mosul, que aún mantiene contactos intramuros de una ciudad desconectada del mundo. La telefonía no funciona y el miedo a ser cazados por los centinelas del IS ha llevado a la mayoría de la población a interrumpir cualquier comunicación con el exterior.

Los bombardeos de la coalición internacional que lidera Estados Unidos contra depósitos de dinero y explotaciones petroleras han hundido a la organización en una severa crisis económica, perceptible en las calles de Mosul pese a los intentos de la propaganda yihadista de ocultar sus estragos bajo fotogramas de estanterías abarrotadas de alimentos, bulliciosos bazares o el trajín de una heladería.

“El salario de los combatientes se ha reducido drásticamente. Antes un soldado cobraba 800 dólares al mes, ahora unos 250. Los cabecillas recibían un sueldo de 1.500 dólares pero ahora apenas superan los 500”, indica a este diario Hisham al Hashimi, reputado experto en el IS y asesor de seguridad del Gobierno iraquí. Para sobrellevar la depresión, los extremistas han adoptado medidas desesperadas como ordenar que los presos asuman sus gastos de comida y bebida o comerciar con el acero que recuperan de los bombardeos de la aviación estadounidense. “La gente se las ingenia para satisfacer sus necesidades y evitar la pobreza que se extiende por toda la ciudad a pesar del floreciente negocio de los mercaderes sirios”, apunta el activista de Mosul Eye.

Deserciones motivadas por la austeridad

La repentina política de austeridad ha animado las deserciones. “La crisis financiera que atraviesa el Daesh está agravando los conflictos internos. Los ataques aéreos, además, están acabando con los líderes locales, que son reemplazados por militantes de segunda y tercera fila, con menos experiencia”, apunta el miembro de “Kataib Mosul”. Las embestidas han desatado el pánico al espionaje en las filas del IS. A principios de este mes los barbudos liquidaron a diez civiles de Mosul acusados de proporcionar información al ejército iraquí. “Está aumentando el número de combatientes que intentan escapar. Las cárceles están llenas de sus propios hombres“, recalca Al Hashimi. En las últimas semanas los gendarmes de Mosul han extremado los controles en busca de los camaradas que huyeron de Faluya, el feudo yihadista que las tropas gubernamentales tratan de recuperar desde finales de mayo. Al menos ocho adláteres han sido fusilados por abandonar el campo de batalla. “El IS apuesta por una guerra cruenta y callejera. Está trasladando sus cuarteles al interior de barrios residenciales”, apostilla el historiador.

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