Posts tagged ‘ARABES’

junio 8, 2011

Fácil de entender, difícil de arreglar.

por ramrock

Marcos Aguinis

Para LA NACION

Lunes 30 de mayo de 2011
Fácil de entender, difícil de arreglar

Acabo de
escuchar una breve exposición de Dennis Prager, célebre experto en asuntos de
Medio Oriente, que enseña en cinco idiomas y, además de sus actividades
académicas, dirige orquestas de música clásica. Ha participado en innumerables
cursos y mesas redondas sobre el conflicto árabe-israelí. Me sorprendió al
afirmar que es uno de los más fáciles de entender, aunque difícil de resolver.
Prager es también una figura relevante en los diálogos interreligiosos. Lo hizo
con católicos en el Vaticano, con musulmanes del golfo Pérsico, con hindúes en
la India y con protestantes de diversas denominaciones. Durante diez años,
condujo un programa radial con casi todas las creencias del mundo. Se lo respeta
como una voz seria, muy informada y ecuánime.

Reconoce que los estudios,
debates y cursos sobre el tema crearon la falsa noción de su complejidad. No hay
tal cosa, dice. En 1948, Gran Bretaña fue obligada a retirarse de Palestina por
el anhelo independentista de los judíos. Previamente, las Naciones Unidas habían
votado la partición del territorio en dos Estados: uno árabe y otro judío. Los
judíos aceptaron y los árabes no, porque preferían “echar a los judíos al mar”
mediante la invasión de siete ejércitos, con el apoyo de la ex potencia
mandataria. El resultado de esa guerra fue prodigioso. Aunque el pueblo judío
acababa de emerger -muy quebrado- del Holocausto nazi, pudo vencer. Desprovisto
casi de armas, abrumado por el ingreso de sobrevivientes enloquecidos, carente
de recursos naturales y alimentos, se empeñó en salir adelante. Sus vecinos se
negaron a firmar la paz y sólo hubo fronteras de armisticio, provisionales.
Después sucedieron nuevas guerras, cuyo propósito respondía al mismo eslogan:
“Echar a los judíos al mar”.

Israel es más pequeño que la provincia
argentina de Tucumán, que el estado norteamericano de Nueva Jersey y que la
república de El Salvador. No obstante, su carácter democrático y pluralista lo
ha convertido en una espina que hiere a dictaduras y teocracias. En 1967, el
dictador egipcio Gamal Abdel Nasser, con el apoyo de Jordania y Siria, inició
acciones para demoler al joven Estado. Entre otras medidas, forzó el retiro de
las tropas de las Naciones Unidas para poder invadirlo. Israel atacó primero y
obtuvo una impresionante victoria en la Guerra de los Seis Días. Fue entonces
-recién entonces y bajo circunstancias no deseadas- que la actual Cisjordania,
hasta ese momento parte integral de Jordania, pasó a estar bajo control israelí.
Durante las casi dos décadas que duró la ocupación jordana, nunca se había
propuesto convertirla en un Estado Palestino.

Curioso, ¿verdad? Recién
empezó esa demanda cuando la ocupó Israel. Porque el propósito de fondo -la
conclusión resulta obvia- no era establecer un Estado Palestino, sino borrar del
mapa a Israel, aunque sea arrancándole pedazo tras pedazo. Se puede decir que en
esa etapa comenzó el tan publicitado conflicto palestino-israelí. Hasta
entonces, era árabe-israelí.

Apenas terminada esa Guerra de los Seis
Días, hubo una conferencia de los jefes de Estado árabes en la capital de Sudán,
donde se juramentaron los tres noes: No reconocimiento, no negociaciones, no paz
con Israel.

¿Qué debía hacer Israel? Todos los caminos estaban cerrados,
hasta que un nuevo presidente egipcio, Anwar el-Sadat, se mostró dispuesto a la
conciliación. Entonces, Israel le dio la bienvenida y aceptó la fórmula “tierras
por paz”. Se retiró de la península del Sinaí, dos veces más grande que su
propio territorio, dejando a Egipto pozos de petróleo, aeropuertos, carreteras y
nuevos centros turísticos. Hasta sacó por la fuerza a los israelíes que habían
construido la ciudad de Yamit en el sur de Gaza, para que la devolución fuese
completa.

¿Fue apreciado semejante gesto? No. Tras el asesinato del
presidente Sadat, Egipto mantuvo una paz fría e incluso produjo programas
televisivos antisemitas y antiisraelíes porque -respondía ante los reclamos-
allí “se respeta la libertad de expresión”… Más adelante, Yasser Arafat
insinuó un acercamiento, saludado enseguida con alborozo por Israel, y se
firmaron los Acuerdos de Oslo, que dieron lugar al nacimiento de la Autoridad
Nacional Palestina.

En las negociaciones de Camp David, presididas por
Bill Clinton, el premier israelí aceptó casi todas las demandas palestinas. Pero
Arafat siempre decía que no. Clinton, impaciente, le exigió que hiciera
propuestas. Arafat no las hizo. Regresó triunfante -por haber hecho fracasar la
conferencia- y lanzó otra Intifada.
Para acercarse a la difícil paz, Israel
se retiró de la Franja de Gaza. Allí no quedó un solo judío (sólo uno, Gilaad
Shalit, que las autoridades palestinas mantienen secuestrado y no permiten
siquiera la visita de las Naciones Unidas, entidades de derechos humanos o de
beneficencia). Los palestinos tenían la ocasión de poner las bases de un Estado
pacífico y venturoso. Pero en lugar de ello, usaron la enorme ayuda
internacional que reciben para proveerse de armas, bombas y misiles que usan
para asesinar a los israelíes de las localidades vecinas. Si de veras quisieran
un Estado exitoso al lado de Israel, esta conducta lo desmiente de forma
categórica. Su objetivo mayor es la extinción de Israel. Una consigna elocuente
de Hamas (la organización terrorista que controla Gaza) dice: “Nosotros amamos
la muerte como los judíos aman la vida”. Confirma una clásica declaración de
Golda Meir: “Habrá paz cuando los árabes amen a sus hijos más de lo que nos
odian a nosotros”.

¿Se puede lograr la paz con quien sólo desea matar al
enemigo? Las emisoras de casi todos los países árabes y muchos musulmanes niegan
los derechos judíos sobre Israel, incluso reconocidos en el Corán. Palestina
(nombre inadecuado, porque se refiere a los filisteos que ocuparon sólo una
franja costera) no tuvo jamás un Estado árabe independiente ni un Estado
musulmán independiente. En cambio, allí, a lo largo de la historia, se han
establecido varios Estados judíos independientes. Israel es el tercero. La
trascendencia de ese pequeño territorio se debe a los judíos. Allí consolidaron
el monoteísmo, escribieron la Biblia, dieron origen al cristianismo y ahora
convirtieron su ínfimo espacio en una potencia tecnológica.

Insiste
Dennis Prager en que es irracional culpar a Israel de casi todos los males del
mundo. Si llegase un extraterrestre, no comprendería cómo una nación tan
pequeña, trabajadora, creativa, estudiosa, democrática y anhelante de paz, pueda
ser la causa de tantos conflictos, generadora de tantos males y tantos abusos.
¿No será que la usan de chivo expiatorio? ¿No será que se le tiene demasiada
envidia? ¿No será que su ejemplo hace temblar a los totalitarismos? Es curioso
que ahora, cuando los pueblos árabes por fin se levantan contra sus tiranos,
haya casi desaparecido Israel de las noticias. No la pueden acusar de haber
generado la rebelión, aunque existieron intentos y posiblemente se vuelva a ese
recurso.

Por último, ¿qué pasaría si Israel destruyese su armamento y
decidiera abandonar la lucha? ¿Qué pasaría si los árabes destruyeran sus
armamentos y decidieran abandonar la lucha? Prager responde: en el primer caso,
habría una invasión inclemente que convertiría a Israel en una cordillera de
cenizas. En el segundo caso, se firmaría la paz el próximo miércoles.

Por
lo tanto -cierra Dennis Prager-, el conflicto es difícil de solucionar, pero uno
de los más fáciles para comprender.

© La Nacion

Publicado por Guido Maisuls
en lunes, mayo
30, 2011