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octubre 19, 2014

‎La Historia de Aragón contada por Petronila Tarazona y su judería

por goal

Red de Juderias de España Caminos de Sefarad

Judería de Tarazona

Jaime Montijano Torcal

Buen jueves, Majestad, damas y caballeros de la Corte.

TARAZONA: Familias conversas y sefardíes

Como si un final feliz hubiera en la leyenda sefardí de Tarazona, esta ciudad Mudéjar, que en su día Gustavo Adolfo Becquer llamó la “pequeña Toledo”, ha sido restaurada casi en su totalidad. Aquella ciudad judeo-hispano-árabe, denominada antes Turiaso, verdaderamente ha renacido, y no hace mucho, de sus cenizas. No se puede exagerar al equipararla con el Ave Fénix, pues parece que Tarazona lleva casi cuatrocientos años de destrucción y olvidos, pese a lo cual ha logrado rehacerse. Ya que desde su esplendor en el Medievo y su despunte en el Renacimiento, parece que aquella que fuera “la capital del Moncayo”, quiso ser por muchos olvidada. Quizás un motivo de “aquella ruina” estuvo en el hecho de que Tarazona se situaba en la frontera entre los tres reinos: Castilla, Aragón y Navarra, que luego se unificaron. Distando tan solo dos jornadas -unos ochenta y siete kilómetros- de Zaragoza y de sus puertos, que desde el Ebro llevaban hasta Tortosa (y al Mediterráneo en tan solo días). Al igual que prácticamente era limítrofe con Castilla y Navarra; por lo que al unirse los territorios, en España -con los Reyes Católicos-, esta ciudad, hasta entonces de fronteras, debió perder mucho poder y relevancia económica.

Aunque el hecho que más desbarató y hundió Tarazona fue la Inquisición, que desde 1484 consigue establecer Fernando en su reino de Aragón; puesto que la antigua Turiasu había sido hogar de algunos de los más ricos y prósperos judíos hispanos, pese a que ya, desde mediados del siglo XIV, las persecuciones y el antisemitismo habían generado un clima inestable en los reinos reconquistados. Por lo que pocos decenios más tarde, los judíos se verían en la obligación de convertirse -o bautizar a parte de sus familiares en la fe católica-, para subsistir y poder convivir con los nuevos dueños de las tierras hispanas (los que se autodenominaban “cristianos viejos”). Pese a ello, los judíos estaban acostumbrados desde tiempos visigodos a sufrir la persecución, por lo que nunca imaginaron que algún día ésta fuera tan dura, como para ser definitivamente expulsados de su tierra, a la que habían llegado al menos cinco siglos antes que el catolicismo -que se inicia en el 587 d.C., con Recaredo-. Aunque considerándose por muchos que la primera venida de comunidades judías se produce en épocas de Gadir -con El Cautiverio y huida de Nabucodonosor, tras la caída de Jerusalén, Tiro y Sidón (en el 587 a.C.)-. Existe la posibilidad histórica, de que mil años antes de que el catolicismo se convirtiera en la religión mayoritaria de nuestra Península, hubiera comunidades hebreas establecidas en nuestras tierras. Por lo que puede decirse sin miedo a equivocarse, que la religión y la comunidad más antigua que hubo en Iberia (mantenida hasta el medievo), fue la de los judíos.

Pese a ello, la historia de estos y la de las persecuciones parece que van tan unidas como promovidas por otras religiones. Así, ya a fines del siglo XIII hubo un intento de destrucción de las familias de origen hebreo en Tarazona, quienes en esos años, habían conseguido estar entre los más poderosos de Aragón. El caso más terrible fue el de Moshe de Portella, quien en 1276 pasa de ser un rico comerciante turiasonense a ocupar cargos oficiales en su ciudad y luego en el Gobierno del rey. Siendo nombrado poco después “baíle” de varias ciudades y recaudador de grandes zonas de Aragón, termina convirtiéndose en uno de los hombres más ricos de aquel reino (que casi es como decir, en uno de los más adinerados de Europa). Procesado sin motivos aparentes ni explicables, aparece asesinado en extrañas circunstancias. En el transcurso de esos sucesos, su gran fortuna fue requisada por el rey Alfonso II, quien la utilizó para conquistar Menorca. La vergüenza ante los ojos del pueblo por lo que el gobierno aragonés hizo con este hombre y con su dinero, fue tal, que le familia hubo de ser resarcida y recuperada, llevándolos a ocupar cargos públicos y siendo nombrado, pocos años después, Ministro de Finanzas de Pedro II el hermano de este desafortunado Moshe de Portella (nacidos todos en Tarazona).

Como decíamos, a finales del siglo XIV, viéndose ya los “cristianos viejos” dueños de las tierras aragonesas y castellanas, comienza a generarse un gran antisemitismo, al sentir los re-conquistadores que, pese a su supremacía militar, no conseguían la supremacía económica sobre los territorios. El hecho cierto es que los cristianos no entendían de finanzas (ni siquiera les estaba permitido realizar préstamos) y carecían de preparación y formación para llevarlas a cabo. Pues los hombres cultos de entre ellos ingresaban en el clero, donde era imposible realizar negocio alguno. Muy por el contrario, los judíos no solo estaban preparados en contabilidad e idiomas (habiendo de dominar el arameo y hablando comúnmente el árabe y el latín, además de la lengua del lugar), sino que además, sus familias tenían contactos en el extranjero y en tierras lejanas, lo que les permitía extender “letras de cambio”, generar banca y crear un sistema de préstamos equilibrado y regulado en cambios. Por todo ello, cuando los hispano-hebreos ven la ola de antisemitismo de fines del XIV, deciden “incorporarse” al mundo cristiano, convirtiendo a una parte de sus parientes a esta religión. Ello les permitía seguir trabajando con sus familias judías, a la vez que con los cristianos, tanto como ocupar cargos públicos, e incorporarse al mundo católico.

Cinco imágenes de Tarazona sefardí: la Judería.

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