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diciembre 10, 2015

El yihadista de Rocafonda que no sabía rezar

por goal

El yihadista de Rocafonda que no sabía rezar

El Ayuntamiento de Mataró intenta emitir un mensaje de tranquilidad tras la detención | Los compañeros del detenido dudan de su pertenencia al DAESH

Otra vez en Rocafonda” repetían una y otra vez los vecinos del barrio de Mataró (Maresme), ya de por sí bastante estigmatizado por la diversidad de culturas que allí confluyen y la problemática delincuencial asociada a las altas tasas de desempleo. Pocos vecinos conocían aMarwan, el joven de 32 añosdetenido, que no destacaba precisamente por su religiosidad. “Mas bien al contrario, le gustaba fumar, beber y ligar con mujeres” y, como reconocían sus allegados “no acudía nunca a la mezquita, no sabía ni rezar” por lo que ironizan sobre su capacidad para integrar una célula de reclutamiento yihadista.

El Ayuntamiento de Mataró, por boca deNúria Moreno, concejal de Seguridad, intenta transmitir un mensaje de tranquilidad que justifica con la buena coordinación policial y la actuación preventiva que se ha llevado a cabo enRocafonda, “que ha dado pie a la detención”. El consistorio, ha contactado con entidades y asociaciones vecinales para hacerles llegar este mensaje. Moreno, no ha dudado en aportar contundencia a sus declaraciones, en lo que respecta a futuras actuaciones, un mensaje que resumió en una frase: “derecho a la diversidad, per en ningún caso diversidad de derechos” y zanjó su intervención con el sentimiento del barrio, “Rocafonda quiere vivir en paz”.

Eran las cinco de la mañana del martes cuando el barrio se despertaba con las sirenas de los coches policiales que blindaban los accesos a las calles Colombia y Poeta Punsola. En el segundo piso del número 13 de la calle Colombia, la Policía Nacional entraba gritando “¿Cuánta gente vive aquí?. Allí, vive Marwan, el detenido, con su madre y su padrastro. “Una familia muy normal” según los vecinos, “que no sigue los preceptos del Islam”. “La mujer no llevaba ni velo” susurraba escandalizada Aaminah, una adolescente tocada con el hijab. La madre del detenido gritaba: “mi hijo no ha hecho nada, la policía le quiere mal”.

Marwan hace cinco años que se mudó a vivir con su madre, después de un traumático divorcio con su esposa “que lo dejó muy tocado” desvelan sus colegas. El ahora acusado de terrorismo islamista nació en Tánger y con pocos años llegó a Mataró con su madre, que acababa de separase de su padre biológico, con el que también había pasado temporadas en la capital del Maresme. “Es una familia muy normal, del barrio” muy lejos del prototipo de familia radicalizada. En este sentido, fuentes policiales apuntan que los yihadistas “intentan hacer todo lo contrario a lo que se espera de ellos” así, entra en su lógica no acudir a las mezquitas, aparentar quedar al margen del Islam y seguir las costumbres occidentales”.

“La única droga era Internet”

Al joven no se le conoce empleo alguno. De vez en cuando ayudaba en el locutorio Bab Sahar, en el 13 de la calle Poeta Punsola, a escasos metros de su domicilio, donde había trabajado hace tiempo. Allí le trasladó la policía, encapuchado y esposado, para analizar los ordenadores que habitualmente utilizaba, presuntamente para acceder a redes yihadistas. “Eso sí, le gustaba mucho conectarse a Internet desde el locutorio y a veces ayudaba a la dueña” apuntan sus conocidos.

Su familia admite que vivía “de lo que le daba la madre” pero también que la mayoría se lo gastaba en Internet y no solía utilizar mucho el teléfono móvil. Se fue a vivir con sus padres para optimizar recursos, ya que su madre la pasaba 500 euros mensuales para pagar el alquiler de una vivienda. No comparten las acusaciones de yihadista radical y aseguran que “le gustaba mucho la fiesta” y no hablaba de temas religiosos ni políticos. Admiten sin embargo una relación a distancia con la joven canaria también detenida, pero creen que “actuaba engañado por ella”.

En el Bar Pulperia, ubicado frente al domicilio del acusado, frecuentado por magrebíes, la mayoría de los clientes el martes eludía la conversación con los periodistas. No fue así con los que dicen ser sus amigos. “Es de los mejores tipos que he conocido” destacaba el que se hacía llamar Alí, que relaciona una anécdota que protagonizó Narwan hace unos días. “Nos lo encontramos descalzo y hablando solo en medio de la plaza, estaba como en trance y le llamamos la atención” iba como si estuviera drogado, pero nunca les supo dar razón de su sorprendente comportamiento. “¿Drogas?. No, ni fumaba, la única droga que conocía era Internet” apostilló un anciano.

“Quedó trastocado con la separación de su mujer, que huyó a Marruecos y lo dejó aquí” justificó otro de sus habituales. Pese a ser un individuo reservado, Marwan no era muy conocido entre los miembros de su comunidad. Durante el día paseaba con la moto y paraba a tomar café en un bar de la carretera de Mata, donde permanecía largas horas en la terraza charlando con otros compañeros. Después, iba al locutorio y por la noche, “salía de marcha con sus amigos”. Varios de los más allegados de Marwan son músicos o empleados de salas de fiestas, a los que acompañaba en sus peripecias nocturnas. “Pero nunca se metía en peleas ni riñas”.

lavanguardia

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