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abril 19, 2015

Nos prometió que si nos castraban veríamos a Dios’

por goal

elmundo

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Hans Raj Chauhan, de 33 años, posa en la puerta de su casa en Tohana, Haryana (India) ELENA DEL ESTAL

Gurmeet Ram Rahim no le dio permiso a Sangita para morir. El coche de esta joven india llevaba varias vueltas de campana cuando el gurú se le apareció en la oscuridad y le susurró:“tienes mucho trabajo por hacer, no te voy a dejar ir”. Tras acariciar la muerte, la mujer -cuyo nombre real es otro- sobrevivió.

  • La historia del músico Hans y otros 400 seguidores del poderoso gurú indio Ram Rahim

  • Él es el único que se ha atrevido a denunciar: ‘Me castraron junto a 20 personas…’

  • Entre los amputados hay niños

  • El gurú, con fama de milagroso: ‘Yo hago el bien para la Humanidad’

VÍCTOR OLAZÁBALSirsa / India

Ella lo cuenta como si hubiese sido un milagro obra de su líder espiritual. No era el primero. Antes había curado la artritis y el corazón de su madre, había sacado a su tío de la bebida y le había devuelto la fertilidad a su cuñada. Todo gracias a la meditación, dice. “Por eso lo dejé todo para estar junto a él”. Se queda sin palabras, emocionada, cuando describe al hombre que cambió su vida.

También Hans Raj Chauhan afirma haber vivido un antes y un después vital gracias a este maestro de la abstracción, aunque completamente distinto al de Sangita. Él no recuerda milagros, sino pesadillas. La policía investiga si, convencido por la oratoria con sabor a miel del gurú, fue presuntamente castrado junto a otros centenares de personas entregadas en cuerpo y alma a su líder. Hans decidió denunciarlo. Recibe a Crónica en su casa con un té y con todos los documentos que ha presentado ante la Justicia.

Tenía 15 años cuando, en 1996, entró en Dera Sacha Sauda, la comunidad espiritual que encabeza Ram Rahim. Su familia estaba unida a esa organización desde hace más de cuatro décadas. Durante unas inundaciones, Hans, que dice ser buen nadador, salvó a siete personas. Aquel acto heroico llegó a oídos del gurú, que no tardó en pedirle a sus padres llevarle a su principal ashram -centro de meditación-, ubicado en Sirsa, en el estado de Haryana. “Mi familia confiaba plenamente en él, me quería convertir en un sadhu”, en un asceta ajeno a los placeres. Tres años después empezaría lo que Hans llama “una historia de atrocidades”.

Los sadhus, austeros, renuncian a lo material y buscan los valores vitales. Una noche, siempre según el relato de Hans, Ram Rahim reunió al medio millar de ascetas que habitaba en su ashram y les incitó a dar un paso más en su camino hacia la iluminación. “Nos prometió que, si nos castrábamos, abrazaríamos a Dios, le encontraríamos”, afirma. Quienes pasasen por el quirófano, continúa Hans, tendrían una relación de especial confianza con el gurú al que creían ciegamente.

El resultado es obvio. “Me castraron en septiembre de 2000 junto a otras 20 personas. Luego continuaron con más gente. En una década, 400 personas, incluidos algunos menores”, recuerda años después. No olvida la operación. La anestesia local le impedía sentir nada. “Pero pude ver a los doctores Pankaj Garg y M.P. Singh junto a tres ayudantes. Ellos quitaban los testículos y los tiraban”. Tardó tres días -hasta que le retiraron la venda- en ver que le faltaba algo a su cuerpo.

‘Me crecieron los pechos, el vello de mi cara desapareció, tuve problemas respiratorios y de orina’, cuenta Hans

Muestra un informe médico de 2012. El papel confirma que el pene está en su sitio y que el saco escrotal también, pero que éste se encuentra vacío. “Los testículos no están presentes o no son palpables“, señala el informe. Fueron extraídos. Hay “cicatrices lineales, de forma horizontal, que miden aproximadamente una pulgada cada una a ambos lados de la línea media del saco escrotal”. Lo que no dice el documento es cuándo -y mucho menos dónde- se hizo la operación. Por esa cirugía, Hans asegura que su cuerpo se transformó. “Me crecieron los pechos como a una mujer, mis ojos cambiaron, el vello de mi cara desapareció, empecé a tener problemas respiratorios y de orina”.

Con ese informe en la mano, hace tres años, este joven del norte de India demandó al gurú. Le acusó de haberle supuestamente empujado, a él y a otros, a someterse a castraciones durante una década bajo falsas promesas. Cuenta con una lista de 166 nombres que asegura que están en su misma situación. Nombres que quieren mantener el anonimato fuera de los tribunales, según Hans, por miedo al qué dirán.

‘Conspiración criminal’

El proceso se encuentra ahora en el Tribunal Superior de Punjab y Haryana. A principios de este año, la Oficina Central de Investigaciones (CBI, por sus siglas en inglés) se hizo con el caso de presunta conspiración criminal y daños graves causados voluntariamente. Las pesquisas de la CBI y la decisión de la Corte determinarán si las acusaciones de Hans son ciertas o no. Sus demandas: una indemnización, el pago de tratamiento hormonal y que el gurú sea castigado con la cárcel. “Él [Ram Rahim] es muy poderoso, no sabemos cómo puede terminar el proceso. En Dera no admiten que las castraciones se cometieron en sus lugares”, afirma por teléfono el abogado de Hans, Navkiran Singh, que no le cobra ni una rupia.

Desde la dirección de Dera dedican pocas palabras a la prensa. Ante Crónica se limitan a decir que “el asunto está pendiente de resolución judicial”. Cuando la CBI tomó las riendas de la investigación, Ram Rahim contestó: “Estas acusaciones me molestan, yo hago el bien para la Humanidad. Por eso mi abogado y yo vamos a ir al tribunal a desafiarlas”, según citó AFP. “Todo es falso. Yo nunca le pedí a nadie que lo hiciera”, dijo antes de apostar su propia cabeza si se demostraba lo contrario. Su versión cuestiona que Hans tardase más de una década en presentar la denuncia.

Hans cuenta que no volvió a su casa hasta nueve años después de la supuesta castración. Todo ese tiempo convivió en Dera con su maestro. Le odiaba por dentro, callaba por fuera. “No me dejaban irme, tenía miedo”. Finalmente regresó a su hogar en Tohana, a 100 km de Sirsa, con sus padres, que hasta ese momento no sabían nada. Quedaron conmocionados pero nunca le han negado su apoyo incondicional.

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Sobre estas líneas, Hans señala el informe médico que acredita que le faltan los testículos debido a una operación de castración ELENA DEL ESTAL

Fuera de casa era diferente. En el pueblo se reían de él. Era el eunuco, el impotente, “la burla de la sociedad”. A estas alturas ya le da igual. Asegura que tiene buenos amigos con los que se evade de lo que pasa a su alrededor. A Hans, que supera los 30, le preocupa algo más importante en la sociedad india: el matrimonio. No disfruta la veneración que sentían los castrati italianos del siglo XVIII. No tiene ni su fama, ni sus privilegios, ni ríos de mujeres deseosas de ser sus amantes.“Quiero casarme, pero no puedo. Soy estéril. Ninguna mujer quiere casarse conmigo”. Su cara se torna triste, más aún que cuando describía su evolución corporal. Sabe que no hay juez que le solucione eso.

Lo único que le queda es su mayor devoción. Es músico. Lo ha sido siempre, desde el colegio, antes de entrar en Dera. Al salir se hizo profesional. Ahora compone, toca varios instrumentos y canta. Graba canciones de amor. Para algunas de ellas realiza videoclips en los que se ve la melena que lució un tiempo. Da conciertos en bodas y ceremonias religiosas y enseña en una escuela a los más pequeños el arte de tocar la guitarra o el violín. Es su vida y le gusta. Se le iluminan los ojos y aparece una sonrisa que resalta unos mofletes mullidos. Siente que le pueden quitar cualquier cosa -literalmente- pero no su voz, lo único que, curiosamente, no le cambió con la castración. Y cuando lo cuenta, rompe de repente la conversación para empezar a interpretar una famosa canción india.

Las castraciones forzosas son delito en India, no así las voluntarias, tal como recordó hace un mes un tribunal de Delhi en relación a otro proceso. En el país de las supersticiones, los casos voluntarios que se han dado suelen limitarse a algunas hijras (transgénero que acuden a nacimientos y bodas para cantar, bailar y ofrecer bendiciones o augurios) y a algunos sadhus que deciden romper sus genitales en un alejamiento total del deseo.

La comunidad

Dera Sacha Sauda fue fundada en 1948 por el Santo Beparwah Mastana Ji Maharaj “para fomentar el despertar espiritual de las masas, elevar a la humanidad y crear un mundo mejor”, según su página web. Su símbolo es el 1, la unidad, “la confluencia de todas las religiones”. Todos sus seguidores llevan uno colgado del cuello. Su base es la meditación. Meditar para construir un mundo sin discriminación, sin conflictos, sin males en la sociedad. Meditar, además, «para ver a Dios».

Su centro principal está a las afueras de Sirsa: dos ashrams gigantes en los que trabajan miles de voluntarios en la cantina, en los controles de seguridad, en la escuela, en el centro médico, en las oficinas de administración o en el departamento de prensa, donde tienen 44 pantallas con las que dos jóvenes controlan lo que se emite en todas las cadenas de televisión mientras otro a su lado recorta noticias de periódicos en las que se hable de Dera o del gurú. Un gurú cuyo rostro barbudo y sonriente se vuelve omnipresente en la infinidad de carteles que pueblan el ashram y el municipio.

Adopta huérfanas

Gurmeet Ram Rahim Singh Ji Insan nació hace 47 años en el estado de Rajastán, vecino de Haryana, y es desde hace 25 el guía de Dera, el tercero desde que nació esta comunidad. Tiene pinta de bonachón. En realidad es la reencarnación de Param Pita Shah Satnam Ji, el segundo gurú. Eso dice su web.

El actual líder espiritual rechaza el alcohol y las drogas. Fomenta el vegetarianismo, la agricultura ecológica y la homeopatía. Quiere acabar con la prostitución y con los feticidios femeninos tan comunes en India. Por eso, ha adoptado niñas huérfanas o abandonadas y promueve los casamientos con ex prostitutas y viudas.

La conexión que genera con sus discípulos es extrasensorial. Son sus fieles, en el sentido más estricto de la palabra. “Me encanta, es como mi padre”, dice conmovida Sonia, cuyos dos hijos van a una de las escuelas de Dera. “¿Has visto lo guapo que es? Es increíble”, añade Gaurav, un voluntario dentro del ashram. Según sus críticos, “les lava el cerebro”. Es la justificación que da Hans para explicar por qué hace 15 años él accedió a castrarse.

Estos días la organización anda revolucionada por el reciente estreno de Mensajero de Dios, la película no exenta de polémica que dirige y protagoniza este maestro de la meditación. En el ashram no se habla de otra cosa. La cinta cuenta vida y obra del gurú y muestra el trabajo social que hace contra las injusticias. “Tranquilo, en esta película no aparece ninguna escena de sexo ni de abuso de drogas”, aclara Gaurav, que lleva siete años en Dera.

En el pueblo las opiniones se dividen. Los hosteleros explican a los recién llegados que hay dos bandos: los seguidores de Dera y quienes se oponen. Y es que las supuestas castraciones no son las primeras acusaciones que recibe Ram Rahim. Se enfrenta a un caso que le relaciona con el asesinato de un periodista en 2002 y a otro sobre explotación sexual. “Engaña a la gente, le saca el dinero, es como una sanguijuela que chupa la sangre”, opina Virender, profesor en Tohana. “En India -continúa- todo está permitido si se hace en nombre de Dios”.

50 millones de seguidores y varias películas

Sacha Sauda, que significa “El trato verdadero”, es una organización con 50 millones de seguidores en el mundo, según sus propios datos. Sólo en India tiene más de 50 ashrams en Haryana, Rajastán, Punjab o Delhi con más de 40.000 voluntarios. Algunos a sueldo, la mayoría por fe. La amalgama es así: estudiantes, médicos, ingenieros, científicos, policías, profesores y gente que no tiene nada. LOS VOLUNTARIOS lucen con orgullo un documento en el que enumeran los 100 ejemplos de trabajo social que ha realizado hasta ahora la organización. Proyectos como la plantación de árboles, las operaciones de vista o la escolarización de niñas. Todo, por supuesto, de forma masiva, lo que le ha valido, dicen, más de una decena de premios Guinness. RAM RAHIM es un hombre poderoso que se autodefine como escritor, inventor, científico, filósofo y activista por la paz. Apoya públicamente al BJP, el partido del primer ministro Narendra Modi. Ha dirigido, producido, protagonizado y compuesto la música de la película Mensajero de Dios que acaba de estrenar. En su primer día, en 2.500 salas, recaudó 40.000 euros. La crítica no ha tenido piedad con ella.

@Vic_Olazabal

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