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febrero 9, 2016

Los túneles – Una puerta para problemas – Por El General en la Reserva Yaakov Amidror (Israel Hayom 5/2/2016)

por goal

Los túneles – Una puerta para problemas – Por El General en la Reserva Yaakov Amidror (Israel Hayom 5/2/2016)

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Por cada momento que pasa, Hamás mejora sus posiciones y pone en peligro la seguridad de Israel. Un ataque preventivo del ejército israelí nos brindara un ventaja pero no se asegura que destruirá la amenaza. El mundo condenará. Estudiemos la trampa de enfrentarse a la amenaza de los túneles.

En los últimos días nuevamente hemos tratado con la amenaza de los túneles desde Gaza, en especial nos preguntamos que deberíamos hacer para prevenir que se concrete la amenaza que se desprende de estos. Ante todo, un poco de reseña histórica. Los túneles como un problema comenzaron a aparecer tras la ejecución del acuerdo de Oslo en 1994, con la salida del Tzahal de buena parte de Gaza y su posicionamiento en una franja estrecha en el límite con Egipto. Los habitantes de Rafah y las organizaciones terroristas rodearon el límite a través de túneles con la colaboración floreciente con los habitantes del Sinaí.

Tras la retirada unilateral de 2005 se amplio el sistema de túneles de forma dramática y se agregaron dos sistemas suplementarios: un laberinto subterraneo por debajo de la franja, cuyo objetivo era permitir que el Hamás pueda enfrentar al Tzahal en un intento de conquistar la franja. Además, se agregaron túneles ofensivos dentro de la franja que se dirigían hacia el interior del estado de Israel. Hace un año y medio se descubrieron durante la Operación Margen Protector unos 30 túneles de estos, y podemos suponer que también hoy existen una decena de túneles ofensivos.

Los túneles ya se conocían incluso antes de esta operación. Ya en el 2006 fue secuestrado Guilad Shalit saltando desde el interior de un túnel, y unos cuatro túneles que cruzaban la frontera fueron descubiertos antes de la operación, uno de ellos penetraba a más de un kilómetro dentro de Israel. Incluso el Secretario General de la ONU realizó un paseo por uno de los túneles, por lo que no se puede argumentar que sorprendieron a Tzahal aunque, por lo visto, la esencia de la amenaza y su potencia no se comprendieron como se debía.

Quizás esa haya sido la causa por la cual Tzahal no llegó a la operación de verano del 2014 preparado como debía para hacerle frente a los túneles. No poseía los medios para poder ubicarlos, tomar posesión sobre ellos y proceder a su destrucción. Con eso, la decisión que fue aprobada cerca del inicio de la operación y que fue concretada unos días más tarde, de ejecutar un plan para destruir los túneles, fue la decisión correcta. No era posible terminar la operación sin provocar un daño significativo en los túneles que se habían descubierto, incluso si su destrucción fue parcial.

Ahora, cuando está claro que Hamás renueva el sistema de túneles ofensivos, nos preguntamos qué hacer y, como dijimos, se escuchan voces que exigen salir a una operación para destruirlos, lo que se califica en la literatura como una “operación preventiva”, es decir, un movimiento cuyo objetivo es dañar al enemigo antes que este preparado para ejecutar su plan. Las preguntas acerca de una guerra preventiva no son nuevas. Ellas sobrevuela las decisiones de Israel casi desde su fundación. Por lo menos una operación grande, la Operación Kadesh de 1956, se inició como un ataque preventivo explotando la operación francesa-británica, para poder recibir un paraguas internacional cómodo.

Lo que molesta a los que tomaron las decisiones entonces (en especial David Ben-Gurión como Primer Ministro y Ministro de Defensa y a Moshé Dayan como Jefe del Estado Mayor) era el negocio de venta de armas enormes entre la República Checa y Egipto, cuya aplicación le daría a Egipto una capacidad mucho mejor para atacar a Israel. Suele considerarse que también la guerra del Líbano de 1982 entra en esa categoría de guerra preventiva, ya que Menajem Beguín como Primer Ministro temía que la OLP se estaba reforzando tanto como para lanzar una guerra contra Israel junto a la alianza de otros estados árabes. La destrucción de la fuerza de la OLP iba a evitar una guerra aún más grande.

Aspirar a la calma pero mantener la preparación

La naturaleza de la guerra preventiva es muy difícil para los que toman las decisiones, ya que son “guerras de elección” por definición, en donde el enemigo no atacó y quién sabe si hubiese atacado. Es tomar la decisión de enviar a soldados a morir en el campo de batalla basado en la posibilidad que no se sabe si se aplicará en la realidad. El precio a pagar es inmediato. Sin embargo, eso aparentemente intenta evitar un futuro en las tinieblas.

En el centro de la discusión profesional fría, desapasionada, se ubica la cuestión de cómo utilizar mejor el momento adecuado. Por un lado están los defensores del enfoque que Israel, por su necesidad de mantener lista su espada por mucho tiempo, tratará de usar esa espada con poca frecuencia, tanto como sea posible, especialmente en los períodos en los que el silencio permite que el país avance y por lo tanto nos permite hacernos más fuertes – por lo que cuánto más nos reproduzcamos por más tiempo, mejor. De acuerdo con este punto de vista, la función primordial del gobierno es crear largos períodos de silencio posibles, y utilizar esos momentos mejor que el enemigo – para ser más fuertes en la guerra por venir.

Este enfoque se opone a la idea que Israel debe elegir el momento preferido para ir a la guerra cuando tiene una mejor ventaja comparativa y cuando el enemigo todavía no ha alcanzado su punto máximo de fuerza. Como país pequeño, los tomadores de decisiones deben identificar los mejores tiempos para aprovecharse de la superioridad de Tzahal con el fin de evitar una catástrofe que se produciría si el enemigo es más fuerte. El principal problema de este enfoque es la cuestión de la legitimidad – del mundo y en Israel – que es difícil de lograr cuando el país va a la guerra, sin razón aparente, y sin dejar que se derramase su sangre o sin que fuese atacada antes.

Ahora pasemos a la Franja de Gaza y a los túneles actuales. Digamos, por ejemplo para poder argumentar, que ahora Tzahal está mejor preparado para manejar el problema de los túneles, pero también se asume el mismo nivel de certeza que el enemigo en la Franja de Gaza también ha mejorado y ha adquirido capacidades adicionales, especialmente para sus ataques con cohetes y para proteger la bocas de salidas de los túneles.

Esto significa que una operación para destruir los túneles se parecerá en muchos aspectos a la Operación Margen Protector. Esto se refiere a varias decenas de víctimas de nuestro lado y varios miles de bajas en el lado palestino, pero esta vez los túneles serán destruidos por completo. Está claro que nadie en el mundo, incluyendo a la ONU, condenó recientemente la excavación de túneles, ellos no justificaran tal operación e Israel “será vapuleada” por condenas desde todos los lados, y eso dificultará su capacidad para salir a una guerra más necesaria en el futuro.

Dentro de Israel se va a criticar al gobierno de “aventurerismo” y de correr hacia una operación que podría evitarse, ya que durante casi dos meses se dispararon decenas de cohetes contra Israel (aunque la mayoría de ellos fueron interceptados).

Por otra parte, incluso si todos los túneles fuesen destruidos muy a fondo, gracias a las medidas que las fuerzas de Israel han desarrollado desde la campaña anterior (se asume que esta ha sido la premisa para esta discusión), es probable que después de esta operación, Hamás aún será capaz de excavar, aunque más lentamente, otros túneles. Si esta es la situación, entonces ¿cuál es la lógica en comenzar una operación ahora?

En resumen, cuando los responsables se enfrentan ahora a estas preguntas, es conveniente profundizar en el pensamiento cuando aún no se ha decidido. Se sabe cómo se inicia una operación, pero su final se desconoce y cuando en la balanza se pone el equilibrio entre el cuidado de la vida y la posición internacional de Israel, decisiones se deben tomar tras sopesar (tomando en cuenta el presente y el futuro posible) cuáles serán los beneficios máximos de la operación, cuál es el precio que pagaremos durante el proceso o el riesgo de la inacción. Es dura la vida del que decide, pero no debe verse motivado o influenciado por consideraciones a corto plazo o por populismo o por lemas vacíos.HatzadHasheniZorrete PNG