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febrero 6, 2015

Parashá Itró Lectura de la Torá para la semana del 1-7 Feb 2015 – 12-18 Shevat 5775

por goal

ITRÓ PARASHÁ DE LA SEMANA

Itró Shemoth Éxodo 18:1-20:23

Ustedes vieron lo que hice a Egipto, y a ustedes los llevé sobre alas de águilas y los traje hacia Mí. Ahora, si Me obedecen y cumplen Mi pacto, serán Mi tesoro más preciado de entre todas las naciones, ya que el mundo entero es Mío. Serán para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Shemoth-Éxodo 19:4-6).

El arte de escuchar

Uno de los rasgos más llamativos de la parashá de esta semana es la yuxtaposición de los consejos de Itró a Moshé con la entrega de la Torá. Rav Tzadok HaKohén nos da, en nombre de su rabino (1), una interesante lección a partir de este hecho.

Él comienza analizando la sección en la que Itró le aconseja a Moshé que modifique el sistema judicial y Moshé acepta dicho consejo. Esto no pareciera ser un hecho especialmente destacable, pero si reflexionamos en ello podremos notar que la reacción de Moshé ante el consejo de Itró nos muestra una gran característica de Moshé.

El suegro de Moshe, Itró, oye sobre los grandes milagros que Di-s hizo por el pueblo de Israel, y viene desde Midián hasta el campamento Israelita, trayendo consigo la mujer de Moshe y sus dos hijos. Itró aconseja a Moshe nombrar una jerarquía de magistrados y jueces para ayudarlo en la tarea de gobernar y administrar justicia a la gente.

Puede que Itró haya sido un hombre muy sabio pero, con seguridad, estaba muy por debajo del nivel de su yerno; además, no había tenido ninguna exposición a la sabiduría de la Torá. Moshé podría perfectamente haber escuchado el consejo y luego haberlo rechazado con delicadeza, sin considerar realmente su aplicación. Sin embargo, Moshé escuchó atentamente el consejo, lo analizó profundamente y finalmente decidió aplicarlo.

El rabino de Rav Tzadok dice que Moshé nos enseña que una persona debería escuchar incluso las palabras de una persona ordinaria y que ese es uno de los aspectos del concepto de ‘aprender de todas las personas’. Luego explica la yuxtaposición con la entrega de la Torá diciendo que esta lección es la introducción a aquel evento trascendental, ya que aprender de todas las personas es parte esencial del estudio de Torá.

Ahora, uno podría argumentar que si bien la capacidad para escuchar a los demás puede ser beneficiosa para el estudio de Torá, no es tan importante como para ser la lección introductoria de la entrega de la misma.

Rav Eliyahu Lopián responde esta pregunta: “Hay personas que estudian todo el tiempo y que se esfuerzan en Torá, pero que no tienen la capacidad para escuchar a otros y conectarse con sus amigos a través del estudio de Torá. Son personas que están absolutamente enfrascadas en sí mismas y en sus dálet amot (‘cuatro amot’) (2). Estas personas no sólo son severamente castigadas, sino que tampoco tienen éxito en el estudio”.

Él continúa explicando la razón por la cual la incapacidad para escuchar dificulta tanto el estudio. “Las personas tienen una tendencia natural hacia favorecerse a sí mismas y a estar cegadas ante todo lo que vaya en contra de su opinión. Si alguien no puede escuchar lo que dicen los demás, entonces jamás podrá clarificar nada con precisión” (3).

La incapacidad innata para oír perspectivas que contradicen a la propia puede llegar a evitar que un estudiante escuche adecuadamente incluso a quienes saben más que él, ya que hay una tendencia particular en él a discutir todo lo que dicen; en consecuencia, el estudiante nunca puede entender bien y absorber lo que su superior está diciendo.

En contraste, la capacidad para escuchar de corazón y comprender lo que los demás dicen es una de las claves para la grandeza. El Alter de Novardok expresó este punto cuando alabó la grandeza de Rav Jaim Ozer Grodzensky. “Su genialidad y sabiduría son inmensas y tienen tanta amplitud y profundidad porque cuando era joven siempre estaba en presencia de grandes rabinos. Nunca les dijo acepten mi opinión, sino que se convirtió en un recipiente que escuchaba y absorbía todas las opiniones y explicaciones de los grandes hombres que se encontraban en el lugar. Incorporó a su ser toda la sabiduría que escuchó, y su mente se purificó y elevó a partir de la grandeza de muchas generaciones que grabó en su mente (4)”. Vemos de las palabras del Alter de Novardok que la clave para la grandeza de Rav Jaim Ozer fue su voluntad para asimilar todo lo que escuchaba.

A pesar de que prestarle atención a nuestros rabinos es un desafío, prestarle atención a nuestros pares es aún más difícil. A menudo, cuando escuchamos que una cierta persona está a punto de expresar una idea, cerramos nuestra mente y pensamos en lo que diremos a continuación. Además de ser una falta de respeto, esa actitud obstaculiza gravemente nuestra capacidad para crecer.

La capacidad para aceptar la opinión de alguien —en particular cuando contradice la propia—, es una cualidad muy poco común. Más difícil aún que escuchar a nuestros pares es escuchar a quienes están en un nivel inferior al propio. Un erudito estaba molesto por la Mishná de Ética de nuestros padres(5) que dice que un hombre sabio es quien puede aprender de todo hombre, no sólo de los grandiosos. Por tanto, le preguntó a un distinguido rabino, argumentando que seguramente no había nada para aprender de las personas que están en un nivel de estudio muy inferior al propio.

El rabino le respondió que él le había enseñado Mishná Brurá a principiantes que habían estudiado Torá sólo durante un año, y dijo que ellos habían analizado las leyes desde ángulos que él nunca había visto antes, lo cual lo hizo repensar seriamente muchos fundamentos que había llegado a considerar sagrados.

Aprendemos de la parashá de esta semana que escuchar a otros es una de las bases de la sabiduría. Espero que todos obtengamos la capacidad para escuchar honestamente lo que nuestro maestro, amigo o estudiante está diciendo y que eso nos ayude a aprender y entender la Torá.

diez mandamientos

La Torá contiene 613 mandamientos, pero en el monte Sinaí —la única ocasión en la historia en la cual todo el pueblo judío tuvo un encuentro cara a cara con D.os— D.os decidió enfatizar sólo diez de ellos.

Los primeros dos de los Diez mandamientos los escuchamos directamente de la boca de D.os, sin que Moshé actuara como intermediario, mientras que los otros ocho los escuchamos por medio de Moshé.

De acuerdo a muchos comentaristas, el primero no es realmente un mandamiento, sino que es más bien una declaración introductoria a todos los mandamientos. Pero hay un factor común que unifica a estos diez mandamientos y que los distingue de los otros; son los únicos mandamientos que aparecen en las Tablas de la ley.

Moshé explica de la siguiente manera qué significa que aparezcan escritos en las Tablas:

Él (D.os) te dijo Su pacto que Él te comando a ti observar, los diez mandamientos, y los inscribió en dos tablas de piedra” (Devarim-Deuteronomio 4:13).

Estas diez declaraciones tienen un aspecto dual. Además de ser mandamientos por sí mismos, al igual que el resto de los 613, constituyen un pacto especial entre D.os e Israel. Nos referimos a ellos en la Hagadá de Pesaj como Las tablas del pacto. En este ensayo intentaremos explorar precisamente el aspecto de ‘pacto’ de dichos mandamientos.

El pacto

Un pacto no es algún tipo de unión mística espeluznante, sino que es meramente el término que se utiliza para referirse a un contrato. Todo contrato es un acuerdo que fue negociado entre dos partes. Cuando se alcanza un acuerdo, por lo general éste es registrado y cada una de las partes obtiene una copia legalizada para que tengan registro de sus derechos y obligaciones contractuales. Al describir los Diez mandamientos como un pacto, la Torá nos está informando que las Tablas representan una copia del acuerdo contractual entre D.os y nosotros. Las Tablas que recibimos en Sinaí constituyen la copia legalizada de Israel.

Pero esta parece ser una idea sumamente novedosa. ¿En qué sentido pueden ser descritos los mandamientos —los cuales son principalmente órdenes que emitió D.os—, como un acuerdo que fue negociado?

Para entender mejor el aspecto contractual de estos mandamientos debemos explorar el proceso de negociaciones que llevó a dicha culminación.

La oferta

Cuando Moshé ascendió al monte Sinaí por primera vez luego de que el pueblo judío acampase a sus pies, D.os lo envió de vuelta al pueblo con el siguiente mensaje:

Ustedes vieron lo que hice a Egipto, y a ustedes los llevé sobre alas de águilas y los traje hacia Mí. Ahora, si Me obedecen y cumplen Mi pacto, serán Mi tesoro más preciado de entre todas las naciones, ya que el mundo entero es Mío. Serán para Mí un reino de sacerdotes y una nación santa” (Shemoth-Éxodo 19:4-6).

Esta declaración contiene la oferta de Dios.

Najmánides explica qué es lo que D.os estaba ofreciendo: El mundo entero le pertenece a D.os, pero Él puso a las otras naciones bajo el mandato de los ángeles. Un tesoro preciado es algo que uno vigila cuidadosamente de manera personal. Él se encargaría de las necesidades del pueblo judío por sí mismo en lugar de delegárselas a la jurisdicción de los ángeles, tal como hace con las otras naciones.

Un tesoro preciado es algo que uno vigila cuidadosamente de manera personal.

Pero esta oferta de jurisdicción Divina personal en realidad contenía dos partes. Además de la promesa de preocuparse en este mundo, también ofrecía una entrada al próximo mundo. Porque un objeto atesorado nunca pierde su valor, y por lo tanto, alguien que es preciado para D.os, Quien es eterno, se mantendrá con D.os por toda la eternidad. Si Israel aceptaba la oferta de D.os y se convertía en Su objeto atesorado, entonces eso extendería el trato de forma automática hacia la eternidad.

Estas dos ideas están contenidas en las dos frases “reino de sacerdotes”, una referencia a este mundo, y “nación santa”, lo cual es una referencia al próximo mundo. Cabe destacar que la palabra “santo” en hebreo siempre implica una separación de la fisicalidad. Por lo tanto, una “nación santa” es una nación en un sentido no físico, es decir, una nación en el próximo mundo.

La aceptación

Moshé vino y convocó a los ancianos del pueblo, y puso frente a ellos todas estas palabras que D.os le había comandado. Todo el pueblo respondió junto y dijo: “Todo lo que D.os ha dicho, haremos” (Shemoth-Éxodo 17:7-8).

Este versículo describe cómo el pueblo judío aceptó la oferta de D.os.

Moshé le presentó la oferta a los ancianos de forma que ellos la hicieran circular entre la gente, observaran sus reacciones y tomaran una decisión acordemente, pero el pueblo se adelantó a este proceso de deliberación mediante el declarar con entusiasmo su aceptación inmediata y unánime con una sola voz.

Obviamente los judíos consideraron que esta era una gran oferta. La aceptaron de forma inmediata, sin una deliberación previa. Pero debía haber algunas condiciones en la oferta.

Y efectivamente las hay: las condiciones son los mandamientos.

Para entrar en el pacto debes aceptar los Diez mandamientos. Pero, ¿por qué es tan difícil aceptar estos mandamientos? Una lectura superficial no muestra nada controversial o difícil de respetar.

Para entrar en el pacto debes aceptar los Diez mandamientos.

La lógica nos obliga a observar más de cerca estos mandamientos para encontrar la respuesta.

Inmediatamente se hace aparente que estos mandamientos están divididos en dos partes. Y de hecho, la tradición judía nos enseña que hay dos tablas: 1) una corresponde a las obligaciones con D.os, y 2) la otra consiste en obligaciones con el prójimo. Pero si las examinamos de cerca podremos ver que están relacionadas.

Por efectos de simplicidad, refirámonos a las dos tablas como la tabla de D.os y la tabla del hombre, y analicémoslas paralelamente.

Yo soy D.os / No asesinaras

El primer mandamiento en la tabla de D.os es la aceptación de D.os como nuestro gobernante. Él nos sacó de la esclavitud de Egipto para que nos transformáramos en Sus sirvientes en lugar de ser los sirvientes de Paró. De forma paralela a este mandamiento encontramos en la tabla del hombre el mandamiento relativo al asesinato. El acto del asesinato representa también una violación de la esencia del primer mandamiento de la tabla de D.os.

Quienquiera que derrame la sangre del hombre, su sangre será derramada por el hombre; porque D.os creó al hombre a Su imagen(Génesis 9:6).

La prohibición en contra del asesinato está basada en el hecho de que el hombre fue creado a imagen de D.os. Cuando una persona toma una vida humana, está destruyendo la imagen de D.os.

Si un hombre comete un pecado cuyo castigo es la muerte, él deberá ser ejecutado y tú deberás colgarlo en un árbol. Su cuerpo no deberá pasar la noche en el árbol, sino que deberás enterrarlo en ese mismo día, ya que una persona que está colgando es una maldición de D.os…(Devarim-Deuteronomio 21:22-23)

El Talmud (Sanhedrin 46b) dice que asesinar a un ser humano es similar a asesinar a un gemelo de D.os. Es la mayor violación del espíritu del primer mandamiento que uno pueda imaginarse.

No tendrás otros dioses / No cometerás adulterio

El segundo mandamiento de la tabla de D.os es la prohibición de la idolatría. En la tabla del hombre encontramos en segundo lugar la prohibición de cometer adulterio.

La prohibición de hacer idolatría es una prohibición en contra de beneficiarse de la bondad de D.os en contra de Su voluntad por medio de obtenerla de segunda mano. El idólatra quiere beneficiarse de la bondad de D.os sin seguir la política de D.os. Y como parte del sistema de libre albedrío que D.os le entregó al hombre, Él hizo que esto fuera posible.

Ahora bien, la institución del matrimonio, cuya santidad es violada por el pecado del adulterio, es la bondad de D.os en contra de la soledad. El símbolo humano que extingue esta soledad es la mujer. D.os explicó la creación de la mujer de la siguiente forma:

No es bueno que el hombre esté solo; le crearé una ayuda que le corresponda (Bereshit-Génesis 2:18)

D.os hizo esto dividiendo al ser humano en dos, curando de esta forma la angustia de la soledad. Tanto el hombre como la mujer se ven beneficiados en igual grado de esta bondad, pero ella es el símbolo de la cura Divina. En el plan de D.os, todo matrimonio fue diseñado con la idea de que los integrantes de la pareja sirvan de complemento mutuo.

El adulterio es tomar esta bondad Divina sin seguir la política y voluntad de D.os. Esta cura para la angustia humana estaba destinada a un destinatario diferente. Por lo tanto, el adulterio es paralelo a la idolatría.

No jurarás en falso / No robarás

El tercer mandamiento en la tabla de D.os es la prohibición en contra de hacer juramentos en falso, lo cual es paralelo a la prohibición de robar, que aparece en la tabla del hombre.

D.os es la fuente de toda la realidad. Sustituir la realidad que D.os estableció con una realidad falsa es una perversión del trabajo de D.os. Un juramento en falso es una afirmación de que D.os está asociado con una realidad que Él no planificó.

Tal como D.os es la fuente de toda la realidad, Él es la fuente de toda la bondad.

Tal como D.os es la fuente de toda la realidad, Él es la fuente de toda la bondad. Algo que está destinado a ser de Reubén no puede ayudar a Shimón. Si D.os lo destinó para Reubén, entonces el hecho de que Shimón se lo arrebate también es una perversión de la realidad.

Si no fuera porque la conexión de D.os con la realidad está oculta tras el velo de la naturaleza para permitirle al hombre tener libre albedrío, nadie podría estirar su mano para apropiarse de aquello que le pertenece a otro. La mano se dirigiría hacia su propósito pero el objeto robado desaparecería tan pronto como cayese en las manos incorrectas.

Respetarás Shabat / No testificarás en falso

El cuarto mandamiento en la tabla de D.os es la observancia de Shabat. De forma paralela a ella se encuentra la prohibición de testificar en falso en la tabla del hombre.

La observancia de Shabat es un testimonio de la creación de D.os. Si D.os es el Creador, entonces Él también es la fuente de todo el poder creativo del mundo. Todo lo que crea y logra el hombre es en realidad una canalización del poder creativo de D.os. Si el mundo no hubiera sido diseñado para ocultar la presencia de D.os, y de esta forma, permitirle al hombre tener libre albedrío, entonces las leyes de Shabat serían una descripción apropiada de la creación en realidad. Sólo D.os crea, el hombre meramente disfruta los beneficios del poder creativo de D.os.

No respetar Shabat es un acto de testimonio en falso. Este testimonio en falso declara que este es un mundo sin propósito y sin un destino final.

Dar falso testimonio en contra del prójimo sitúa al prójimo en un mundo que no fue creado mediante la canalización del poder creativo de D.os. El falso testimonio creó este universo paralelo en su testimonio. Por lo tanto, no respetar Shabat y dar testimonio en falso son paralelos exactos.

Honrarás a tus padres / No codiciaras

El último mandamiento en la tabla de D.os es el mandamiento de respetar a los padres. De forma paralela a este mandamiento se encuentra en la tabla del hombre la prohibición de codiciar la esposa de tu vecino o cualquier cosa que le pertenezca.

En lugar de comenzar con la tabla de D.os y luego pasar a la tabla del hombre, analicemos este paralelo de forma inversa.

Ibn Ezra hace una pregunta provocativa sobre la prohibición de codiciar: ¿Cómo es posible ordenarle a una persona no desear algo que es inherentemente deseable?

Nos es fácil comprender la prohibición en contra de llevar a cabo nuestros deseos ilícitos en la vida real, pero las prohibiciones relativas a llevarlos a cabo ya fueron establecidas en los primeros cuatro mandamientos de la tabla del hombre. ¿Cómo podemos relacionarnos con una prohibición en contra del deseo mismo?

Según las reglas de la naturaleza humana, un campesino codicia la esposa de su amigo campesino, pero no a la hija del rey.

Él responde con una metáfora. Según las reglas de la naturaleza humana, un campesino codicia la esposa de su amigo campesino, pero no a la hija del rey. Cuando ve a la princesa pasar en su carruaje, incluso si la encuentra hermosa, no la codicia. Ella está más allá de su alcance. Cualquier pensamiento que él pueda tener en relación a ella son puras fantasías, y no deseos realmente alcanzables.

Si una persona está bien enfocada en el mundo, entonces se relaciona con todo lo que le pertenece a otro de la misma forma que se relacionaría el campesino con la inaccesible princesa. D.os le dio a cada uno las cosas que necesita tener para dirigir su vida de forma exitosa. No son las circunstancias las que determinan qué recibe cada persona; las decisiones Divinas, las cuales están basadas en consideraciones racionales sobre qué es beneficioso, son las que lo hacen.

Si las cosas que deseo están a mi alcance de forma permitida, entonces puedo asumir que D.os las puso allí de forma deliberada ya que realmente podría utilizarlas para alcanzar metas que Él estableció para mí. Pero si no están a mi alcance de forma permitida, entonces deberé concluir que no sería bueno para mí tenerlas y mi única conexión con ellas es en el inofensivo mundo de fantasía de mi imaginación.

Codiciar cosas que le pertenecen a otras personas es una clara señal de peligro que indica que la vida está fuera de foco. En el mundo según los Diez mandamientos, cada persona es única ante los ojos de D.os, cada persona es un socio del pacto. Y cada socio vive en su propio mundo, rodeado de las cosas que necesita para poner a prueba su compromiso con el pacto y para ayudarlo a desarrollar todo su potencial como un socio de D.os.

El mundo no es una jungla en la que todos competimos por el mismo premio, el cual le pertenecerá —según las reglas de la jungla— al más veloz y al más capaz. En un mundo como ese, cualquier cosa que tenga otra persona también es una posibilidad para mí, especialmente si me considero más apropiado. En el mundo de la jungla está permitido codiciar cualquier cosa, independientemente de quién la tenga. Mientras le quites la cosa al otro de una forma que la sociedad considere legal, no estarás haciendo ningún mal. La persona que codicia está viviendo en el mundo equivocado.

Si volvemos a la tabla de D.os, encontraremos que la misma idea aparece expresada en el mandamiento de respetar a los padres. Este mandamiento no tiene nada que ver con respeto convencional y gratitud. Para la gran mayoría de nosotros que hemos tenido la fortuna de haber sido criados en casas normales y llenas de amor, los sentimientos de gratitud hacia nuestros padres son una parte inseparable de nuestra vida en este mundo. No hay necesidad de reforzar la naturaleza humana por medio de mandamientos. Pero el honor al que se refiere este mandamiento es una cosa completamente diferente.

Uno asigna el honor en base a qué considera importante en la vida, y no en base a gratitud.

Uno asigna el honor en base a qué considera importante en la vida, y no en base a gratitud. Toda persona siente la atracción del emocionante mundo nuevo que hay allí afuera. La atracción de las nuevas ideas, de los diferentes modos de vida, es una fuerza sumamente poderosa que hay en todos nosotros. Tendemos a relacionarnos con el mundo de nuestros padres como algo anticuado y obsoleto. Sentimos la necesidad de desplegar nuestras alas y volar rumbo a nuevas direcciones.

Pero el mundo en el que D.os nos puso es el mundo de nuestros padres. Hay tres socios en la formación de una persona: D.os, su padre y su madre (Talmud, Nida 31a). D.os no escoge a sus socios de forma aleatoria. Si Él seleccionó a esos socios en particular, entonces quiere decir que Él quiere que el niño nazca en el mundo de ellos. Los valores que nos transmiten nuestros padres crean la base de nuestras vidas, la cual fue seleccionada por D.os mismo. No sólo debemos amar a nuestros padres, sino que también debemos honrarlos.

Codiciar lo que le pertenece a otro y no honrar a nuestros padres tienen la misma causa común, el creer que estamos en un mundo incorrecto.

En conclusión

El tema predominante de las tablas es que es imposible separar las interacciones que tenemos con nuestro prójimo de las interacciones que tenemos con D.os. En el mundo del pacto, cuando Israel se transforma en una nación de sacerdotes y en un pueblo santo, la santidad de D.os se esparce para abarcar todos los aspectos de la vida. No hay nada que esté alejado de Él.

El pacto no se trata de obedecer las órdenes de D.os y de adoptar ciertas costumbres y prácticas. El pacto se trata de la voluntad de habitar en un mundo común con D.os, en el que cada aspecto y relación de la vida está teñida por el hecho de que está ocurriendo ante Su presencia, la cual todo lo abarca. Para quien desea vivir en su propio espacio, el pacto es un yugo intolerable.

Vemos entonces que la oferta de D.os de transformarnos en una nación de sacerdotes y en un pueblo santo era en realidad una espada de doble filo. Nosotros también debemos querer transformarnos en una nación de sacerdotes y en un pueblo santo. Esto implica habitar un mundo en el cual es imposible trazar una línea que divida lo sagrado y lo que podría ser considerado como mundano u ordinario.

Sólo si permitimos que las dos tablas se unan en un solo pacto nos podremos transformar en aquellos santos sacerdotes. Las condiciones de la oferta de D.os son las cadenas que atan lo sagrado y lo mundano en una sola vida coherente.

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