Una historia de degenaración y muerte

por bajurtov

Los hermanos Schoklender quiebran su pacto íntimo

La relación de Sergio y Pablo desde antes de matar a sus padres hasta que se pelearon en la Fundación Madres de Plaza de Mayo. El activo y el pasivo. 

foto perfil.com

Difícil es pensar en una ruptura entre los hermanos Pablo y Sergio Schoklender, precisamente por cuestiones de números y dinero dentro de la Fundación Madres de Plaza de Mayo. Difícil, si se rememora cuán unidos fueron, incluso para llevar adelante uno de los asesinatos más impresionantes del país en el siglo pasado: mataron a sus padres, cansados de ser víctimas de sus abusos.

Se trataba de un pacto que parecía inviolable, y que habían entablado mucho antes de aquella fatídica noche del 30 de mayo de 1981, cuando perpetuaron el crimen. Un pacto que por entonces también incluia a su hermana Valeria, y que les permitía mantenerse al margen de la locura de sus padres: él con inclinaciones homosexuales y padre ausente, ella alcohólica y con acercamientos incestuosos hacia sus hijos varones, sobre todo con Pablo, el menor, con quien habría mantenido relaciones sexuales.

Según los informes psicológicos de la causa, mientras funcionaron esos pactos entre los tres, lograron “mantener cierto orden”, en base a la “unión y solidaridad” entre ellos. “Era una alianza frente a la promiscuidad de los padres. En algún momento, Sergio les dijo a sus hermanos: ‘Ellos ya destruyeron sus vidas…, no podemos permitir que destruyan la nuestra'”. Sergio era el mayor, y quien protegía a sus hermanos.

Hasta que Valeria se puso de novia con un hombre mayor, y salió de ese círculo pactado. Esa fue la primera ruptura de la alianza, y devino en los homicidios y en una obligada separación.

La revista Noticias relataba en una nota de 1994, titulada “Pacto de sangre”, cómo esa unión entre los dos hermanos los llevó, incluso, “a transformarse en compañeros de aventuras promiscuas en las que varias veces compartieron sus novias y otros secretos que guardan íntimamente”.

Según la misma nota, Sergio era el más activo dentro de ese pacto entre ambos. “Era el que siempre tenía la iniciativa y el que había establecido, con el paso de los años (en especial en la adolescencia) una relación ‘casi matrimonial’ con su hermano menor”. Y destaca el informe psicológico, en el que se describe que “ambos portaban un anillo que significaba un compromiso con la vida”. En tanto, Pablo era el “más pasivo”, además de que por entonces sentía que Sergio “suplantaba la figura paterna”.

En los informes psicológicos de Pablo figura una frase que demuestra su unión incondicional hacia su hermano mayor. “Mi relación con Sergio sólo puede entenderla alguien que ha amado. Yo por mi hermano me juego más allá de las palabras. Es como un acto desesperado que me une a él“. Mientras que Sergio aseguraba: “Pablo y yo somos como uno. Nada ni nadie nos podrá separar“.

En junio de 1981, y acorralados por la policía, los hermanos incondicionales se separaron por primera vez, aunque sus deseos hayan sido otros. Sergio volvió a defender a su hermano: se declaró como único culpable y autor material del doble homicidio, y la jueza lo condenó en 1985 a prisión perpetua, al tiempo que absolvió a Pablo.

Sin embargo, un año después el menor de los Schoklender fue condenado, pero se escapó a Bolivia con su familia y un nombre falso, y estuvo prófugo hasta 1994. Por entonces fue detenido, y en una entrevista con Noticias dijo que lo único que lo motivaba a volver al país era para darle un abrazo a su hermano, que hacía ocho años no veía.

Los hermanos se reencontraron, sin barrotes de por medio, en 2001, cuando Pablo empezó a gozar de salidas transitorias (recién este año terminó su condena). Desde entonces, trabajaban juntos en la Fundación de las Madres, luego de que el propio Sergio, protector histórico de Pablo, decidiera llevarlo a trabajar con él.

Y Pablo era hasta ayer su segundo en jerarquía en Sueños Compartidos, el programa de Madres de Plaza de Mayo por el que se construyen casas en villas y asentamientos.

En enero de 2009, en una entrevista con el Ceo de Perfil, Jorge Fontevecchia, Sergio Schoklender hablaba de la “excelente” relación con su hermano, que por entonces llevaba tres años de libertad condicional. “Además de ser mi hermano es mi amigo, somos muy compañeros. Trabaja conmigo, dirige la imprenta y en este nuevo proyecto (el de Sueños Compartidos) colabora con la parte de logística. Yo tal vez soy el más soñador, el que tiene nuevas ideas y él es el encargado de tratar de emprolijar, ordenar y llevar adelante la logística”, aseguraba entonces, cuando Pablo también lo ayudaba en la editorial de la Fundación.

Sergio aparece aún en la página web de la Fundación como su “apoderado” y “creador e impulsor de Misión Sueños Compartidos”. Pablo, que tras la salida de su hermano queda a cargo de su función, era hasta ahora el “director de logística y compras de la Misión Sueños Compartidos”. Pero, por alguna razón, ese pacto que los unió desde chicos comenzó a romperse, y empezó a hacerse cada vez más evidente hace dos años.

Hoy, ese pacto se quebró completamente, al parecer por diferencias en cuanto al manejo de fondos, en un acto en el que parece que el hermano “más pasivo” arrasó con el “activo”. El pasivo contra el activo: sin dudas, la contabilidad está en el medio.

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